
Ayer tuvo lugar el Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres y en muchos lugares del mundo salimos a marchar exigiendo medidas efectivas para afrontar las violencias machistas. En Madrid fuimos numerosas, pero como siempre, mujeres en un 90%: se ve que la violencia ejercida por los hombres contra las mujeres aún les resulta a los perpetradores (por acción, connivencia u omisión) un tema que no va con ellos, jodida paradoja.
Me cuenta una compañera que estuvo en una mesa de sensibilización en Sol, que muchos hombres se acercaban con la cantinela de siempre ¿y qué pasa con la violencia hacia los hombres? (machicryers everywhere). No me voy a extender en explicar lo que ya deberían saber (o ya saben, pero son cansinos; en una guerra de desgaste que no comenzamos nosotras), las feministas ya estamos cansadas de hacer pedagogía para oídos sordos y estamos en modo ahorro de energía con machitrolls reincidentes y reiterativos, así que nos basta con responder con memes y letreritos sencillitos, para que no digan que no entienden, como este:
La reactividad de los machos que ven sus privilegios
hacer aguas va en aumento cada día (ladran, luego cabalgamos) y a nosotras nos
toca hacer un ejercicio de resistencia constante porque hasta entre los
compañeros "de izquierdas" nos topamos con hostilidades más o menos
directas, mansplanings en toda regla y esparramachismos a tutiplén.
Entre las últimas sobradas de los machiplastas destaco
dos, por significativas. El viernes pasado, en una presentación de un libro
sobre Alejandra Kolontai (que aprovecho para promocionar, ha sido editado por
Horas y Horas, y al cuidado de Ana de Miguel)
después de hablar las tres protagonistas del evento, se nos dio la
palabra.
Espacio de mujeres, mesa de mujeres, público femenino:
¿adivinan quien pidió la palabra en primer lugar?
¡Efectivamente! un machote que nos quiso explicar el
mundo (porque claro, las mujeres somos tontas y no entendemos de política, y
las de la mesa que tienen un largo recorrido militante y conocimientos de
teoría política potentes tampoco saben nada si no lo explica un tío 30 años más
joven y verde con sus topicazos) y ahí se esparció el muchacho y se marcó una
machicharla hasta que una compañerera le cortó. y qué bien le cortó, con su
bebé en brazos y su firmeza en la voz. Esa es autoridad de la bonita, lo otro
solo es esparramachismo del que ya aburre tela. Y no se cansan, oiga.
Y anoche, durante la concentración en Sol tras la
marcha, mientras las compañeras de la batukada tocaban para cerrar el acto, un
tipo como un armario se fue abriendo paso desde el final hasta el principio,
colocándose frente a todas y justo delante de mi hijo, quien dejó de bailar (y
de ver a las compañeras que tocaban, con un tío de 1,80 insertando su culo
delante de su carilla perpleja, por su santo privilegio y falta de el más
mínimo tacto o educación) y me miró desconcertado. Osea, que en una marcha
mayoritariamente compuesta por mujeres, en un acto contra las violencias
machistas, un maromo tiene los cojonazos de adelantarse a todas, taparnos con
su espalda y con la poca vergüenza de colocarse justo delante de un niño de
diez años, dejándole cero visibilidad y el mínimo espacio. Porque sí, porque le
sale del falocéntrico miembro.
La sangre se me encendió (¿qué estaba aprendiendo mi
hijo si la cosa quedaba así?) y le cogí del brazo, diciéndole que no, que ni de
coña, que allí estaba el niño, que se apartara y se pusiese en otro lado. El
tipo seguía bailando y yo seguí tirando de su brazo y empujándole el hombro,
sin hostilidad pero sin ceder, y nos señalé a todas diciéndole "Aquí ni de
coña, chaval".
Y se tuvo que pirar. Miles de mujeres le rodeábamos, sus
huevazos de homo erectus pesaban más (o eso creía él) que nuestro derecho a disfrutar
de aquel espacio en paz, pero se tuvo que pirar. Y lo más jodido es que yo no
las tenía todas conmigo; ni siquiera allí, entre mis compañeras, estaba segura
de que el mamarracho no se pondría violento, de tan sobradete como estaba y tan
borracho como iba. Y así es TODO, y lo cuento como anécdota, sabiendo que no lo
es. Porque no es anecdótico que ni siquiera en nuestros propios espacios
estemos a gusto, ni tampoco seguras. Tienen el mundo entero ocupado y no les
basta, les agrede cada milímetro que tomamos para nosotras mismas y lo invaden
con su asquerosa machirulez haciendo ostentación de violento poder patriarcal,
a sabiendas de lo que hacen o por simple inercia, simplemente porque pueden, y
porque es lo que han hecho siempre. Pero
nosotras no daremos ni un paso atrás.
Las exigencias de ayer fueron claras: prevención,
coeducación, recursos de protección, el fin de los recortes y de la
feminización de la pobreza que se ha agudizado con la reforma laboral y la
"crisis" económica y el compromiso de los medios de comunicación para
informar adecuadamente sobre las violencias machistas. Que el terrorismo
machista sea cuestión de Estado.
Podéis leer el manifiesto completo, con todas las
exigencias, aquí: https://asambleafeministaunitaria.wordpress.com/2015/11/25/25-n-dia-internacional-por-la-eliminacion-de-las-violencias-contra-las-mujeres-2015/
Seguiremos adelante, juntas, resistiendo y avanzando,
hasta que todo esto que es el pan nuestro de cada día, empiecen a ser,
efectivamente, meras anécdotas aisladas, por fin. No nos queda otra, y a ellos,
los violentos, tampoco, porque esto es lo que hay y no hay vuelta atrás: Ni una
mujer menos, ni una asesinada más.





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