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domingo, 29 de noviembre de 2015

LA PERSPECTIVA DE GÉNERO SEGÚN MARCELA LAGARDE (I). EXTRACTOS.

"El análisis de género es la síntesis entre la teoría de género y la llamada perspectiva de género derivada de la concepción feminista del mundo y de la vida. Esta perspectiva se estructura a partir de la ética y conduce a una filosofía posthumanista, por su crítica de la concepción androcéntrica de humanidad que dejó fuera a la mitad del género humano: a las mujeres. Y, a pesar de existir en el mundo patriarcal, las mujeres han sido realmente
existentes. Es notable que el humanismo no las haya advertido. La perspectiva de género tiene como uno de sus fines contribuir a la construcción subjetiva y social de una nueva configuración a partir de la resignificación de la historia, la sociedad, la cultura y la política desde las mujeres y con las mujeres.
(...)



Desde un análisis antropológico de la cultura es importante reconocer que todas las culturas elaboran cosmovisiones sobre los géneros y, en ese sentido, cada sociedad, cada pueblo, cada grupo y todas las personas, tienen una particular concepción de género, basada en la de su propia cultura. Su fuerza radica en que es parte de su visión del mundo, de su historia y sus tradiciones nacionales, populares, comunitarias, generacionales y familiares.(...)Como es evidente, la cosmovisión de género es desde luego parte estructurante y contenido de la autoidentidad de cada uno.(...) Es importante identificar las diversas cosmovisiones de género que coexisten en cada sociedad, cada comunidad y cada persona.



Esta perspectiva de género analiza las posibilidades vitales de las mujeres y los hombres; el sentido de sus vidas, sus expectativas y oportunidades, las complejas y diversas relaciones sociales que se dan entre ambos géneros, así como los conflictos institucionales y cotidianos que deben enfrentar a las maneras en que lo hacen.
(...) 



¿Es posible que las relaciones entre los géneros marcadas por el dominio y la opresión, y las formas de ser mujer y ser hombre en las condiciones patriarcales favorezcan el desarrollo social, la realización de los derechos humanos y el mejoramiento de la calidad de vida?
(...)
El análisis de género feminista es detractor del orden patriarcal, contiene de manera explícita una crítica a los aspectos nocivos, destructivos, opresivos y enajenantes que se
producen por la organización social basada en la desigualdad, la injusticia y la jerarquización política de las personas basada en el género.
(...)



Las mujeres han compartido sus descubrimientos, comparado y sistematizado su experiencia y poco a poco han tejido consensos a las alternativas. En este ir y venir, en este fluir comunicativo de las mujeres, ellas se han globalizado, han aprovechado los canales formales e informales creados para intercomunicar a otros sujetos e intercambiar otros bienes, y se han colocado en espacios primordiales para impulsar la causa de las mujeres y
hacerla una causa social, de mujeres y hombres, de organizaciones y organismos, de Estados y de instituciones internacionales.
(...) 

Con las limitaciones evidentes originadas en las carencias y dificultades de las mujeres, la falta de recursos suficientes, la incomprensión y la hostilidad sistemática que han debido enfrentar, nunca antes ellas habían vivido una experiencia de identidad y política tan abarcadora que incluye a mujeres de todo el mundo y de todas las condiciones sociales, que contara con recursos de producción, difusión y puesta en práctica de alternativas concretas.
(...)



En el sentido patriarcal de la vida de las mujeres deben vivir de espaldas a ellas mismas, como serespara-los-otros. La perspectiva de género expresa las aspiraciones de las mujeres y sus acciones para salir de la enajenación para actuar cada una como un ser-para-sí y, al hacerlo, enfrentar la opresión, mejorar sus condiciones de vida, ocuparse de sí misma y convertirse por esa vía en protagonista de su vida.Las mujeres se proponen conformar a su género como un sujeto social y político (...)


jueves, 26 de noviembre de 2015

25N: UN PAR DE ANÉCDOTAS




Ayer tuvo lugar el Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres y en muchos lugares del mundo salimos a marchar exigiendo medidas efectivas para afrontar las violencias machistas. En Madrid fuimos numerosas, pero como siempre, mujeres en un 90%: se ve que la violencia ejercida por los hombres contra las mujeres aún les resulta a los perpetradores (por acción, connivencia u omisión) un tema que no va con ellos, jodida paradoja. 


Me cuenta una compañera que estuvo en una mesa de sensibilización en Sol, que muchos hombres se acercaban con la cantinela de siempre ¿y qué pasa con la violencia hacia los hombres? (machicryers everywhere). No me voy a extender en explicar lo que ya deberían saber (o ya saben, pero son cansinos; en una guerra de desgaste que no comenzamos nosotras), las feministas ya estamos cansadas de hacer pedagogía para oídos sordos y estamos en modo ahorro de energía con machitrolls reincidentes y reiterativos, así que nos basta con responder con memes y letreritos sencillitos, para que no digan que no entienden, como este:



La reactividad de los machos que ven sus privilegios hacer aguas va en aumento cada día (ladran, luego cabalgamos) y a nosotras nos toca hacer un ejercicio de resistencia constante porque hasta entre los compañeros "de izquierdas" nos topamos con hostilidades más o menos directas, mansplanings en toda regla y esparramachismos a tutiplén.

Entre las últimas sobradas de los machiplastas destaco dos, por significativas. El viernes pasado, en una presentación de un libro sobre Alejandra Kolontai (que aprovecho para promocionar, ha sido editado por Horas y Horas, y al cuidado de Ana de Miguel)  después de hablar las tres protagonistas del evento, se nos dio la palabra.

Espacio de mujeres, mesa de mujeres, público femenino: ¿adivinan quien pidió la palabra en primer lugar?


¡Efectivamente! un machote que nos quiso explicar el mundo (porque claro, las mujeres somos tontas y no entendemos de política, y las de la mesa que tienen un largo recorrido militante y conocimientos de teoría política potentes tampoco saben nada si no lo explica un tío 30 años más joven y verde con sus topicazos) y ahí se esparció el muchacho y se marcó una machicharla hasta que una compañerera le cortó. y qué bien le cortó, con su bebé en brazos y su firmeza en la voz. Esa es autoridad de la bonita, lo otro solo es esparramachismo del que ya aburre tela. Y no se cansan, oiga.



Y anoche, durante la concentración en Sol tras la marcha, mientras las compañeras de la batukada tocaban para cerrar el acto, un tipo como un armario se fue abriendo paso desde el final hasta el principio, colocándose frente a todas y justo delante de mi hijo, quien dejó de bailar (y de ver a las compañeras que tocaban, con un tío de 1,80 insertando su culo delante de su carilla perpleja, por su santo privilegio y falta de el más mínimo tacto o educación) y me miró desconcertado. Osea, que en una marcha mayoritariamente compuesta por mujeres, en un acto contra las violencias machistas, un maromo tiene los cojonazos de adelantarse a todas, taparnos con su espalda y con la poca vergüenza de colocarse justo delante de un niño de diez años, dejándole cero visibilidad y el mínimo espacio. Porque sí, porque le sale del falocéntrico miembro.

                            

La sangre se me encendió (¿qué estaba aprendiendo mi hijo si la cosa quedaba así?) y le cogí del brazo, diciéndole que no, que ni de coña, que allí estaba el niño, que se apartara y se pusiese en otro lado. El tipo seguía bailando y yo seguí tirando de su brazo y empujándole el hombro, sin hostilidad pero sin ceder, y nos señalé a todas diciéndole "Aquí ni de coña, chaval".

Y se tuvo que pirar. Miles de mujeres le rodeábamos, sus huevazos de homo erectus pesaban más (o eso creía él) que nuestro derecho a disfrutar de aquel espacio en paz, pero se tuvo que pirar. Y lo más jodido es que yo no las tenía todas conmigo; ni siquiera allí, entre mis compañeras, estaba segura de que el mamarracho no se pondría violento, de tan sobradete como estaba y tan borracho como iba. Y así es TODO, y lo cuento como anécdota, sabiendo que no lo es. Porque no es anecdótico que ni siquiera en nuestros propios espacios estemos a gusto, ni tampoco seguras. Tienen el mundo entero ocupado y no les basta, les agrede cada milímetro que tomamos para nosotras mismas y lo invaden con su asquerosa machirulez haciendo ostentación de violento poder patriarcal, a sabiendas de lo que hacen o por simple inercia, simplemente porque pueden, y porque es lo que han hecho siempre.  Pero nosotras no daremos ni un paso atrás.



Las exigencias de ayer fueron claras: prevención, coeducación, recursos de protección, el fin de los recortes y de la feminización de la pobreza que se ha agudizado con la reforma laboral y la "crisis" económica y el compromiso de los medios de comunicación para informar adecuadamente sobre las violencias machistas. Que el terrorismo machista sea cuestión de Estado.


Podéis leer el manifiesto completo, con todas las exigencias, aquí: https://asambleafeministaunitaria.wordpress.com/2015/11/25/25-n-dia-internacional-por-la-eliminacion-de-las-violencias-contra-las-mujeres-2015/


Seguiremos adelante, juntas, resistiendo y avanzando, hasta que todo esto que es el pan nuestro de cada día, empiecen a ser, efectivamente, meras anécdotas aisladas, por fin. No nos queda otra, y a ellos, los violentos, tampoco, porque esto es lo que hay y no hay vuelta atrás: Ni una mujer menos, ni una asesinada más.







jueves, 22 de noviembre de 2012

Cacerolas, perlas y gorilas amaestrados

La mani fue festiva -de esas que molestan tanto al militante "serio" y profesional- y me gustó que así fuera, me gustó bailar con la batucada, reírme con el ritmo de los silbatos de Fidel super cansado y Ranchi super marciana, me gustó la risa de S. y compartir pateada con M., y cámara y mirada cansadita y bella con L. y con la siempre sarcásticamente zen Manita de pintura. 
Estoy cansada de que me digan como luchar, me hartan los del "no aportas nada nuevo" y me tocan los ovarios los del "así provocamos las cargas, no seamos violentos". Dejadme hacer mi propia guerra. O no, no me dejéis: yo haré mi propia guerra a mi manera, y la guerra será guerra solo cuando yo quiera, y cuando lo quiera será lucha festiva y risueña porque no me quitarán lo bailao. Ni unos, ni otros.
Eso para empezar.

Pero a donde quiero llegar es a lo que sentí al llegar al Casino de Madrid. Cacerolas desde Colón, cacerolas alegres y reivindicativas, ruido parlante, emisor de un mensaje que no importa que los de arriba se nieguen a escuchar; nosotros nos oíamos unos a otros: somos más y somos mejores. En el Casino las cacerolas se detienen frente a la puerta, detienen su avance pero no su ruido, el rugir se redobla porque allí dentro está una de las cuevas de Alí Babá, ellos lo saben y nosotrxs también.

Algo intenso y poderoso se me movió adentro al verlos llegar. Ella con su pelo alisado de peluquería, harto de laca. Ella con su traje sastre rojo brillante, con su manicura, con sus perlas, con su gesto impenetrable. Él con sus canas impolutas, retocadas por manos hábiles para darle ese tono a lo Richard Gere de la Moraleja, con su traje gris de diseñador caro, con su corbata seguramente italiana. Ellos, con su mirada distante, como si esas cacerolas solo fuesen un molesto inconveniente, ellos con su gesto altivo, incapaces de retroceder y volver más tarde, sordos al ruido, ciegos al gentío, henchidos de soberbia, sabiéndose los dueños de la calle y los dueños de todo. Dos contra doscientos. Una pareja de putrefacción vestida de gala, contra una masa humana de dignidad y bolsillos vacíos. Y el grito me salió de algún lugar que no conocía: hijos de puta.

Hijos de puta, hijos de puta, hijos de puta.

Hijos de puta por vivir a nuestra costa.
Hijos de puta por ir a gastar en una noche de cena y juego el sueldo de 3 familias.
Hijos de puta por no tener la vergüenza de retroceder y volver más tarde.
Hijos de puta por pasar frente a nosotros, con sus jodidos zapatos que cuestan mi sueldo mensual, y franquear la puerta escoltados por los gorilas del régimen.
Hijos de puta por reíros de nuestra precariedad, sin sonreír, solo demostrando quien lleva la batuta.
Hijos de puta.


Un tipo se me acerca y me dice que no, que no está bien, que no es ese nuestro objetivo. Le grito: "déjame, mi objetivo está ahí dentro, están ahí cenándose mi sueldo y tu sueldo, están ahí ocultando su dinero negro, están ahí dictando las órdenes a los peleles que nos gobiernan, están ahí planeando como someternos, como doblegarnos, como humillarnos aún más...!"."No, no!!" grita el tipo de camisa a rayas, "así lo único que conseguiremos es dar una mala imagen" "me la suda dar mala imagen, me la suda!! Yo no lucho para quedar bien con los medios, ni con los dóciles ciudadanitos que se quedan en casa noche tras noche porque no tienen sangre en las venas. Me da igual lo que piensen, déjame!". "Cargarán!!, les estamos dando una excusa para que carguen!!". "¡Que carguen! ¡Que carguen! Que me abran la cabeza!" Le tomo la mano, se la estrecho con las mías. "Mira, hermano, vete por tu lado y déjame a mí en el mío. Vete lejos de la carga, si quieres, pero déjame en paz, yo estoy harta de tener miedo. Se acabó el miedo para mí."

El tipo se marcha y yo me quedo. Cacerolas, gritos, pitos, abucheos, silbidos. Más parejas que entran, más cacerolas que suenan, policía defendiendo a las mujeres de las perlas, trabajadores estúpidos que velan por la seguridad de aquellos que le pisan el cuello. "No seamos violentos", me había dicho el tipo de la camisa a rayas. "Violentos son los de ahi dentro", le grito, tratando de alzarme sobre el ruido de las cacerolas.
¿violentos?

Hubiéramos debido entrar allí dentro, todos, y joderles la cena. Deberíamos haber entrado. Yo estaba en la puerta, a dos metros de nosecuantos nacionales. De pronto unos brazos tiran de mí, son mis compañeros que desde un poco más atrás observaban lo que sucedía. "Agentes de la autoridad", muchos, uno detrás de otros, una interminable hilera de zombies acercándose a nosotros. Mis compañeros querían protegerme; gracias compas, pero yo solo quería estar ahi, en esa puerta, porque si lográbamos empujar lo suficiente, yo entraría con los demás. Entraría para gritarles aún más de cerca:
Hijos de puta
Hijos de puta
Hijos de puta

Y volví. Y volví a gritar. Y no cargaron. Y los violentos siguieron cenando, tranquilamente...


Volveré a mis talleres de no violencia solo porque quiero apaciguarme por dentro, por salud mental y emocional, pero ya sé claramente de qué lado estoy, y de qué lado están ellos, y me permitiré mi mínima cuota de violencia cada vez que me ruja por dentro, y la dejaré salir, y no me importará recibir dos hostias o tres o cuatro... pero no más miedo, no más humillación, no más sometimiento a las señoras de las perlas y los tipos con corbata de seda. Maceraré mi asco y mi desprecio para no olvidar cuál es mi sitio. Y lo defenderé con uñas y dientes a veces, con cantos y bailes otras. Lo haré a mi manera, pero sea como sea, os habéis ganado mi odio a pulso, así que bailando o gritando, lo haré por amor a mi gente, y por odio a vosotros y lo que representáis.

Y ahora, una vez más, decidme quienes son los violentos: