"Me gusta cuando callas,
porque estás como ausente"
A lo mejor preferiríais que callase
para no oír vuestras propias voces
porque cuando alguien
desnuda el alma
cada vez
obliga a otros a mirar la
suya
aunque no quieran
aunque se disfracen…
Y es que, ciertamente, tiene su peligro:
la verdad no viene nunca en
soledad
la verdad llama a más verdad,
solo que no siempre se dice
en voz alta.
A veces solo resuena en lo
privado de nuestras mentes
en lo más escondido de
nuestras psiques
y desde esos rincones en los
que queremos
relegar nuestras sombras
éstas se van deslizando hacia
fuera,
en un sururro a veces
o en ruidosa cacerolada
porque solo quieren ser
descubiertas,
vistas,
escuchadas,
atendidas,
iluminadas,
para así poder dejar de ser
sombras
y ser Luz.
Pero igual que a veces la luz
hiere a los ojos
y nos cubrimos con lentes
oscuras
de la misma forma la verdad
nos daña
-o eso creemos-
y elaboramos capuchas, y
máscaras,
y disfraces
y más sombras sobre las
sombras
hasta olvidar quienes somos,
o sobre qué estamos paradxs.
A lo mejor preferiríais mi
silencio
para no tener que mirarme a
los ojos
para no tener que asentir y
decir:
entiendo,
o decir:
yo también,
yo también,
porque eso sería como admitir
que también sois
frágiles,
que no sois invulnerables,
indestructibles,
de acero inoxidable.
que tal vez sois también supervivientes,
o víctimas,
o culpables.
y entonces tendríais que parar
un momento,
tomar aire,
y llorar.
y rabiar.
y tomar decisiones.
y actuar en consecuencia.
Pero no, ya no,
desagámonos del miedo,
de todos los miedos:
de llorar,
desagámonos del miedo,
de todos los miedos:
de llorar,
de rabiar,
de tomar aire,
de ser frágiles
de afrontar la propia fortaleza,
de iluminar rincones oscuros,
porque aireando, tirando lo
viejo y abriendo ventanas
es como se hace limpieza en
las viejas casas llenas de polvo,
y además,
después de eso solo queda seguir
caminando…
pero mucho, mucho más libres.

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