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jueves, 12 de mayo de 2016

Rosa Dictador

“-¿Tú nunca llevas tanguita?
  - No
  - ¿Por qué?
  - Porque no me gusta llevar todo el día un trozo de tela metido por el culo.
  [perplejidad]”


¿Ellos llevan tanga para seducirnos a nosotras? No. ¿Porqué? Porque no están socializados en ataviarse con multitud de instrumentos de tortura leídos como “sólo ropa” para estar “guapos” y “sexis”, están socializados en vestir ropa cómoda con la que jugar al fútbol, subir a los árboles, echar carreras, tirarse al suelo a jugar a las chapas. No llevan tanga, porque no están socializados en ataviarse con multitud de instrumentos de tortura leídos como “solo ropa” para atraer al macho, poniendo en este la validación propia (“si le gusto, me gusto”).

“No es opresión, solo es ropa que una mujer elije ponerse, nadie la obliga”
No existe libertad en una sociedad opresora sin un proceso previo de toma de conciencia acerca de la realidad de que no existe libertad en una sociedad opresora. Es de Perogrullo, pero aun falta entender que NADA vincula naturalmente el hecho de nacer con vagina con el hecho de aplaudir entusiasmada a los tres años ante un vestido de tules y satén rosa. Nada. Nada vincula directamente esta “preferencia “ que casi todas las niñas muestran, salvo una socialización patriarcal desde todos los frentes, no se “escoge” el rosa sin que te impongan el rosa como “opción” preferente y natural. Si fuese una elección libre cualquier niño elegiría el rosa o cualquier niña elegiría el negro, o viceversa, con total normalidad. Todos los niños y niñas repartirían sus preferencias y a Pepe le gustaría el verde, a Lola el naranja, a Manolo el morado y a María el rojo. Si vemos niños asqueados de rosa y niñas con rosa de los calcetines a los lazos del pelo, divididos por colores en virtud a los genitales con los que nacieron, es porque se les asignan los colores del mismo modo que se les asignan los roles (ser suave/ser bruto, ser guapa/ser listo, ser curioso/ser cotilla… así hasta el infinito) ¿qué más hace falta para que TODO EL MUNDO tome conciencia de esta realidad tan obvia que muestra con claridad meridiana que NO HAY LIBERTAD, QUE TODO ES SOCIALIZACIÓN DIFERENCIAL, y que quien no entra en el esquema hegemónico es castigado y sancionado socialmente, estigmatizado a pequeña o gran escala? 

No voy a entrar siquiera en la complejidad que supone aceptar que hay niñas con pene y niños con vulva, porque el género es una construcción cultural y por tanto asignada, me voy a quedar en la superficie más visible: hombres cis y mujeres cis reproduciendo roles de género, mandatos impuestos desde la cuna a la tumba. Y me voy a limitar solo a los mandatos estéticos, que son lo más visible por ser eso, estéticos. Y desde ahí, a todo lo demás. 

16 años. Se levanta por la mañana, se ducha, se coloca un poco el pelo, se pone unos bóxer, unos vaqueros, una camiseta, una sudadera y unas deportivas, algo de colonia y sale a la calle. Como mucho media hora y listo para el mundo, listo para correr, caminar, sentarse en un bordillo a fumarse un pitillo, para jugar al balón, para comerse el mundo. Para ser, hasta cierto punto, un ser para sí mismo.




16 años. Se levanta por la mañana, se ducha, se aplica mascarilla en el pelo, exfoliante en la cara. Se seca el pelo, se lo alisa, se hace un peinado (hoy trenzas, mañana coleta, un moño, a veces sencillo, a veces tan elaborado que tiene que venir una amiga a ayudar). Se pone un tanga que le aprieta el ojete durante todo el día, que se ve por fuera de los pantalones como reclamo para ellos (¿a quién coño le interesa llevar un pedazo de tela de ropa interior metido por el culo y visible fuera del resto de la ropa si no es como reclamo sexual?), un vaquero ajustado que aprieta, de talle bajo, que deja fuera los riñones así haga 7 grados ahí afuera. Una camiseta ajustada, escotada y cortita, con un push up debajo (¿es cómodo correr para coger el autobús si tienes las tetas debajo de la barbilla y se te salen por el escote en cuando das dos zanzadas?), zapatitos enanos con el pie comprimido, taconcito con el pie subido en zancos, los gemelos clamando justicia, los juanetes pidiendo clemencia… 
Vamos a por la cara: una cremita hidratante, una base de maquillaje, corrector de ojeras. Maquillaje, polvos, raya en los ojos, sombra de ojos, rimmel, perfilador labial, pintalabios. Tres kilos de mierda obstruyendo tus poros para dar la imagen de un rostro limpio. Tu rostro no está limpio ni bello sin toda esa mierda encima, NECESITAS comprar toda esa mierda, NECESITAS dedicar todo ese tiempo en ponerte encima esa mierda, y luego NECESITAS comparar toda la mierda desmaquilladora y exfoliante para sacarte toda esa mierda de la cara antes de irte a dormir. NECESITAS toda esa parafernalia para sentirte guapa, y además, NECESITAS sentirte guapa, porque ese es el objetivo principal cuando tienes 16 años porque eso es lo que llevas oyendo desde bebé “qué guapa es esta niña!”, y en la tele, y en la calle, y en los videos musicales, y en las revistas de moda para chicas, y en los baños del instituto. tal vez NECESITAS vomitar la comida para estar suficientemente delgada. tal vez NECESITAS hacer cosas que no quieres hacer para ser aceptada, aprobada, validada. Porque tal y como eres y estás, entérate, estás mal.




Elección. ¿quién mierda elige depilarse el cuerpo entero, desde los pies a las cejas, para luego llenarlo de potingues y cubrirlo con mierdas que te aprietan el culo, el ojete, la tripa, que te empujan las tetas hacia arriba, metiendo barriga, tensando los gemelos, embutiendo los pies? Lo elige la que no es consciente de que no está eligiendo en absoluto, porque si se puede elegir, elijo no someterme a toda esa mierda, y si lo hago, sé que lo hago sin poder elegir demasiado. Yo elijo depilarme sabiendo que si elijo no depilarme me señalarán por la calle. A ellos no. Pero todo lo demás elijo no elegirlo, porque quiero caminar con libertad, así que escojo deportivas, y quiero respirar, así que escojo no llevar la tripa apretada y metida hacia adentro, y quiero bajar a la compra sin que me preocupe tres mierdas si las cejas hace mucho que no me las repaso. Elijo llevar bragas porque no se me mete nada por el culo, y elijo llevar escote cuando hace calor y cuello vuelto cuando hace frío, falda corta en verano y pantalones abrigados en invierno.


