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viernes, 11 de diciembre de 2015

“Nosotras no odiamos a quienes nos odian” (violencia, no violencia, mansedumbre)


"Cuando una mujer dice "odio a los hombres", se refieren al modo 
"deja de herirme a mi y a mis hermanas", 
no al modo "quiero violarte, asesinarte y oprimirte", 
ya sabes, el modo en que los hombres odian a las mujeres"

“Nosotras no odiamos a quienes nos odian, el odio solo engendra odio”

Leo en Facebook en un hilo en el que se debate acerca del tuit aquí publicado: "Yo no diré que odio porque eso es lo que quieren para llamarme feminazi"  y me sugiere varias cosas, principalmente dos: la ingenuidad de pensar que con buenismos se logran eliminar los privilegios del opresor (como si quien oprime renunciase a sus privilegios voluntariamente y solo a base de buenas maneras y concienciación), y la idea bien inoculada por todas las clases sometedoras de hacer creer a los sometidos que de algún modo necesitan de la aprobación de los opresores. Personalmente me importa tres mierdas que cualquier machista me llame feminazi, sé en qué lado está cada uno de nosotros y no me interesa contentarles rebajando el tono de mi discurso ni la intensidad de mi furia.

Confundir violencia con legítima defensa es un producto claro de esta sociedad de clases antagónicas (sean por raza, estatus o género) para evitar disidencias preocupantes. Ser mansos es un mandato de toda religión organizada al servicio del mantenimiento de los privilegios de unos pocos.

Mantener activa la Coelhiana “ética” del “ama y piensa positivo”, reforzado con el topicazo simplista de que "del odio solo pueden salir malas consecuencias" es desmovilización disfrazada de pseudo filosofía, promovida por los poderosos, y supone no haber entendido el tuit (y la lucha social) ni un ápice, porque lo que la frase tuiteada pone de relevancia es que el odio del sometedor es violencia para someter, y el odio de las sometidas es toma de conciencia y revulsivo contra la violencia recibida. Sostener que desear mal (odiando al opresor) es en algún modo equiparable a violentar a los oprimidos, es además una falacia: DESEAR MAL Y HACER MAL NO VAN NECESARIAMENTE UNIDOS; además, odiar para someter es un acto CONTRA otro; odiar para liberarse de un yugo es obrar A FAVOR de sí y las semejantes.



“No odio a los que me odian” supone, además de una lógica argumentativa sesgada por los factores ya mencionados, varias cosas más: ¿Qué salud mental y emocional puede generarse en un ser humano que es reiteradamente violentado y no reacciona con violencia legítima a esa violencia? Represión. El imperativo de la mansedumbre, confundida con no violencia. Además, implica una arrogancia extrema disfrazada de humildad: la arenga buenista de la que se erige autocontrolada y en plena posesión de sí, escogiendo el bien sobre el mal delata unas ínfulas de superioridad moral que atufan de lejos. ¿Quién se autoriza a sí mismx a sermonear sobre escoger no odiar a quien está siendo golpeada y violada? ¿Quién tendría la suprema soberbia de decirle a una mujer que está siendo apaleada y abusada que no odie a su apaleador y abusador? Las mujeres somos apaleadas a diario en todo lugar y tiempo, y se nos pide, incluso entre nuestras propias filas, que reconsideremos nuestras emociones y estrategias: ¿Para qué, para quién? ¿Para vivir reprimiendo emociones legítimas? ¿Para ahogar estrategias necesarias? ¿Para satisfacer al tipo que mantiene su bota sobre nuestro cuello?

Hace rato que es hora de que las mujeres nos liberemos del mandato de la “mujer virtuosa”, el ser-para-otros, que antepone el bienestar ajeno (hasta el de propio verdugo) que el propio. Si el bienestar necesita en cierta medida de rabia, odio, o defensa propia para construirse, bienvenidos sean todos. Las que nos antecedieron lo sabían (pero parecen no saberlo las actuales buenrollistas): con mansedumbre no se avanza. lo supieron las obreras anarquistas, lo supieron las burguesas sufragistas, lo supieron Alejandra Kolontai, Angela Davis, Susan B. Anthony y otras muchas. Y ellas supieron luchar con noviolencia, pero siendo fieras y haciendo uso de la legítima defensa propia.




Nietzsche se equivocó cuando dijo: “No se odia mientras se menosprecia. No se odia más que al igual o al superior”. Hay odios legítimos y furibundos de los oprimidos a los opresores; se les odia desde el desprecio, pero también desde la inferioridad de estatus (que no moral). Se les odia porque así nace, se les odia porque así lo merecen, se les odia porque es el único lenguaje que son capaces de escuchar. Los demás lenguajes (la pedagogía, la sororidad, el diálogo) se emplearán con los aliados y aliadas, con los co-constructores de una sociedad distinta, más equitativa, y por ende, menos violenta, y cuando esta sociedad empiece a emerger, la violencia irá cediendo, por innecesaria. 


domingo, 29 de noviembre de 2015

LA PERSPECTIVA DE GÉNERO SEGÚN MARCELA LAGARDE (I). EXTRACTOS.

