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lunes, 30 de noviembre de 2015

DECÁLOGO DE LA MUJER PERFECTA (SEGÚN EL PATRIARCADO)

Recupero algo que escribí hace ya 8 años. agrego imágenes del ayer y el hoy, para ver la gran evolución del modelo de mujer perfecta para el perfecto machirulo. 




  1. Amaré a mi hombre más que a mí misma y renunciaré a todo por amor verdadero. El amor verdadero es incondicional, amar significa renuncia, y el perseguir metas propias, egoísmo o irresponsabilidad.

  2. Estaré delgada (una talla 38 como máximo) por encima de todas las cosas. Pasaré hambre o me sentiré culpable cuando no lo hago. Odiaré mi cuerpo si no se ajusta al de una ninfa de quince años.

  3. No envejeceré nunca, y si lo hago, me operaré para estar (nunca ser) siempre perfecta

  4. Me depilaré regularmente las piernas, las axilas, el bigoyr y la línea del bikini con cera caliente, las cejas con pinzas. o mejor, una depilación definitiva con láser de cuerpo entero, como volver a los 11 años; me gastaré un pastón en cremas antiarrugas, hidratantes, nutritivas, exfoliantes, reafirmantes y anticelulíticos, y en base de maquillaje, maquillaje, anti-ojeras, colorete, sombra de ojos, rimmel, pintalabios, perfiladores de ojos, y de labios y demás utensilios propios de mi sexo. Visitaré regularmente la peluquería o me teñiré en casa para ajustarme al presupuesto familiar.

  5. Valoraré el vello del hombre como muestra de su virilidad y sus michelines como parte de su encanto, sus canas son muestra de madurez y su calvicie, entrañable.

  6. Cuidaré de mis hijos y de mi casa en mayor medida que mi hombre porque solo una mujer que pare sabe lo que es ser madre… ellos son distintos. pero fuera de casa trabajaré tanto como él, para no ser una mantenida. nosotras podemos con todo. 

  7. Una mujer liberada es aquella que es capaz de trabajar fuera a pleno rendimiento, lleva la casa de forma diligente, es una madre cariñosa y atenta y siempre está como un pincel de arregladita. Dormir, es prescindible. El ocio, innecesario.

  8. Mi sexualidad no existe, no tengo deseos, solo me excita mi marido, y soy sumamente pasiva ---------------o bien (esto depende del tipo de hombre que dicte la norma):Me encanta el sexo invasivo, centrado en el coito y la penetración, me gusta el aquí te pillo aquí te mato, mi sexualidad se basa en la adoración y admiración por el pene, me encanta la felación (yo a mi pareja, claro), y que terminen en mi cara, si mi pareja así lo estima. La sexualiad del porno es mi modelo. No existe el clítoris, si mi marido no lo encuentra.

  9. La convivencia con mi hombre consiste en negociar, transigir… no entrar en conflicto, porque las mujeres somos muy perseguidoras, y eso, está muy mal. Jamás sacaré los pies del tiesto, más vale maña que fuerza…

  10. Las mujeres no nos asociamos, cuando nos juntamos nos convertimos en arpías. Aisladas y calladitas estamos más guapas. Dos mujeres juntas son akelarre...

.                                                  ...de ayer a hoy... ¡cuánto ha cambiado!

martes, 10 de noviembre de 2015

Susanita fue a jugar, pero no pudo jugar porque tenía que planchar.


Leo: "Tenemos la pretensión de ser las mejores profesionales, madres y esposas, de estar lindas y mostrarnos felices"¿En serio? ¿tenemos esa "pretensión"?  me puse a jugar con la palabra y me encajaban más otras opciones: PREtenSIÓN, preTENSIÓN.

Yo no tengo esa "pretensión" de ser la gran mujer todopoderosa que paga su súper poder con el cuerpo, la salud y la vida misma, yo estoy hasta el coño desde siempre, yo no quiero eso, yo no lo pretendo porque NO LO ESCOJO, me lo echan encima.

Lo que yo escojo, lo que yo quiero es tener tiempo para estar con mi hijo, quiero tiempo para disfrutar con él, quiero tiempo para estar a mi rollo, quiero tiempo para tocarme el higo, quiero tiempo para pintar cajas y para pintar la mona, quiero tiempo para estudiar y para leer y para tomar cañas y para follar. Y como quiero todo eso lo que hago es tener mi casa manga por hombro porque entre planchar la ropa y leer un libro no hay donde perderse. Pero aún así, aunque escoja tener la casa hecha una mierda, en todo lo demás lo que hay no son elecciones, son renuncias. Y lo son porque el señor que es biológicamente responsable de mi hijo no se responsaliza como debiera en su paternidad ejercida, y lo son porque para vivir en este mundo capitalista hay que estar produciendo económicamente abducido por una maquinaria que está muy bien pensada para robarnos el alma. Soy disidente de muchas cosas, pero de otras muchas soy una jodida víctima, como las otras millones de mujeres del mundo (porque si el marrón nos lo comemos todos, nosotras nos comemos el triple).

Dice mi amiga que a veces tiene que darse toques para no caer en ese rol. Yo le pregunto, nos pregunto: ¿te das toques de atención a ti misma, o a la voz interiorizada que te dijo que para ser "buena" tenías que petar en el intento? Y ella lo deja claro:"Petar, peté hace 3 años cuando me separé y perdí mi trabajo, pero no estaba dispuesta a seguir tragando y me planté de muchas mas cosas. Peto cada vez que tengo que hacer la casa después de llegar del trabajo, porque lo odio, por eso también esta manga por hombro... porque muchas veces me siento culpable de estar tirada en el sofá o en facebook dejando mi cabeza volar porque si tengo un objetivo debería estar trabajando para lograrlo.."
Debería...


La culpa, la culpa de las mujeres. ¿De dónde viene? ¿Quién podría pensar que está inscrita en los genes, que es algo que viene con el equipamiento de serie, como el útero o la vagina? Solo podría pensarlo alguien muy alejado de la realidad interna, del dolor del despojarnos de partes enteras de nuestra vida y nuestro ser para ocupar ese tiempo y esa energía en limpiar, maquillarnos, ir a la peluquería, depilarnos, barrer, fregar, cocinar, volver a peinarnos, planchar, hacernos la manicura, zurzir, comprarnos ropa, fregar los cacharros... ¿dónde queda todo lo demás? No, amiguitos y amiguitas, no viene de serie, la culpa nos la implantan desde niñas para que no escapemos a la jerarquía de los sexos, a la desigualdad de los géneros. Nos sentimos culpables... ¿por qué? ante quién? ¿Por atender nuestra necesidad y nuestro deseo? ¿Tenemos que estar cumpliendo con los criterios que nos marcan desde afuera y que nos dicen cómo ser buenas? 

La culpa, la vergüenza... ¿Cuántas veces hemos sentido vergüenza por no estar "correctamente" arregladas en una entrevista con la tutora del niño, o en el médico o por no estar depiladas y tener calor y, vaya, remangarnos con toda la pelambrera a la vista? 

¿Cuántas veces hemos evitado que alguna mamá del cole suba a casa porque la tenemos hecha un solar o hemos pedido perdón a las amigas por tenerla manga por hombro cuando vienen de visita? De eso si que me he curado hace tiempo, ayer mismo pasó mi vecina y se acercó a saludar a mi hijo en su habitación esquivando cojines, zapatillas y chanclas en su avanzar, y por fin me dio lo mismito lo que pudiera pensar de cómo tengo la casa un viernes por la tarde de vagueo madre-hijo.

El derecho a la pereza, el derecho a la negligencia, el derecho al descanso, el derecho a la salud. El texto que leía y  que dio pie a esta nota, venía a cuento de la salud de las mujeres, de como en todos los estudios el factor estrés y sobrecarga es determinante, hay un factor de género en la salud de unos y otras y es un factor cultural que ataca a la linea de flotación de la vida en sí, de la vida de nosotras, de las mujeres. Nos sobrecarga el patriarcado, nos sobrecarga el capitalismo, siempre los dos de la mano para jodernos a diestro y siniestro y nos queda un escaso margen para la desobediencia, así que elijo ejercerlo, hasta donde pueda. 

No puedo llegar a todo (estudios, curro, maternidad, activismo, ocio, sexualidad, vida social, obligaciones domésticas…) , ni quiero intentarlo, así que entre mi salud, y una casa presentable, escojo mi salud. Entre mis libros, los comics de mi hijo, y la plancha... pues eso, que "perdona", pero tengo la casa manga por hombro, pero es que no me da la vida y una tiene sus prioridades.  



Pd: Si decides tener la casa impoluta, tampoco te librarás del mal rollito; lo hagas como lo hagas este mundo masculino y des-cuidado lo tiene todo pensado para hacerte sentir como el culo aun cuando hagas lo que se espera de ti. Echan sobre nosotras lo doméstico y toda tarea de cuidado, pero a la vez es un trabajo que desprestigian, así que no creas que te librarás: te llamarán MARUJA. 









sábado, 1 de noviembre de 2014

TERRITORIO MINADO (LUCES Y SOMBRAS)

TERRITORIO MINADO (SOMBRAS)

Muchas veces he hablado y escrito sobre lo que supone ser familia monomarental en una cultura que ha perdido el valor de la comunidad en la crianza de las criaturas, que son el mayor bien social, pero estos días el discurso y la emoción se amplifican al ser tocados por las situaciones de mi entorno, consecuencias directas de un sistema de valores que pone en el centro el trabajo productivo, amenazando, directamente, el reproductivo.

Hubiera querido tener más hijos, pero con dificultad me las arreglo para vivir atendiendo todas mis dimensiones: madre, trabajadora, activista, persona, mujer, ser sexual, ser deseante y con sueños y proyectos, cuerpo con potencialidad y limitaciones. He tenido que hacer renuncias que ellos (con O) no hacen, elecciones y priorizaciones que ellos, en su mayoría, ni contemplan. La vida profesional y la familia en el centro, la vida personal en la lejana periferia, a la que casi no alcanzo, la salud como meta difusa a la que a duras penas puedo atender. El activismo, arrinconado; la sexualidad, pospuesta y adormilada; la vida social, relegada; futuras maternidades, descartadas. No sé dónde quedo yo entre tanta lucha cotidiana.

Hablo con mi amiga X, que desea ser madre y no lo es porque durante cuarenta y dos años no tuvo ni la situación económica ni el compañero ni el apoyo para criar, y hoy ya no puede hacerlo porque el tiempo pasó rápido en su cuerpo; hablo con mi amiga Y que decide abortar porque sabe que elegir criar supone descarrilar profesionalmente y se enfrenta a la elección con relativa convicción y necesario dolor; hablo con mi amiga Z que no inicia el proceso de acogida de menores porque no tiene respaldo de su entorno inmediato para sacar adelante a un hijo y a un niño acogido. Frustración aquí y allá, identidades fragmentadas por todas partes, elecciones que parecen afectarnos solo a nosotras, y que no tomamos en libertad real, sino presionadas por un medio ambiente hostil, una cultura contra la vida, aunque proclame lo contrario.

No es obligatorio ser madre, es una elección personal, al menos así lo formulamos pero la realidad es otra: la realidad impone maternidades frustradas y maternidades impuestas. Madres que quieren serlo y no pueden, mujeres que no quieren serlo y son obligadas a golpe de ley, crucifijo y falo.
Los hombres, en su mayoría, permanecen ajenos a las disyuntivas, ausentes de los debates. Ellos viven sin más y su lucha -si la hay- es de clase, y en ella se centran -si lo hacen- olvidando que nosotras cada día enfrentamos dilemas, renuncias, rendiciones, frustración y culpabilidades que no nos corresponden más que en virtud de un sexo que se decidió secundario. ¿Dónde están nuestros compañeros?

Gobiernos “religiosos” que se proclaman pro-vida imponen nacimientos y maternidades no deseadas mientras mutilan maternidades existentes, vidas que caminan y respiran desatendidas y desamparadas, dicen proteger a los no nacidos mientras desahucian a madres e hijos de sus casas, hipotecan vidas por impago en la hipoteca, el dinero sobre la vida, el discurso sobre los hechos, la hipocresía sobre la honestidad cotidiana de quién solo quiere hacer bien lo que le toca, en soledad y sobrecarga. Gobiernos coercitivos, compañeros ausentes, éticas hipócritas, y entre ellas, nosotras, en medio del fuego cruzado.

Me pregunto cuánto tiempo más podrá soportar la sociedad esta flagrante deserción del cuidado de las cuidadoras, me pregunto cuánto tiempo más se sostendrá una cultura que no sostiene a las sostenedoras. Me pregunto cuánto tiempo más aguantaremos la carga en nuestros cuerpos, la renuncia en nuestras almas, sin rebelarnos de una vez por todas. Me pregunto cómo rebelarme si en mi ausencia, durante mi rebelión, nadie se hará cargo de mi carga, que es la de todos al fin y al cabo. Me pregunto porqué dar vida habría de suponer una carga y no un trabajo, difícil a veces, gozado otras, pero valorado y compartido siempre, si los patrones que nos rigen fuesen otros, más razonables, más justos, más equitativos, más acordes con lo que en el fondo somos unos y otras, humanidades y seres vivos. No podemos seguir organizados en producir cosas, a veces tangibles a veces intangibles, abandonando el centro de lo que somos; si no asumimos, urgentemente, que somos ante todo seres interdependientes y necesitados de otros y otras, si no asumimos que somos ante todo Vida y sostenemos las vidas que ya caminan, antes o después el petardo (porque vivir así es un jodido insostenible petardo) nos acabará explotando en la cara.

Y explotará, tengo esa certeza, aunque ellos ignoren -en su privilegio y mirando a otra parte- que viven, vivimos, en territorio minado.

TERRITORIO MINADO (LUCES)

¿Y si a pesar de todas las sombras elijo las luces?
¿Y si a pesar de todas las deserciones decido buscar las alianzas?
¿Y si a pesar de mi isla decido que no sea desierta y que sea, sí o sí, fértil?

No se trata de glorificar la maternidad como el mandato mistificado y mitificado, se trata de hacer brillo de lo opaco, dignidad de lo humillado, completud de lo mutilado, honra de lo desvalorizado, riqueza de lo saqueado. Por rebeldía, por justicia, por mis humanos benditos ovarios y mi furia hecha motor y mi indignación reciclada en combustible.

Hablamos de legítima libertad, hablamos de estar donde una está, en presencia, sabiendo que en la lucha diaria también hay gozo, desobediente, negándome a que me priven de lo bello y de lo alegre. Cansada pero no vencida, sigo reclamando nuestro espacio, si hace falta echándole codos, pero sin que me quiten la abonada rabia y la legítima sonrisa.


Hay, pese a todo, espacio para la libertad incluso entre las cuatro paredes del violento patriarcado y me erijo matriarca de mi propia vida, y desde aquí llamo a otras a rebelarnos y revelarnos y tender redes y puentes y lazos y aullidos.
No me resigno, no me rindo, no me someto. Hay, pese a todo, espacios para la alegría y el disfrute, ahí está no nuestro refugio, sino nuestra bandera, el signo que proclama que no nos vencerán y encontraremos el modo de ganar diariamente y cada una un centímetro cúbico de autoridad y poder, poder para ser, y no cederemos. Nos va la Vida en ello.