Elijo no operarme las tetas, ni hacerme una liposucción, elijo que mis tetas sigan donde están después de un embarazo y casi un año de crianza dando pecho a mi hijo, y mi barriga siga donde está después de haber alojado a mi hijo durante nueve meses. Elijo no hacerme un lifting ni una lipoescultura, que mis patas de gallo atestigüen mis cuatro décadas y media de risas y llantos, de esfuerzo y de placeres. 


Elijo teñirme las canas solo cuando me apetezca ponerme a ello, elijo que cuando me miren vean en mi libertad de elección, huellas de vida, no un reclamo sexual, una cosa bonita porque se adecúa al modelo imperante y desfigurado de la mujer sin rostro (operada, maquillada, recién salida de la peluquería, igualada a todas las demás operadas, maquilladas y recién salidas de la peluquería).



Después de saber todo esto, de saber que no elegimos una mierda, entonces elegimos hasta donde transigimos con los mandatos y hasta donde no. Y si sabes que no eliges, entonces acepto que eliges ponerte hoy esos tacones, consciente de que eliges tan poco como yo cuando me depilo las cejas.

Y hermanas, yo no critico a las que entran en el juego inconscientes de hacerlo, ni a las que entramos en este punto o aquel del juego conscientes de hacerlo, critico el puto juego en sí, y a todos los que nos lo meten con calzador, como esos putos tacones de marca.  Critico el puto juego que nos hace sentir inadecuadas si no entramos en el juego, critico que lo llamen libertad cuando no es más que más de lo mismo.



Por favor, hablemos con nuestras niñas, antes de que lo haga la industria "de la belleza".  Démosles, de verdad, la oportunidad de "elegir" si quieren ser o no princesas, si quieren o no sucumbir a la dictadura del rosa, si quieren vivir el rosa como princesas, o como niñas divertidas, dejemos que de verdad puedan elegir cómo ser sus propias princesas y sus propias guerreras.









martes, 1 de marzo de 2016

MARINA Y MARIA JOSÉ





Marina y María José tenían veintiún y veintidós años cuando decidieron hacer lo que hacen tantos, mochilear por latinoamérica: Pero ese es privilegio de los hombres. Para ellos no hay ruleta rusa, y si la hay, solo una bala en el cargador decide su suerte. Para nosotras el cargador tiene como poco una bala sí y una no y antes o después nos tocará, tenlo por seguro. Y lo sabemos, pero no queremos resignarnos a que el mundo sea privilegio de otros, confiamos en poder cuidarnos, vivir, hacer del mundo algo que también puede ser nuestro. Y nos cuidamos, pero seguimos siendo violentadas, porque no se trata de nosotras, se trata de ellos.

Yo también tenía 22 años cuando decidí dejar la casa de mis padres y marcharme a otro país, sola, con una mochila, a buscarme la vida, como hacían ellos. Eran los 90 y éramos pocas las que lo hacíamos y sabíamos que había un riesgo, pero queríamos poder hacer lo que hacían ellos, queríamos poder vivir, sentir que éramos libres, capaces, personas.



Tenía 23 años cuando fui agredida sexualmente y aun así no volví a España, quise seguir intentando hacer lo que hacían ellos, quise seguir viviendo, seguir sintiendo que era libre, capaz, persona. Cuando conté mis agresiones me dijeron "eso te pasa por salir al mundo sola, una mujer no puede hacer eso o se arriesga a lo que le pase". Que es lo mismo que decir "te está bien empleado, por creerte más de lo que eres, por creerte hombre cuando eres mujer". A los 30 años vivía en un pueblo costero y salía caminar a diaro por la playa, caminaba una hora y volvía a casa, pero caminaba con miedo porque no había mujeres por la calle en aquel pueblo pequeño a las 6 de la tarde, cuando ya empezaba a oscurecer en invierno. Algunos hombres sentados en el paseo marítimo empezaron a seguirme en mis paseos, dejé de caminar por la playa y me mantenía cerca de los comercios. Las olas estaban ahí a unos metros, pero me estaban vetadas y yo sentía rabia porque ellos me alejaban de ellas. Al final dejé de salir a caminar. Seguir saliendo a caminar hubiera supuesto "buscarme lo que pudiera pasarme". A los 40 me volví a emparejar después de varios años sola, sin ganas de hombres que me dijesen cómo debía ser, vivir, amar. Pero él, pasado un año, empezó a gritarme, a golpear cosas, a amedrentarme con su cuerpo a pocos centímetros del mío y su mirada iracunda pegada a la mía; luego los zarandeos, la amenaza con el puño. Tardé un año y medio en salir de aquella relación porque cada vez que le dejaba me acosaba, se presentaba en mi casa a cualquier hora, me llamaba quince veces en un día, y la policía pensaba que no era suficiente como para denunciarle. La abogada sabía que no había caso. Yo tenía más miedo de él cuando le dejaba que cuando le permitía volver, y cuando volvía, tenía miedo de nuevo. Busqué ayuda y me dijeron "estás con él porque quieres, no quiero volver a saber nada del tema, tú verás lo que haces". Busqué ayuda y me dijeron "no entiendo qué haces con él, eres tonta, tú eres feminista y luego ¿caes en esto?". Busqué ayuda en los servicios sociales, y él me gritó puta delante de la trabajadora social, le increpé, le mandé a la mierda. La trabajadora dijo que yo había sido tan agresiva como él.

Saltarse el mandato que nos quiere en casa, sumisas, víctimas del miedo, está sancionado por la corporación machista y nos castigará por ello una y mil veces. Ni aún muertas nos dejará en paz, y buscará en nosotras la culpa de las violencias recibidas, perpetradas con connivencia de todos ellos. Y en casa, sumisas y víctimas del miedo, seguimos siendo vistas como culpables de las violencias de los hombres que con nosotras conviven. No hay escapatoria: siempre habrá algo que podríamos haber hecho de otro modo para no merecer lo que nos pase. "Nos pasa" -no nos lo hacen- por lo que nosotras hacemos, o no hacemos. 

Marina y Maria José han sido asesinadas por hombres, eso debería ser más que suficiente para admitir que la violencia está ahí, en ellos, constante, acechando. Pero no lo admiten, porque es más fácil culpar a la víctima que asumir responsabilidad por una cultura que entre todos fomentan y perpetúan. Pretenden descargarse haciendo creer que la culpa fue de ellas, que fueron irresponsables, que pidieron alojamiento a hombres borrachos, como si eso justificase por sí mismo su asesinato, como si les restase culpa a ellos, así no tienen que revisarse, admitir su violencia. Es más fácil decir "te metiste donde no debías" que asumir que este es un mundo en el que los hombres asesinan mujeres porque pueden, porque incluso cuando matan, la culpa es nuestra. Así siempre tendremos miedo: cuando viajemos, cuando salgamos de noche, cuando caminemos por la playa, cuando convivamos con una pareja violenta. Siempre atemorizadas y llenas de culpa. 
Dicen "no todos los hombres", dicen "sois exageradas", dicen "veis enemigos por todas partes", y cuando nos negamos a pensar que el mundo es un lugar oscuro lleno de machos violentos por todas partes, cuando decidimos que no será así, que podemos simplemente vivir y hacer, entonces nos recriminan no habernos cuidado apropiadamente de aquellos de los que deberíamos haber pensado que eran enemigos, debíamos haber pensado que todos los hombres, si, deberíamos haber pensado de modo exagerado, y si no, ahí tienes lo que buscabas. Doble mensaje, siempre ahí para volvernos locas, para culpabilizarnos hagamos lo que hagamos, siempre.



Marina y María José están muertas y con ellas morimos un poco todos los días todas las demás, morimos no solo cuando nos matan, morimos cuando aceptamos que el mundo es un lugar oscuro lleno de hombres violentos y dejamos de vivir lo que quisiéramos, y morimos cuando no aceptamos que el mundo es un lugar oscuro lleno de hombres violentos, y nos toca la bala del cargador de la ruleta rusa que manejamos a diario, sin haberlo escogido. Es imposible nombraros a todas, hermanas violentadas, traficadas, violadas, golpeadas, prostituidas, asesinadas. Es imposible nombraros porque sois demasiadas, quisiera nombraros y honraros pero la lista nunca tendría fin, y vuestros nombres no están en ningún registro, a menos que salgáis en las noticias, y aún así, vuestros nombres se pierden entre los de tantas otras. Por eso hoy os llamo, nos llamo a todas, Marina y María José. Y las abrazo deseando que la tierra les sea leve, y nos abrazo deseando que esta Tierra nos sea leve, y busco en algún lugar el impulso para seguir luchando para que llegue el día en que así sea y esta Tierra sea también nuestra y podamos simplemente vivir sin estar condenadas a muerte.

domingo, 29 de noviembre de 2015

LA PERSPECTIVA DE GÉNERO SEGÚN MARCELA LAGARDE (I). EXTRACTOS.

"El análisis de género es la síntesis entre la teoría de género y la llamada perspectiva de género derivada de la concepción feminista del mundo y de la vida. Esta perspectiva se estructura a partir de la ética y conduce a una filosofía posthumanista, por su crítica de la concepción androcéntrica de humanidad que dejó fuera a la mitad del género humano: a las mujeres. Y, a pesar de existir en el mundo patriarcal, las mujeres han sido realmente
existentes. Es notable que el humanismo no las haya advertido. La perspectiva de género tiene como uno de sus fines contribuir a la construcción subjetiva y social de una nueva configuración a partir de la resignificación de la historia, la sociedad, la cultura y la política desde las mujeres y con las mujeres.
(...)



Desde un análisis antropológico de la cultura es importante reconocer que todas las culturas elaboran cosmovisiones sobre los géneros y, en ese sentido, cada sociedad, cada pueblo, cada grupo y todas las personas, tienen una particular concepción de género, basada en la de su propia cultura. Su fuerza radica en que es parte de su visión del mundo, de su historia y sus tradiciones nacionales, populares, comunitarias, generacionales y familiares.(...)Como es evidente, la cosmovisión de género es desde luego parte estructurante y contenido de la autoidentidad de cada uno.(...) Es importante identificar las diversas cosmovisiones de género que coexisten en cada sociedad, cada comunidad y cada persona.



Esta perspectiva de género analiza las posibilidades vitales de las mujeres y los hombres; el sentido de sus vidas, sus expectativas y oportunidades, las complejas y diversas relaciones sociales que se dan entre ambos géneros, así como los conflictos institucionales y cotidianos que deben enfrentar a las maneras en que lo hacen.
(...) 



¿Es posible que las relaciones entre los géneros marcadas por el dominio y la opresión, y las formas de ser mujer y ser hombre en las condiciones patriarcales favorezcan el desarrollo social, la realización de los derechos humanos y el mejoramiento de la calidad de vida?
(...)
El análisis de género feminista es detractor del orden patriarcal, contiene de manera explícita una crítica a los aspectos nocivos, destructivos, opresivos y enajenantes que se
producen por la organización social basada en la desigualdad, la injusticia y la jerarquización política de las personas basada en el género.
(...)



Las mujeres han compartido sus descubrimientos, comparado y sistematizado su experiencia y poco a poco han tejido consensos a las alternativas. En este ir y venir, en este fluir comunicativo de las mujeres, ellas se han globalizado, han aprovechado los canales formales e informales creados para intercomunicar a otros sujetos e intercambiar otros bienes, y se han colocado en espacios primordiales para impulsar la causa de las mujeres y
hacerla una causa social, de mujeres y hombres, de organizaciones y organismos, de Estados y de instituciones internacionales.
(...) 

Con las limitaciones evidentes originadas en las carencias y dificultades de las mujeres, la falta de recursos suficientes, la incomprensión y la hostilidad sistemática que han debido enfrentar, nunca antes ellas habían vivido una experiencia de identidad y política tan abarcadora que incluye a mujeres de todo el mundo y de todas las condiciones sociales, que contara con recursos de producción, difusión y puesta en práctica de alternativas concretas.
(...)



En el sentido patriarcal de la vida de las mujeres deben vivir de espaldas a ellas mismas, como serespara-los-otros. La perspectiva de género expresa las aspiraciones de las mujeres y sus acciones para salir de la enajenación para actuar cada una como un ser-para-sí y, al hacerlo, enfrentar la opresión, mejorar sus condiciones de vida, ocuparse de sí misma y convertirse por esa vía en protagonista de su vida.Las mujeres se proponen conformar a su género como un sujeto social y político (...)


miércoles, 11 de noviembre de 2015

ABDUCCIÓN

Trabajadores precarios y explotados reventando huelgas y defendiendo con sus discursos los intereses de la patronal son un clásico de la alienación cotidiana de los oprimidos sumisos. se me ocurren situaciones análogas y ¿posibles?


  • ¿gays y lesbianas sosteniendo que la ley que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo es discriminatoria para las parejas heterosexuales?
  • ¿cuidadorxs de personas dependientes pidiendo la retirada de la ley de dependencia por discriminatoria con las personas no cuidadoras o no dependientes?
  • ¿personas con diversidad funcional exigiendo la eliminación de medidas de acción positiva por "inconstitucionales"?
  • ¿hombres y mujeres afro sosteniendo que el racismo no existe y que la lucha anti-racista es extremista y discriminatoria para los blancos?
  • ¿personas migrantes defendiendo la ley de extranjería y llamando "ilegales" a las personas sin papeles?
  • ¿migrantes manifestándose a favor de los centros de internamiento de extranjeros?
  • ¿minorías étnicas reclamando la presencia protagonista en las acciones antirracistas de blancos y blancas liderándoles?
  • ¿afroamericanos y sudafricanos negros sosteniendo la necesidad de mantener las leyes de segregación racial y apartheid porque niegan que exista una supremacía blanca y califican esos discursos de radicales?


Demasiado incoherente y demencial, no?

Pues sí, hay mujeres que defienden la retirada de la ley de violencia de género que intenta proteger a las condenadas a muerte;
hay mujeres que se preocupan más por no ofender a los machotes que por defender los derechos de sus hermanas violentadas, incluso después de 8 asesinatos en una samana y casi 90 en un año, solo en España;


Hay mujeres que ven violencia en el feminismo pero no en el machismo cotidiano, hipersensibles al discurso argumentado pero tolerantes con el humor machirulo o las discriminaciones cotidianas; 

hay mujeres que consideran extremista la lucha por los derechos humanos de las mujeres y niegan la violencia estructural, económica, educativa, simbólica, física y sexual cotidiana contra las mujeres, mientras ejercen su derecho al voto, al divorcio, a tener pasaporte propio, a conducir, a tener la guardia y custodia de sus hijos, a trabajar, a estudiar en la universidad y a la vez sostener "Yo no soy feminista", "yo no necesito el feminismo".

Existen y se llaman ESQUIROLAS. Existen y yo demando que renuncien a sus derechos adquiridos con la lucha de las mujeres a las que desprecian con su colaboracionismo machirulo.Porque esa mierda, también es violencia.


                                       sin las gafas violetas, las hay que andan 
                                                      buscando el patriarcado por el suelo, 
                                                             cuando lo llevan al cuello

martes, 10 de noviembre de 2015

Susanita fue a jugar, pero no pudo jugar porque tenía que planchar.


Leo: "Tenemos la pretensión de ser las mejores profesionales, madres y esposas, de estar lindas y mostrarnos felices"¿En serio? ¿tenemos esa "pretensión"?  me puse a jugar con la palabra y me encajaban más otras opciones: PREtenSIÓN, preTENSIÓN.

Yo no tengo esa "pretensión" de ser la gran mujer todopoderosa que paga su súper poder con el cuerpo, la salud y la vida misma, yo estoy hasta el coño desde siempre, yo no quiero eso, yo no lo pretendo porque NO LO ESCOJO, me lo echan encima.

Lo que yo escojo, lo que yo quiero es tener tiempo para estar con mi hijo, quiero tiempo para disfrutar con él, quiero tiempo para estar a mi rollo, quiero tiempo para tocarme el higo, quiero tiempo para pintar cajas y para pintar la mona, quiero tiempo para estudiar y para leer y para tomar cañas y para follar. Y como quiero todo eso lo que hago es tener mi casa manga por hombro porque entre planchar la ropa y leer un libro no hay donde perderse. Pero aún así, aunque escoja tener la casa hecha una mierda, en todo lo demás lo que hay no son elecciones, son renuncias. Y lo son porque el señor que es biológicamente responsable de mi hijo no se responsaliza como debiera en su paternidad ejercida, y lo son porque para vivir en este mundo capitalista hay que estar produciendo económicamente abducido por una maquinaria que está muy bien pensada para robarnos el alma. Soy disidente de muchas cosas, pero de otras muchas soy una jodida víctima, como las otras millones de mujeres del mundo (porque si el marrón nos lo comemos todos, nosotras nos comemos el triple).

Dice mi amiga que a veces tiene que darse toques para no caer en ese rol. Yo le pregunto, nos pregunto: ¿te das toques de atención a ti misma, o a la voz interiorizada que te dijo que para ser "buena" tenías que petar en el intento? Y ella lo deja claro:"Petar, peté hace 3 años cuando me separé y perdí mi trabajo, pero no estaba dispuesta a seguir tragando y me planté de muchas mas cosas. Peto cada vez que tengo que hacer la casa después de llegar del trabajo, porque lo odio, por eso también esta manga por hombro... porque muchas veces me siento culpable de estar tirada en el sofá o en facebook dejando mi cabeza volar porque si tengo un objetivo debería estar trabajando para lograrlo.."
Debería...


La culpa, la culpa de las mujeres. ¿De dónde viene? ¿Quién podría pensar que está inscrita en los genes, que es algo que viene con el equipamiento de serie, como el útero o la vagina? Solo podría pensarlo alguien muy alejado de la realidad interna, del dolor del despojarnos de partes enteras de nuestra vida y nuestro ser para ocupar ese tiempo y esa energía en limpiar, maquillarnos, ir a la peluquería, depilarnos, barrer, fregar, cocinar, volver a peinarnos, planchar, hacernos la manicura, zurzir, comprarnos ropa, fregar los cacharros... ¿dónde queda todo lo demás? No, amiguitos y amiguitas, no viene de serie, la culpa nos la implantan desde niñas para que no escapemos a la jerarquía de los sexos, a la desigualdad de los géneros. Nos sentimos culpables... ¿por qué? ante quién? ¿Por atender nuestra necesidad y nuestro deseo? ¿Tenemos que estar cumpliendo con los criterios que nos marcan desde afuera y que nos dicen cómo ser buenas? 

La culpa, la vergüenza... ¿Cuántas veces hemos sentido vergüenza por no estar "correctamente" arregladas en una entrevista con la tutora del niño, o en el médico o por no estar depiladas y tener calor y, vaya, remangarnos con toda la pelambrera a la vista? 

¿Cuántas veces hemos evitado que alguna mamá del cole suba a casa porque la tenemos hecha un solar o hemos pedido perdón a las amigas por tenerla manga por hombro cuando vienen de visita? De eso si que me he curado hace tiempo, ayer mismo pasó mi vecina y se acercó a saludar a mi hijo en su habitación esquivando cojines, zapatillas y chanclas en su avanzar, y por fin me dio lo mismito lo que pudiera pensar de cómo tengo la casa un viernes por la tarde de vagueo madre-hijo.

El derecho a la pereza, el derecho a la negligencia, el derecho al descanso, el derecho a la salud. El texto que leía y  que dio pie a esta nota, venía a cuento de la salud de las mujeres, de como en todos los estudios el factor estrés y sobrecarga es determinante, hay un factor de género en la salud de unos y otras y es un factor cultural que ataca a la linea de flotación de la vida en sí, de la vida de nosotras, de las mujeres. Nos sobrecarga el patriarcado, nos sobrecarga el capitalismo, siempre los dos de la mano para jodernos a diestro y siniestro y nos queda un escaso margen para la desobediencia, así que elijo ejercerlo, hasta donde pueda. 

No puedo llegar a todo (estudios, curro, maternidad, activismo, ocio, sexualidad, vida social, obligaciones domésticas…) , ni quiero intentarlo, así que entre mi salud, y una casa presentable, escojo mi salud. Entre mis libros, los comics de mi hijo, y la plancha... pues eso, que "perdona", pero tengo la casa manga por hombro, pero es que no me da la vida y una tiene sus prioridades.  



Pd: Si decides tener la casa impoluta, tampoco te librarás del mal rollito; lo hagas como lo hagas este mundo masculino y des-cuidado lo tiene todo pensado para hacerte sentir como el culo aun cuando hagas lo que se espera de ti. Echan sobre nosotras lo doméstico y toda tarea de cuidado, pero a la vez es un trabajo que desprestigian, así que no creas que te librarás: te llamarán MARUJA. 









sábado, 1 de noviembre de 2014

TERRITORIO MINADO (LUCES Y SOMBRAS)

TERRITORIO MINADO (SOMBRAS)

Muchas veces he hablado y escrito sobre lo que supone ser familia monomarental en una cultura que ha perdido el valor de la comunidad en la crianza de las criaturas, que son el mayor bien social, pero estos días el discurso y la emoción se amplifican al ser tocados por las situaciones de mi entorno, consecuencias directas de un sistema de valores que pone en el centro el trabajo productivo, amenazando, directamente, el reproductivo.

Hubiera querido tener más hijos, pero con dificultad me las arreglo para vivir atendiendo todas mis dimensiones: madre, trabajadora, activista, persona, mujer, ser sexual, ser deseante y con sueños y proyectos, cuerpo con potencialidad y limitaciones. He tenido que hacer renuncias que ellos (con O) no hacen, elecciones y priorizaciones que ellos, en su mayoría, ni contemplan. La vida profesional y la familia en el centro, la vida personal en la lejana periferia, a la que casi no alcanzo, la salud como meta difusa a la que a duras penas puedo atender. El activismo, arrinconado; la sexualidad, pospuesta y adormilada; la vida social, relegada; futuras maternidades, descartadas. No sé dónde quedo yo entre tanta lucha cotidiana.

Hablo con mi amiga X, que desea ser madre y no lo es porque durante cuarenta y dos años no tuvo ni la situación económica ni el compañero ni el apoyo para criar, y hoy ya no puede hacerlo porque el tiempo pasó rápido en su cuerpo; hablo con mi amiga Y que decide abortar porque sabe que elegir criar supone descarrilar profesionalmente y se enfrenta a la elección con relativa convicción y necesario dolor; hablo con mi amiga Z que no inicia el proceso de acogida de menores porque no tiene respaldo de su entorno inmediato para sacar adelante a un hijo y a un niño acogido. Frustración aquí y allá, identidades fragmentadas por todas partes, elecciones que parecen afectarnos solo a nosotras, y que no tomamos en libertad real, sino presionadas por un medio ambiente hostil, una cultura contra la vida, aunque proclame lo contrario.

No es obligatorio ser madre, es una elección personal, al menos así lo formulamos pero la realidad es otra: la realidad impone maternidades frustradas y maternidades impuestas. Madres que quieren serlo y no pueden, mujeres que no quieren serlo y son obligadas a golpe de ley, crucifijo y falo.
Los hombres, en su mayoría, permanecen ajenos a las disyuntivas, ausentes de los debates. Ellos viven sin más y su lucha -si la hay- es de clase, y en ella se centran -si lo hacen- olvidando que nosotras cada día enfrentamos dilemas, renuncias, rendiciones, frustración y culpabilidades que no nos corresponden más que en virtud de un sexo que se decidió secundario. ¿Dónde están nuestros compañeros?

Gobiernos “religiosos” que se proclaman pro-vida imponen nacimientos y maternidades no deseadas mientras mutilan maternidades existentes, vidas que caminan y respiran desatendidas y desamparadas, dicen proteger a los no nacidos mientras desahucian a madres e hijos de sus casas, hipotecan vidas por impago en la hipoteca, el dinero sobre la vida, el discurso sobre los hechos, la hipocresía sobre la honestidad cotidiana de quién solo quiere hacer bien lo que le toca, en soledad y sobrecarga. Gobiernos coercitivos, compañeros ausentes, éticas hipócritas, y entre ellas, nosotras, en medio del fuego cruzado.

Me pregunto cuánto tiempo más podrá soportar la sociedad esta flagrante deserción del cuidado de las cuidadoras, me pregunto cuánto tiempo más se sostendrá una cultura que no sostiene a las sostenedoras. Me pregunto cuánto tiempo más aguantaremos la carga en nuestros cuerpos, la renuncia en nuestras almas, sin rebelarnos de una vez por todas. Me pregunto cómo rebelarme si en mi ausencia, durante mi rebelión, nadie se hará cargo de mi carga, que es la de todos al fin y al cabo. Me pregunto porqué dar vida habría de suponer una carga y no un trabajo, difícil a veces, gozado otras, pero valorado y compartido siempre, si los patrones que nos rigen fuesen otros, más razonables, más justos, más equitativos, más acordes con lo que en el fondo somos unos y otras, humanidades y seres vivos. No podemos seguir organizados en producir cosas, a veces tangibles a veces intangibles, abandonando el centro de lo que somos; si no asumimos, urgentemente, que somos ante todo seres interdependientes y necesitados de otros y otras, si no asumimos que somos ante todo Vida y sostenemos las vidas que ya caminan, antes o después el petardo (porque vivir así es un jodido insostenible petardo) nos acabará explotando en la cara.

Y explotará, tengo esa certeza, aunque ellos ignoren -en su privilegio y mirando a otra parte- que viven, vivimos, en territorio minado.

TERRITORIO MINADO (LUCES)

¿Y si a pesar de todas las sombras elijo las luces?
¿Y si a pesar de todas las deserciones decido buscar las alianzas?
¿Y si a pesar de mi isla decido que no sea desierta y que sea, sí o sí, fértil?

No se trata de glorificar la maternidad como el mandato mistificado y mitificado, se trata de hacer brillo de lo opaco, dignidad de lo humillado, completud de lo mutilado, honra de lo desvalorizado, riqueza de lo saqueado. Por rebeldía, por justicia, por mis humanos benditos ovarios y mi furia hecha motor y mi indignación reciclada en combustible.

Hablamos de legítima libertad, hablamos de estar donde una está, en presencia, sabiendo que en la lucha diaria también hay gozo, desobediente, negándome a que me priven de lo bello y de lo alegre. Cansada pero no vencida, sigo reclamando nuestro espacio, si hace falta echándole codos, pero sin que me quiten la abonada rabia y la legítima sonrisa.


Hay, pese a todo, espacio para la libertad incluso entre las cuatro paredes del violento patriarcado y me erijo matriarca de mi propia vida, y desde aquí llamo a otras a rebelarnos y revelarnos y tender redes y puentes y lazos y aullidos.
No me resigno, no me rindo, no me someto. Hay, pese a todo, espacios para la alegría y el disfrute, ahí está no nuestro refugio, sino nuestra bandera, el signo que proclama que no nos vencerán y encontraremos el modo de ganar diariamente y cada una un centímetro cúbico de autoridad y poder, poder para ser, y no cederemos. Nos va la Vida en ello.


lunes, 15 de septiembre de 2014

EL SEXO HETEROSEXUAL EMPIEZA A SER UN ASCO


Mis amigas se rieron mucho cuando les conté que después de meses de sequía y algún que otro polvo nada memorable había por fin encontrado a un hombre que me equilibraba los chakras. Claro, era una forma muy simplificada de explicar cosas más complejas, y al leer hace un par de días un texto fundamental de Milagros Rivera, El Cuerpo Indispensable, sentí la necesidad de poner en claro a qué me refería.

El párrafo al que aludo es el siguiente: 

“Toda la vida me ha acompañado una sorpresa: oír decir, atribuirle a una mujer, que solamente se la amaba por su cuerpo. Como si esto fuera insatisfactorio, como si no significara apenas nada”.
Como si el cuerpo fuera poca cosa, cuando es tanto, en sí mismo como sustancia, o como significante para muchos significados, o como vehículo de comunicación, de puesta en relación, de expresión de mensajes. Tiene mucho que decir el cuerpo, y sin embargo el cuerpo de las mujeres ha sido utilizado por el patriarcado para sus fines, y con ello mutilado real o metafóricamente, privado de sentido propio, de placer propio.

En el documental corto “El cuerpo de las mujeres” se alude a este uso que se hace en los medios del cuerpo femenino, un uso patriarcal, falocéntrico y capitalista del cuerpo de la mujer como reproductor de una cultura que marca unos estándares de belleza que nos transforman quirúrgicamente, mutilando nuestro rostro verdadero, el rostro de mujer que expresa su individualidad, convirtiéndolo en máscara sin personalidad. Y los cuerpos, recauchutados tras el bisturí, son cuerpos irreales que solo aluden al supuesto deseo masculino, deseo a su vez mediatizado por la pornografía, una industria al fin y al cabo y que sin embargo, industria y todo, coloniza lo cotidiano a base de moldear el deseo de los hombres alejándolo del sentir interno, en una maniobra aculturizadora basada en claves artificiales, misóginas y violentas.



Y ahí está el cuerpo de las mujeres, usado y abusado, y por tanto interpretamos dualmente -desde la óptica occidental tan dada a lo maniqueo- que o bien hay que (como mandato) atraer a los hombres sexualmente y de acuerdo a una sexualidad masculina importada desde el porno (y por tanto feminidad, belleza y lo sexy según el criterio/mandato dominante van en una unidad indivisible) o bien se interpreta que entrar en la sexualidad desde el cuerpo, y sólo del cuerpo implica ser convertidas en objetos sexuales, y por tanto desde cierta óptica emancipadora, esa clase de sexo no es deseable porque nos enajena, nos separa a las mujeres que somos, del cuerpo en el que vivimos y que es utilizado por otros.


Pero ¿es esa la única alternativa, la dualidad de la que no se puede escapar cuando se alude a la atracción sexual que produce el cuerpo femenino? (¿prestarse a ser objeto o negarse a ser solo cuerpo?)

En las culturas pre-patriarcales las cosas fueron muy distintas, el culto a la Diosa implicaba con frecuencia rituales sexuales y  las sacerdotisas no eran, como a veces se las nombra, prostitutas rituales, sino mujeres que comunicaban con la divinidad y con lo espiritual a través de la sexualidad. Entonces, la sexualidad (tanto la masculina como la femenina) aún no se habían separado de la espiritualidad, y los cuerpos eran sagrado vehículo de la divinidad.


El patriarcado, las religiones judeo-cristianas (y por extensión la musulmana), y la propiedad privada se encargaron de apropiarse de las mujeres y de sus cuerpos, nos desposeyeron de ellos y se encargaron de sustituir a la poderosa Diosa por la virgen María. De una Diosa como Ishtar, que daba vida y la quitaba, que tenía múltiples caras, que tomaba la iniciativa sexual, se pasó a una virgen santa, que no conocía el sexo, que no tenía defectos, que era unilateral, que era esposa del dios y madre del dios, pero nada en sí misma.

De las diosas vírgenes de la antigüedad, que tenían parejas sexuales pero no consorte (es decir, tenían una sexualidad rica pero se mantenían independientes y libres) se pasó a la virgen que nunca había tenido sexo, que permanecía “pura”, limpia, y para que la ausencia de sexualidad fuese blancura, había que convertir la sexualidad en algo sucio, perverso, impuro.

Aquel fue el primer alejamiento de la sexualidad de las mujeres como algo sagrado, después, con la llamada “liberación sexual” se nos devuelven el placer y la iniciativa, pero no necesariamente la dignidad de un deseo propio, conectado con lo que de verdad queremos y necesitamos, porque el capitalismo se encarga de ponernos de vuelta en el redil: al servicio del macho y del capitalismo, entonces, nos convertimos en propiedad, con el matrimonio y las relaciones monógamas, o en objeto de consumo, en las relaciones esporádicas, cada vez más impersonales. 

Y ahí somos objetos, no porque, como se suele decir, solamente nos quieran por nuestro cuerpo, sino porque ni siquiera nos quieren por nuestro cuerpo: usan la cáscara del cuerpo para darse autosatisfacción narcisista y para poner en práctica fantasías del porno, con los cuerpos como soporte y medio, pero nosotras no estamos allí, ni nuestros cuerpos, porque no se atiende a nuestro placer y si se atiende es como medio de demostración de la virilidad del macho. Habrá quien crea que exagero pero ¿quién no se ha encontrado con un tío empeñado en que nos corramos vaginalmente, menospreciando el placer derivado del clítoris, que elude la polla (no es necesaria) y que elude incluso a veces las manos del hombre? La mujer que sabe darse placer es enemiga del macho alfa, porque se satisface con o sin la polla y eso es peligroso.

Despersonalizados, en ese sexo banal, coital, descoporeizado en tanto a cuerpos que son parciales, que son fragmentos de cosas,  cosas disponibles y dispensables, es fácil encontrar hombres que no pueden empalmarse con el preservativo puesto, con la coerción subsiguiente, o que abusan de la mujer con prácticas no consensuadas, sorprendiéndose si la mujer se muestra iracunda o se niega  a continuar. Estrecha, inhibida, exagerada, histérica, son algunos de los apelativos que recibimos cuando nos negamos a realizar sus fantasías, incapaces de reconocernos el derecho a un deseo propio que puede no coincidir con el suyo.



La violencia sexual entonces no se restringe al abuso o la violación, se da también en relaciones iniciadas de mutuo acuerdo y que se vuelven violentas, basadas en una relación dominado-dominada, o sin consenso, con presión, con coerción o ignorando el deseo de la mujer. El porno y la prostitución ofrecen dos modelos de mujer como objeto sexual disponible, como una cosa que se puede obtener pagando, o haciendo click en un enlace de internet, algo que es cosa y no persona y que está al servicio del placer del macho, y por eso hay acoso callejero, manoseos en lugares públicos, agresiones sexuales y en el menos malo de los casos, sexo iniciado libremente por ambas partes y que se torna desagradable, invasivo, violento. No es extraño que muchas mujeres tengan tumores en el útero o endometriosis, algunas patologías pueden tener un componente psicosomático importante, convertimos la violencia de afuera en violencia del cuerpo. Muchas otras renuncian al sexo para ganar en paz mental, y es una elección solo parcialmente libre, porque es una elección que se toma estando casi entre la espada y la pared.


Y aquí finalizo, llegando a donde empecé: mi compañero sexual me abría los chakras no porque hiciese nada en especial, simplemente porque no entraba en el esquema del homo ponograficus y por tanto no me sentí ni agredida, ni necesitada de fijar un límite constantemente, ni usada como receptáculo de fantasías denigrantes, me sentí  cuerpo deseado, cuerpo dador y receptor de placer, cuerpo en conexión con otro cuerpo, cuerpo abierto a otro cuerpo. Y por mi parte, esa apertura me devolvió a mi cuerpo, que había estado cerrado a los cuerpos de aquellos que no lo respetaban, y la energía fluyó y pude sentirme de nuevo dueña de mi deseo y al otro, compañero en mi placer. Y viceversa.



De ahí a una sexualidad espiritual van miles de pasos, pero las relaciones así son un comienzo, y un regreso a la vez a una sexualidad, ahora sí, limpia. No porque el sexo sea sucio, sino porque es tan sucio hacernos sentir que no debemos sentir deseo, como hacernos creer que nuestro deseo es aquel que marcan la industria, el capitalismo, el patriarcado, y el macho lobotomizado por los mandatos falocéntricos.


Vuelvo a sentir dentro a las diosas vírgenes, vuelvo a sentir -sanada tras muchas violencias- la dignidad y la libertad de las diosas sin consorte, pero sexuadas. Y estoy segura de que si ellos recogen el guante y reelaboramos una sexualidad de verdad de a dos, entre dos cuerpos plenos (y el cuerpo incluye todo lo que lo hace cuerpo y no fragmentos de cosa) también se sentirán más elevados al Olimpo. 


lunes, 25 de agosto de 2014

Y si fuésemos cuerpos, y no cosas.

Resulta difícil escribir algo nuevo sobre el caso de la joven violada en grupo durante la feria, tanto se ha dicho y tan poco se ha escuchado. Nosotras si, escuchamos, pero el resto del mundo se muestra indiferente, despreciativo, ante la violación y posterior archivo del caso, porque ya está demasiado extendida la idea (el virus machista) de las denuncias falsas como para darle importancia al tema. Al fin y al cabo en ciertos lugares del mundo sucede a cada rato (la violación en grupo es casi una tradición en la india, y el mundo no hace nada al respecto) y las mujeres no hacen tanta alharaca… si es que cómo somos las feministas blancas occidentales, unas exageradas histéricas etnocéntricas.


Podría escribir sobre la cultura de la violación, sobre la cultura del porno, sobre la banalización del sexo, sobre la sexualidad coitocentrada (y falocéntrica, por supuesto), sobre la mercantilización de los cuerpos, sobre la deshumanización de las relaciones, podría escribir cifras, datos, citas, podría reproducir la teoría feminista al respecto, podría aludir a los comentario sexistas de ciertos alcaldes y demás calaña política, pero para qué, para qué si no escuchan.


Así que me hablaré a mí misma y a vosotras (y a los dos o tres que por ahí quedéis con conciencia y alma) desde lo que vivo y viví, aunque solo sea porque necesito nombrar y escucharme, porque necesito sentir que al menos entre nosotras nos escuchamos.


Mi primera agresión sexual fue leve, solo un roce inapropiado a mis pechos de niña de doce años, por parte de un fontanero cuarentón. Nada de qué alarmarse, al fin y al cabo yo no tenía referentes para saber que aquello no era correcto, nadie me había hablado del derecho a no ser tocada sin mi consentimiento, una niña de doce años no recibía esa información en los años ochenta, no sé si la reciben ahora, me temo que no, a juzgar por lo que veo a diario en el colegio y en el parque. Unas niñas del colegio de mi hijo fueron castigadas por dar dos bofetones a un niño que las besaba sin que quisieran, y después del castigo del cole recibieron el castigo de sus madres. No me costó hacerlas entender que era sano que ellas ejercieran su derecho a la autodefensa, a poner sus límites, a decidir sobre el acceso a su propio cuerpo por parte de otras personas; las mamás entendieron, pero necesité un rato de charla en el banco del parque y la manifestación por su parte de una revelación súbita (“¡tienes razón! Ellas tienen derecho! Si no lo aprenden ahora ¿qué pasará cuando sean adolescentes?”) me mostró lo alejadas que están muchas mujeres adultas de su propio derecho y del de sus hijas, y es tremendo que así sea. Anoche mi amiga de cuarenta y tantos se lamentaba de su desconfianza y resentimiento (estas son las palabras que ella usó) porque un hombre al que recién había conocido le dio un pellizquito en el muslo delante de su pareja, y ella se apartó como con un resorte. “¿Qué te pasa, mujer? Solo es un cariño”. Y ella se culpaba por no ser más “abierta”, por ser tan “tensa” y yo  le pregunté cuántas veces ella le había hecho un cariño así a un hombre, un pellizquito de nada, sin que nada lo solicitase. Allí cayó en la cuenta: no somos “tensas”, no somos “cerradas”, simplemente no hay porqué aguantar toqueteos no deseados de cualquier tipo que alargue la mano. Nosotras no lo hacemos, nosotras no lo queremos, nosotras nos apartamos en nuestro derecho a hacerlo. Simple.

Simple, pero no. Porque nos siguen toqueteando y no pasa nada, porque si nos apartamos o les mandamos a la mierda es que somos unas histéricas o estamos ovulando.



Mi segunda agresión sexual fue por parte de un compañero de piso y de trabajo, me desperté con él encima de mí, en mi cama, intentando metérmela mientras dormía. Pesaba demasiado el pedazo de mierder como para conseguirlo sin despertarme así que no logró su objetivo porque le solté dos hostias y monté un escándalo que despertó al compañero de al lado. Aun así, el cerdito machote durante semanas me acosó en el trabajo y tuve que dejarlo, el trabajo y la casa a la vez, quedándome de pronto sin techo y sin medio de vida, porque un tipo había decidido que el roce hace el cariño y que compartir horas equivalía a compartir cama, así sin más. Y si, dejé el trabajo porque cuando pedí ayuda un compañero me respondió que un hombre nunca viola a una mujer, que es imposible penetrarla sin consentimiento, que nosotras sabemos cómo “cerrar el paso”. Alucina, toma pandilla de cromañones… Y dejé el trabajo porque mi inmediata superior consideró que no había pruebas para tomar acciones contra él (yo no buscaba represalias, solo protección, me hubiera bastado con que nos cambiaran de sección) así que a la puta calle, en todos los sentidos. Y de ahí la cuesta abajo durante un tiempo, y luego la remontada, y ahora venga, las heridas se curaron pero ahí quedan las cicatrices, de recordatorio perpetuo. ¿Resentida? No: agredida y superviviente. A ver qué haces ahora con eso, rica, con tu pan te lo comas, que al resto del mundo le importa tres cojones tu herida y las de todas las demás.


Una amiga me culpó a mí de la agresión, por vivir con un hombre desconocido. Vivir con un compañero de trabajo supone una provocación sexual, según parece. Ellos viajan solos, hacen coach surfing, usan blablá car, comparten piso y nadie les acusa de ir buscando guerra y agresiones por guarros y poco precavidos. Pero no te quejes, mujer, que entonces te llaman resentida. Se amable, sonríe que la vida son dos días y aquí estamos para disfrutar, relájate mi amor.

Anoche salí un rato con un tipo, le conocí charlando en el paseo marítimo, nos dimos los teléfonos y ayer me llamó para una cervecita. Todo bien. Caminando me toma la mano, la retiro, insiste, la retiro, insiste. ¿Qué coño pasa? No es no. Ya está. Así que le dejo y me voy con mis amigas y llevo recibidos cuatro sms y dos llamadas en las últimas doce horas, solicitándome. ¿Qué siento? Acojone. Siento que haga lo que haga la cagaré, que si me muestro honesta y tranquila tomará mi calma como docilidad y seguirá dando la brasa, que si me pongo borde se envalentonará y tendré las de perder, que si le ignoro se frustrará y redoblará su insistencia. Impotencia. Solo me tomó la mano, y ya me agobio. Porque ya me ha sucedido antes, es solo un roce en las tetitas, es solo un pellizquito, es solo una polla intentando abrirse paso entre tus piernas mientras duermes. Miedo.



Volver de cañas con las amigas y encontrarte a un menda meneándosela en la calle entre dos coches mientras te mira, y ni un alma en la calle. Elegir la ruta más transitada aunque tengas que caminar el triple. Gastarte un pastón en taxis para que te dejen en la puerta de casa aunque te apetezca caminar a la fresca, que la noche está bonita. Decirle a un tío que no te gusta el sexo anal y que te llame inhibida, follar tan campante y que te llamen puta. Pedirle a tu amigo que pare porque no te gusta y que el tipo te llame calientapollas, y pretenda seguir. Y volver a pedírselo y que siga, y su mirada dice “estoy en mi derecho porque te lo has buscado” y sus palabras dicen “no me jodas ahora, tia, acabaré lo que empezamos así que no te pongas tontita” y duele y estás sola y tienes dos opciones, resistirte, y que duela más (porque el tío te saca una cabeza y dos anchos y pesa el doble que tú) o cerrar los ojos y contar estrellas y volver a casa sin llorar siquiera porque te dices a ti misma que no ha pasado. Y no le cuentas a nadie y lo olvidas, y diez años después por algún resorte de la mente lo recuerdas, y le cuentas a tu pareja y por fin lo nombras: violación. Pero la ley no lo considera así, incluso con un video y desgarros vaginales y anales los dejaron marchar y los jalearon y aplaudieron y ella cómo estará, qué sentirá, cómo volverá a mirar a los ojos de un hombre si la sociedad en pleno convierte a los machos de mierda en lobos feroces porque nos dejan indefensas y humilladas, y solas.

Leo en internet: “Se os va la olla, una violación es con violencia, no acabar una relación iniciada por ambas partes y entre adultos” y alucino. Creen que tienen derecho a acabar lo que se empieza, tienen carta blanca, no importa lo que nosotras queramos. Y hasta los más buenos se ausentan del debate: muros de mujeres llenos de indignación y dolor, posteos a cientos en Facebook, todos de mujeres, ¿Dónde están los hombres apelando a otros hombres, dándose como referentes, clamando “no, no somos así, no aceptamos esto, renuncio a mis privilegios y me incluyo entre el género agresor y me desmarco de él y os digo a la cara lo cerdos que sois y a vosotras os decimos que estamos a vuestro lado”. No dicen nada. Hablad, compañeros (si es que lo sois) porque a nosotras no nos escuchan, ¿por qué no habláis vosotros? ¿Por qué no?

Y mientras tanto, mujeres son vendidas en mercados, niñas raptadas por barbudos alucinados, mujeres y niñas prostituidas contra su voluntad, cuarenta y dos mujeres asesinadas en lo que va de año, solo en España, si no me fallan las cuentas, cuántas más en todo el mundo, cuántas violadas y repudiadas, cuantas cometiendo suicidio después de haber sido abusadas, cuantas niñas que cuando se defienden de una agresión son castigadas, cuantas golpeadas que no se marchan porque no tienen donde ir ni quien las ampare, juzgadas por tontas por una sociedad que las arrincona junto al agresor.
Nos hemos vuelto locos, es una sociedad demente, enferma de machismo, enajenada.


La religión volvió sucio el cuerpo y el goce, los sesenta nos devolvieron la libertad sexual (¡a follar, a follar, que el mundo se va a acabar! Hoy te la como y mañana, si te he visto, no me acuerdo, qué modernos somos) y hoy, siglo XXI, no hay coches que vuelan ni viajes al espacio, la postmodernidad nos trajo internet y badoo y la píldora y el quiqui  casual y el mercado de los cuerpos, y la violencia machista ensucia de nuevo el sexo en un espejismo de libertad y folleteo, cómo mola.

Sueño con otra realidad más limpia, menos enferma. Y si la justicia actuase… Y si los hombres hablaran… Y si las mujeres dejasen de castigar a otras mujeres por su aspecto, su conducta, sus palabras… Y si supiésemos como actuar sin sentir miedo ni culpa… Y si las almas volvieran a su lugar, dentro del cuerpo, y las corduras a su sitio, en las cabezas, en las legislaciones, en el sentido común, en la cultura… Y si…

… Y si las mujeres fuésemos por fin cuerpos (con todo su derecho pleno) y no cosas. Cosas violables.



La humanidad de las mujeres, secuestrada. Solo nos queda seguir tomándonos de la mano, abrazarnos unas a otras, cerrar los ojos, respirar, y seguir transformando.


Adelante, hermanas, adelante, no nos queda otra. Adelante.