"El análisis de género es la síntesis entre la teoría de género y la llamada perspectiva de género derivada de la concepción feminista del mundo y de la vida. Esta perspectiva se estructura a partir de la ética y conduce a una filosofía posthumanista, por su crítica de la concepción androcéntrica de humanidad que dejó fuera a la mitad del género humano: a las mujeres. Y, a pesar de existir en el mundo patriarcal, las mujeres han sido realmente
existentes. Es notable que el humanismo no las haya advertido. La perspectiva de género tiene como uno de sus fines contribuir a la construcción subjetiva y social de una nueva configuración a partir de la resignificación de la historia, la sociedad, la cultura y la política desde las mujeres y con las mujeres.
(...)



Desde un análisis antropológico de la cultura es importante reconocer que todas las culturas elaboran cosmovisiones sobre los géneros y, en ese sentido, cada sociedad, cada pueblo, cada grupo y todas las personas, tienen una particular concepción de género, basada en la de su propia cultura. Su fuerza radica en que es parte de su visión del mundo, de su historia y sus tradiciones nacionales, populares, comunitarias, generacionales y familiares.(...)Como es evidente, la cosmovisión de género es desde luego parte estructurante y contenido de la autoidentidad de cada uno.(...) Es importante identificar las diversas cosmovisiones de género que coexisten en cada sociedad, cada comunidad y cada persona.



Esta perspectiva de género analiza las posibilidades vitales de las mujeres y los hombres; el sentido de sus vidas, sus expectativas y oportunidades, las complejas y diversas relaciones sociales que se dan entre ambos géneros, así como los conflictos institucionales y cotidianos que deben enfrentar a las maneras en que lo hacen.
(...) 



¿Es posible que las relaciones entre los géneros marcadas por el dominio y la opresión, y las formas de ser mujer y ser hombre en las condiciones patriarcales favorezcan el desarrollo social, la realización de los derechos humanos y el mejoramiento de la calidad de vida?
(...)
El análisis de género feminista es detractor del orden patriarcal, contiene de manera explícita una crítica a los aspectos nocivos, destructivos, opresivos y enajenantes que se
producen por la organización social basada en la desigualdad, la injusticia y la jerarquización política de las personas basada en el género.
(...)



Las mujeres han compartido sus descubrimientos, comparado y sistematizado su experiencia y poco a poco han tejido consensos a las alternativas. En este ir y venir, en este fluir comunicativo de las mujeres, ellas se han globalizado, han aprovechado los canales formales e informales creados para intercomunicar a otros sujetos e intercambiar otros bienes, y se han colocado en espacios primordiales para impulsar la causa de las mujeres y
hacerla una causa social, de mujeres y hombres, de organizaciones y organismos, de Estados y de instituciones internacionales.
(...) 

Con las limitaciones evidentes originadas en las carencias y dificultades de las mujeres, la falta de recursos suficientes, la incomprensión y la hostilidad sistemática que han debido enfrentar, nunca antes ellas habían vivido una experiencia de identidad y política tan abarcadora que incluye a mujeres de todo el mundo y de todas las condiciones sociales, que contara con recursos de producción, difusión y puesta en práctica de alternativas concretas.
(...)



En el sentido patriarcal de la vida de las mujeres deben vivir de espaldas a ellas mismas, como serespara-los-otros. La perspectiva de género expresa las aspiraciones de las mujeres y sus acciones para salir de la enajenación para actuar cada una como un ser-para-sí y, al hacerlo, enfrentar la opresión, mejorar sus condiciones de vida, ocuparse de sí misma y convertirse por esa vía en protagonista de su vida.Las mujeres se proponen conformar a su género como un sujeto social y político (...)


jueves, 22 de noviembre de 2012

Cacerolas, perlas y gorilas amaestrados

La mani fue festiva -de esas que molestan tanto al militante "serio" y profesional- y me gustó que así fuera, me gustó bailar con la batucada, reírme con el ritmo de los silbatos de Fidel super cansado y Ranchi super marciana, me gustó la risa de S. y compartir pateada con M., y cámara y mirada cansadita y bella con L. y con la siempre sarcásticamente zen Manita de pintura. 
Estoy cansada de que me digan como luchar, me hartan los del "no aportas nada nuevo" y me tocan los ovarios los del "así provocamos las cargas, no seamos violentos". Dejadme hacer mi propia guerra. O no, no me dejéis: yo haré mi propia guerra a mi manera, y la guerra será guerra solo cuando yo quiera, y cuando lo quiera será lucha festiva y risueña porque no me quitarán lo bailao. Ni unos, ni otros.
Eso para empezar.

Pero a donde quiero llegar es a lo que sentí al llegar al Casino de Madrid. Cacerolas desde Colón, cacerolas alegres y reivindicativas, ruido parlante, emisor de un mensaje que no importa que los de arriba se nieguen a escuchar; nosotros nos oíamos unos a otros: somos más y somos mejores. En el Casino las cacerolas se detienen frente a la puerta, detienen su avance pero no su ruido, el rugir se redobla porque allí dentro está una de las cuevas de Alí Babá, ellos lo saben y nosotrxs también.

Algo intenso y poderoso se me movió adentro al verlos llegar. Ella con su pelo alisado de peluquería, harto de laca. Ella con su traje sastre rojo brillante, con su manicura, con sus perlas, con su gesto impenetrable. Él con sus canas impolutas, retocadas por manos hábiles para darle ese tono a lo Richard Gere de la Moraleja, con su traje gris de diseñador caro, con su corbata seguramente italiana. Ellos, con su mirada distante, como si esas cacerolas solo fuesen un molesto inconveniente, ellos con su gesto altivo, incapaces de retroceder y volver más tarde, sordos al ruido, ciegos al gentío, henchidos de soberbia, sabiéndose los dueños de la calle y los dueños de todo. Dos contra doscientos. Una pareja de putrefacción vestida de gala, contra una masa humana de dignidad y bolsillos vacíos. Y el grito me salió de algún lugar que no conocía: hijos de puta.

Hijos de puta, hijos de puta, hijos de puta.

Hijos de puta por vivir a nuestra costa.
Hijos de puta por ir a gastar en una noche de cena y juego el sueldo de 3 familias.
Hijos de puta por no tener la vergüenza de retroceder y volver más tarde.
Hijos de puta por pasar frente a nosotros, con sus jodidos zapatos que cuestan mi sueldo mensual, y franquear la puerta escoltados por los gorilas del régimen.
Hijos de puta por reíros de nuestra precariedad, sin sonreír, solo demostrando quien lleva la batuta.
Hijos de puta.


Un tipo se me acerca y me dice que no, que no está bien, que no es ese nuestro objetivo. Le grito: "déjame, mi objetivo está ahí dentro, están ahí cenándose mi sueldo y tu sueldo, están ahí ocultando su dinero negro, están ahí dictando las órdenes a los peleles que nos gobiernan, están ahí planeando como someternos, como doblegarnos, como humillarnos aún más...!"."No, no!!" grita el tipo de camisa a rayas, "así lo único que conseguiremos es dar una mala imagen" "me la suda dar mala imagen, me la suda!! Yo no lucho para quedar bien con los medios, ni con los dóciles ciudadanitos que se quedan en casa noche tras noche porque no tienen sangre en las venas. Me da igual lo que piensen, déjame!". "Cargarán!!, les estamos dando una excusa para que carguen!!". "¡Que carguen! ¡Que carguen! Que me abran la cabeza!" Le tomo la mano, se la estrecho con las mías. "Mira, hermano, vete por tu lado y déjame a mí en el mío. Vete lejos de la carga, si quieres, pero déjame en paz, yo estoy harta de tener miedo. Se acabó el miedo para mí."

El tipo se marcha y yo me quedo. Cacerolas, gritos, pitos, abucheos, silbidos. Más parejas que entran, más cacerolas que suenan, policía defendiendo a las mujeres de las perlas, trabajadores estúpidos que velan por la seguridad de aquellos que le pisan el cuello. "No seamos violentos", me había dicho el tipo de la camisa a rayas. "Violentos son los de ahi dentro", le grito, tratando de alzarme sobre el ruido de las cacerolas.
¿violentos?

Hubiéramos debido entrar allí dentro, todos, y joderles la cena. Deberíamos haber entrado. Yo estaba en la puerta, a dos metros de nosecuantos nacionales. De pronto unos brazos tiran de mí, son mis compañeros que desde un poco más atrás observaban lo que sucedía. "Agentes de la autoridad", muchos, uno detrás de otros, una interminable hilera de zombies acercándose a nosotros. Mis compañeros querían protegerme; gracias compas, pero yo solo quería estar ahi, en esa puerta, porque si lográbamos empujar lo suficiente, yo entraría con los demás. Entraría para gritarles aún más de cerca:
Hijos de puta
Hijos de puta
Hijos de puta

Y volví. Y volví a gritar. Y no cargaron. Y los violentos siguieron cenando, tranquilamente...


Volveré a mis talleres de no violencia solo porque quiero apaciguarme por dentro, por salud mental y emocional, pero ya sé claramente de qué lado estoy, y de qué lado están ellos, y me permitiré mi mínima cuota de violencia cada vez que me ruja por dentro, y la dejaré salir, y no me importará recibir dos hostias o tres o cuatro... pero no más miedo, no más humillación, no más sometimiento a las señoras de las perlas y los tipos con corbata de seda. Maceraré mi asco y mi desprecio para no olvidar cuál es mi sitio. Y lo defenderé con uñas y dientes a veces, con cantos y bailes otras. Lo haré a mi manera, pero sea como sea, os habéis ganado mi odio a pulso, así que bailando o gritando, lo haré por amor a mi gente, y por odio a vosotros y lo que representáis.

Y ahora, una vez más, decidme quienes son los violentos: