lunes, 18 de enero de 2016

QUERIDO AMIGO “NO MACHISTA” QUE MANEJAS DISCURSOS POSTMACHISTAS, ESCUCHA.



Pues no, hombrecillo (u hombretón), tú no deberías tildarme de “exagerada” o “extremista” por nombrar y señalar los machismos cotidianos que me afectan, no deberías hacerlo si además eso va precedido de la frase “Yo no soy machista” (seguida de la conjunción “pero”). No deberías porque eso denota muchas cosas: falta de empatía, falta de comprensión, falta de conciencia, falta de escucha, falta de acompañamiento de mi cotidianidad y de mis luchas.

No deberías catalogar de “paranoia” mi prevención cuando voy por la calle y el enemigo potencial es un hombre, porque –insistiré una vez más, aunque esto ya deberías saberlo- no es que todos los hombres seáis agresores, es que todos nuestros agresores son hombres. Es así aunque te joda: nunca me abusó sexualmente otra mujer, no me golpeó otra mujer, no temí por mi seguridad a las 4 de la mañana volviendo sola a casa por el potencial ataque de otra mujer. Las mujeres no vamos agrediendo con nocturnidad y alevosía a otras mujeres, ni a los hombres. Al revés, sí. (y no me salgas con casos individuales y excepcionales: hazte un favor y no caigas en el ridículo con falacias insostenibles).

No deberías, si te consideras a ti mismo no machista y compañero de las mujeres, calificar mis actitudes y apreciaciones al respecto, y mucho menos ridiculizarlas o menospreciarlas, porque tú no sufres mis opresiones, y cuando haces comentarios capciosos al respecto, disfrazados de bromitas, me estás agrediendo. Y luego me llamas paranoica cuando te lo señalo. Es muy cansado, amigo, y no facilita nuestra relación. Piénsalo un rato, anda.

Cuando dices “no me gustan las feministas radicales porque son tan extremistas como los machistas”, cuando me llamas "feminazi" o "hembrista", aunque sea entre bromitas, estás manejando un discurso postmachista, aunque no te des cuenta, y estás desacreditándote como hombre feminista. Y si ni siquiera te calificas como feminista, pero sí “no machista”, es que además no has comprendido nada. No pasa nada por no comprender, siempre se puede empezar a aprender lo que no se sabía, pero instalarse en la ignorancia voluntaria sí es éticamente reprobable, sobre todo cuando se está siendo ofensivo. De los errores se aprende cuando hay voluntad de enmienda. 




Escucha un poco, con los oídos y la conciencia, en lugar de revolverte como gato panza arriba sintiéndote personalmente interpelado cuando se te explica la razón de ser de nuestros argumentos, cuando desmontamos los tuyos: no existe un "feminismo bueno" y un "feminismo malo", existe comprensión o no de lo que es el feminismo radical, que es el que va a la raíz de las opresiones. No entres en el "así sí/así no", se te escucha demasiado paternalista y rancio. Y tú eres más listo y capaz que eso.



No recurras al pseudo humor capcioso, porque con eso solo disfrazas una misoginia interiorizada de la que te niegas a desprenderte. Ya sé que escuece, pero es así. Muchos otros hombres que pasaron por tu proceso te lo pueden contar, es posible que a ellos sí les escuches (porque quien tiene misoginia interiorizada aun da más peso a los argumentos de su propio género que a los nuestros, pero no pasa nada si lo intentas y te das cuenta más pronto que tarde: es liberador desprenderse de esos tics micromachistas que también te oprimen a ti).

No deberías desestimar mis argumentos, basados en montones de lecturas sobre teoría feminista y en mi propia experiencia de mujer, porque te olvidas de que tú eres parte del género opresor, y no, tú no lo escogiste, te vino de nacimiento, pero cuando no renuncias a tus privilegios de género sí escoges voluntariamente mantenerte en ellos. Yo tampoco escogí ser blanca y europea, pero sí escojo desprenderme de mis privilegios de blanca europea, o de ponerlos al servicio de lxs no blancxs europexs cuando defiendo sus derechos, y no cuestiono sus malestares.

Vamos a dejar de lado por un momento el género y hablemos como colegas, querido amigo que manejas discursos postmachistas. Dime si cuando un amigo se queja de dolor de muelas te cachondeas de su dolor y lo ninguneas. Dime si cuando a ti te duele la espalda, te agrada que tu amigo entre a valorar si tu dolor es real o exagerado, si s¡tu análisis de la situación ("anoche dormí hecho un higo en el sofá y ahora tengo las lumbares en pepitoria") es acertado o no. Si bromeas cuando siente dolor porque menosprecias su malestar ("¡anda exagerao! ¡que eres un blandengue!") estás siendo un capullo; si tu amigo además de cachondearse de ti  y ningunear tu dolor, lo hace también con todo aquel que se le cruza aquejado de dolor de espalda, él que tiene una columna vertebral más sana que una manzana, y define tu escala del dolor según su propia experiencia ("el dolor de cervicales, vale, pero de lumbares no te quejes que eso es super extremista") está demostrando arrogancia y poca empatía. Si se lo dices e insiste, está además siendo un capullo.

Qué cosa más tonta de ejemplo, ¿verdad? Pues así de tonto suenas tú cuando haces lo mismo en tu reacción contra la visibilización de las opresiones de género. Tú no deberías evaluar qué es o no es exagerado, porque no te oprime a ti, hombretón. Y si eres amigo y compañero lo suyo sería que cuidases de mi dolor de género como yo lo hago con tu dolor lumbar: sin juzgarlo. Y si te lo digo es porque aún confío en que podemos mejorar nuestra relación, como tú me lo dirías si yo no cuidase de ti cuando manifiestas tus dolores, querido amigo neomachista de espalda frágil y bromas capciosas. Desde el cariño (y la hartura) te lo digo: cuando desestimas y menosprecias mi dolor, me haces daño.

Por supuesto, puedes seguir sin interesarte por el feminismo y nuestros argumentos, puedes seguir usando bromitas insidiosas, puedes seguir enjuiciando mis actitudes y ninguneando mi sentir, puedes hacer todo eso (como poder, puedes, y de hecho lo estás haciendo) pero entonces, hombretón (u hombrecillo), no te definas como no machista, porque con todo eso invalidas tu afirmación, porque las afirmaciones son huecas sino no se acompañan de hechos. Puedes elegir dónde y desde dónde te posicionas, desde el machismo light del que no quiere ver y solo se enuncia, o desde el lugar de verdadero compañero que comprende y acompaña, estás en ese punto en el que todavía tienes remedio, yo te esperaré un rato (pero los ratos no son eternos) mientras das el paso, porque nadie nació sabiendo, pero solo se sabe cuando hay voluntad de saber. 





viernes, 15 de enero de 2016

KOLONTAI, WYOMING, Y LA TATIANA DE GORKI (Machiruladas noveladas y televisadas).

En La Mujer Nueva, (1918) Alejandra Kolontai  escribió sobre las nuevas heroínas de la literatura de su tiempo, comparándolas con las antiguas heroínas caracterizadas sobre todo por vivir para el amor como el fin primero y último de sus vidas, un amor del cual dependen su propia estima (siempre supeditada al varón que las escogió), su identidad y su propia subsistencia.  Estas nuevas heroínas que describe Kolontai, aun siendo muy distintas unas de otras, comparten rasgos comunes, entre ellos el hastío que les produce sentirse tratadas como parte del todo amorfo en el que se engloba a “La Mujer”,  sin individualidad propia. Un ente amorfo que además responde tan solo a dos expectativas masculinas: satisfacer su ego, satisfacer su apetito sexual.




Anoche en El Intermedio, el Wyoming volvió a aburrirme con uno de sus chascarrillos habituales. Entiendo que el personaje que representa es esa parodia del tío patético y “viejo verde”, suponemos que en plan satírico y gracioso, pero a mí me parece que además responde a una falta de imaginación por parte de sus guionistas, que recurren a topicazos como ese, como podrían hacerlo al caca culo pedo pis. La situación fue la siguiente: Wyoming alaba a Thais Villa su labor como periodista, elogia su última entrevista y le augura un prometedor futuro profesional. Y todos sabemos que no quedará ahí la cosa, porque es imposible que este hombre reconozca a su colaboradora en tanto a lo que es, periodista y profesional. El diálogo que sigue lo confirma:

     - Vaya, veo que uno de tus propósitos de año nuevo es ser un jefe más              motivador.
     - En realidad quería acostarme contigo, pero veo que no funciona.

Y el público, jajajaja, se ríe.

Se supone que El Intermedio es un programa progresista  que “mete caña” a los políticos, en especial a los de derechas, y se supone que es gracioso pero son incapaces, desde su progresía de gañán con palillo en la boca, de ver lo ofensivo que esto resulta. No sé qué tal lo llevan Sandra Sabanés y Thais Villa aguantando esta sarta de gilipolleces día tras día, pero a mí (y a casi todas) me ha cagado la cara cada vez que un jefecillo me ha “piropeado” como una gracia y he tenido que morderme la lengua porque era “mi superior”. Eso es un abuso de poder, porque como subordinada te tienes que joder y callar, o a la puta calle. Y es una mierda como un piano que se insista en esa clase de gracietas en televisión, porque continúan perpetuando el esquema viejo-verde-acosa-a-joven-de buen ver-y ella sonríe-porque no le queda otra. No te elogio como profesional, te miro las tetas y la audiencia se parte la caja. Qué gracioso.




Transcribo un párrafo del texto de Kolontai, escrito, insisto, hace un siglo:


 “Maldigo mi cuerpo de mujer; por él no veis en mí otra cosa, algo más precioso.” (…) Y esta protesta, bajo una u otra forma, la repiten las heroínas de cualquier nacionalidad. Incluso el alma sencilla de la Tatiana de Gorki protesta ya contra una actitud que quiere hacer de ella un mero instrumento de diversión. “Me habría tomado… Y yo no quiero, no puedo así, sin corazón… como un gato… ¡Qué agobiantes SOIS todos!...” Cuanto más decantada es la personalidad de una mujer, más se siente “ser humano, más intensa es para ella la ofensa del hombre que, por su mentalidad formada en el curso de los siglos, no sabe advertir, en la mujer deseada, el individuo que despierta.(…) “Nada deseo con tanto ardor como encontrar a un hombre a quien no quisiera abandonar”, dice Maya.”

Cien años, y no han aprendido NADA.

Yo misma me encuentro más veces de lo que quisiera, distanciándome de hombres a los que aprecio por que “qué agobiantes SOIS todos”, harta de sentir que la primera, la segunda, y tal vez la tercera razón por la que algunos me buscan (y no soy ninguna Scarlet Johanson, solo una mujer normal) es para acostarse conmigo. Si no cuela, bueno, seguimos tan colegas, pero el fondo está ahí. Saber que eso es lo que primeramente les interesa de una (de mí, de todas), porque somos ante todo cuerpo sexual, cosa, y luego si acaso, persona.

Las mujeres profesionales son tetas y cara agradable, y luego, si acaso, profesionales. Y en última instancia, con suerte, personas. Y ellos lo novelan y lo televisan y nosotras lo padecemos cada día en nuestras psiques y en nuestros cuerpos. Y nos harta y nos agota y nos llena de ira. Y ellos no se enteran.


Ya lo dijo Kolontai hace cien años: “Los hombres no suelen comprender lo que nos asquea de ellos”.

No lo suelen comprender, porque no escuchan, porque no quieren escuchar. Porque es más fácil seguir haciendo las gracietas de siempre y si nos joden, decir que somos nosotras las que no tenemos sentido del humor. Como si, parafraseando de nuevo a Kolontai, las relaciones intersexuales (entre los géneros, diríamos hoy) no influyeran fundamentalmente sobre el resultado de la lucha entre las clases adversas.

Ella, revolucionaria rusa hace un siglo, padeció la misma basura de los comunistas de entonces, lo denunció ayer y lo denunciamos ahora, pero, hale, machirulos de izquierda y de derechas, seguid mirándoles las tetas a vuestras compas de curro y militancia, y luego anarcomachos y machistas-leninistas, seguid clamando “revolución, revolución” en vuestras asambleas con vuestra izquierdosidad de palo, pero luego no digáis "es que yo no lo sabía".










domingo, 13 de diciembre de 2015

Hacerse la tonta para no pasarse de lista: la inteligencia amordazada.



"El ser reconocido como inteligente o serlo de alguien con talento puede acarrear problemas sociales para las chicas. Por miedo a la desaprobación de sus propias amistades, las chicas muy inteligentes, pueden de manera intencionada, disminuir su propia capacidad. En otras palabras, estas chicas ”se hacen las tontas”. Los padres pueden también estar mandándoles mensajes negativos sobre cómo deben de actuar las chicas, sobre lo educadas que deberían ser, sobre cómo deben de vestirse, sobre con qué frecuencia y en qué tipo de situaciones deberían incluso de hablar o de no hacerlo.(...) la preocupación sobre los errores, lo percibido de las expectativas de los padres y de la crítica de los mismos, eran los factores a destacar en las chicas jóvenes superdotadas con un perfeccionismo insalubre/disfuncional. Poseen una fijación sobre el cometer fallos, lo cual da como resultado altos grados de ansiedad.

En un estudio cualitativo reciente sobre cinco adolescentes superdotadas, ninguna atribuía su propio éxito académico, a la posibilidad de que la causa se debiese a su extraordinaria capacidad. (Callahan, Cunningham, & Plucker, 1994). Otros estudios recientes han indicado que a pesar de la existencia de ”la modestia femenina”, algunas chicas superdotadas, admitieron sus capacidades, después de admitir que tenían miedo, por lo que les deparaba el futuro."


Leyendo el texto del que extraigo los párrafos previos  siento una identificación total con la problemática que describe;si yo, con una inteligencia sobre la media, sé de sobra lo que es tener que hacerte la tonta, o rebajar el nivel del discurso para que no te acusen de "ir de lista", puedo suponer lo que ha de ser para las que son inteligentes muy por encima de la media). Cuando además de inteligente, una mujer es crítica, afirmativa de su posición y criterio, emancipada y atractiva, la neurosis está garantizada. 



¿Qué mujer no ha sentido esto alguna vez? ¿Por qué la represión constante de nuestras capacidades es la dinámica necesaria para evitar hostilidades del entorno? A los hombres no les sucede, a muchos, de hecho, les encanta escucharse a sí mismos aunque no tengan nada que decir, y son escuchados con respeto y admiración por sus pares, cuando no con sumisión al macho Alfa; pero cuando es una mujer la que destaca por inteligencia y carácter, es automáticamente percibida como prepotente y recibe actitudes defensivas, cuando no abiertamente ofensivas y hostiles.

La campaña ban bossy, que pretende alertar sobre las consecuencias negativas de los estereotipos que inhibien el liderazgo en niñas y mujeres, mientras incentiva el de niños y hombres, puede hacerse extensiva a otras capacidades que se perciben de modo distinto cuando son performadas por hombres o mujeres como la inteligencia, la firmeza, la asertividad o la claridad de objetivos.  Listilla versus inteligente, borde o histérica vs firme, agresiva vs fuerte, ambiciosa vs enfocado, son la doble visión de los atributos desde una perspectiva machista y androcéntrica de los géneros.



Por citar solo unos ejemplos, recuerdo a mi padre confesándome en mis tempranos veinte años que se sentía en una especie de rivalidad constante conmigo, y que eso le incomodaba; recuerdo a un tío mío a mis treinta años disculpándose conmigo después de haber sido ofensivo, reconociendo que mi inteligencia le hacía sentirse amenazado; recuerdo a algunos novios de hace mil años que me acusaban de hacerles sentir desafiados; mujeres de mi familia diciendo "te crees muy lista solo porque sabes expresarte bien" o a chicas del colegio acusándome de "pensar demasiado". A amigos diciéndome que siendo atractiva, inteligente y sabiendo lo que quiero siempre tendré problemas con los hombres, porque eso no gusta. A parejas sexuales que me reprochan "darles un máster" cuando me expreso en una simple conversación, si es que sostengo un punto de vista que les incomoda y lo sé defender. A jefes pidiéndome que "me limite a hacer lo que se me pide", elogiando mi atractivo y ninguneando mi inteligencia (como anécdota llevo a fuego la ocasión en que como intérprete entre directivos de dos compañías jamás se me reconoció mi buena labor, pero se me pidió llevar faldas a las comidas y cenas de negocios con clientes). Siento que yo "sólo hablo" cuando tantos me perciben como "una listilla". Y reviso el tono, reviso las formas, rebajo el discurso, o no sigo profundizando, o no entro en matices, o me callo. Me hago la tonta para que nadie se sienta incomodado, para no sentirme incómoda yo. Y mientras tanto, cualquier tío toma la palabra y dice lo que quiere sin que nadie lo cuestione.


Algunas mujeres solo nos sentimos plenamente libres en un entorno feminista, porque entre nosotras intercambiamos visiones y saberes de igual a igual y con respeto mutuo, sin etiquetarnos como "listillas" o "prepotentes" (no es que no haya prepotentes entre las feministas, es que no asignamos prepotencia a cualquiera que se exprese con claridad de ideas) y eso debería preocuparnos a todos y a todas; a las mujeres, evidentemente, por la represión/inhibición de capacidades con la que frecuentemente vivimos, si no queremos ir "haciendo amigos" a cada paso (y con ello pagamos neurosis por la escisión vital entre lo que se es, lo que se puede ser, lo que auto-boicoteamos, lo que se logra, lo que se muestra) y a los hombres porque, por dignidad al menos, no debería agradarles saber que se miden con compañeras que rebajan su capacidad por no ofender sus egos. Aunque solo fuera precisamente por ego, debería gustarles medirse con una igual, no con una que inhibe su capacidad, como con un niño pequeño al que se deja ganar para evitar una rabieta.
Nos empoderamos porque antes nos desempoderaron, nos hicieron creer que éramos menos de lo que éramos, o que debíamos aparentar ser menos de lo que éramos, si queríamos vivir en relativa paz. Y vivimos durante toda nuestra edad adulta la reconstrucción de nuestras capacidades mutiladas, de nuestro autoconcepto roto o fragmentado, de nuestra identidad escindida, construyendo al tiempo una persona que conjugue capacidades que nos permitan avanzar, con modestias que nos protejan. Vivimos, en palabras de Marcela Lagarde, en cautiverios y sincretismos que, en en demasiadas ocasiones dificultan nuestro desarrollo y salud mental y emocional.

Nosotras los comprendimos hace tiempo, y desde el feminismo tratamos de afirmarnos para que las mujeres dejemos de ser el recurso más infrautilizado, por parafrasear a una mujer nada sospechosa de feminazi, Hilary Clinton, aunque prefiero citar a otra mujer con la que me identifico más: 



Esta relación de igual a igual ha de llegar a toda la sociedad porque la enriquece como conjunto, y la legitima como "democrática" (sin entrar en matices o cuestionamientos sobre el concepto, que ocuparían un espacio que prefiero acotar) cuanto menos desigual y asimétrica sea. La revolución será feminista, o no será.



viernes, 11 de diciembre de 2015

“Nosotras no odiamos a quienes nos odian” (violencia, no violencia, mansedumbre)


"Cuando una mujer dice "odio a los hombres", se refieren al modo 
"deja de herirme a mi y a mis hermanas", 
no al modo "quiero violarte, asesinarte y oprimirte", 
ya sabes, el modo en que los hombres odian a las mujeres"

“Nosotras no odiamos a quienes nos odian, el odio solo engendra odio”

Leo en Facebook en un hilo en el que se debate acerca del tuit aquí publicado: "Yo no diré que odio porque eso es lo que quieren para llamarme feminazi"  y me sugiere varias cosas, principalmente dos: la ingenuidad de pensar que con buenismos se logran eliminar los privilegios del opresor (como si quien oprime renunciase a sus privilegios voluntariamente y solo a base de buenas maneras y concienciación), y la idea bien inoculada por todas las clases sometedoras de hacer creer a los sometidos que de algún modo necesitan de la aprobación de los opresores. Personalmente me importa tres mierdas que cualquier machista me llame feminazi, sé en qué lado está cada uno de nosotros y no me interesa contentarles rebajando el tono de mi discurso ni la intensidad de mi furia.

Confundir violencia con legítima defensa es un producto claro de esta sociedad de clases antagónicas (sean por raza, estatus o género) para evitar disidencias preocupantes. Ser mansos es un mandato de toda religión organizada al servicio del mantenimiento de los privilegios de unos pocos.

Mantener activa la Coelhiana “ética” del “ama y piensa positivo”, reforzado con el topicazo simplista de que "del odio solo pueden salir malas consecuencias" es desmovilización disfrazada de pseudo filosofía, promovida por los poderosos, y supone no haber entendido el tuit (y la lucha social) ni un ápice, porque lo que la frase tuiteada pone de relevancia es que el odio del sometedor es violencia para someter, y el odio de las sometidas es toma de conciencia y revulsivo contra la violencia recibida. Sostener que desear mal (odiando al opresor) es en algún modo equiparable a violentar a los oprimidos, es además una falacia: DESEAR MAL Y HACER MAL NO VAN NECESARIAMENTE UNIDOS; además, odiar para someter es un acto CONTRA otro; odiar para liberarse de un yugo es obrar A FAVOR de sí y las semejantes.



“No odio a los que me odian” supone, además de una lógica argumentativa sesgada por los factores ya mencionados, varias cosas más: ¿Qué salud mental y emocional puede generarse en un ser humano que es reiteradamente violentado y no reacciona con violencia legítima a esa violencia? Represión. El imperativo de la mansedumbre, confundida con no violencia. Además, implica una arrogancia extrema disfrazada de humildad: la arenga buenista de la que se erige autocontrolada y en plena posesión de sí, escogiendo el bien sobre el mal delata unas ínfulas de superioridad moral que atufan de lejos. ¿Quién se autoriza a sí mismx a sermonear sobre escoger no odiar a quien está siendo golpeada y violada? ¿Quién tendría la suprema soberbia de decirle a una mujer que está siendo apaleada y abusada que no odie a su apaleador y abusador? Las mujeres somos apaleadas a diario en todo lugar y tiempo, y se nos pide, incluso entre nuestras propias filas, que reconsideremos nuestras emociones y estrategias: ¿Para qué, para quién? ¿Para vivir reprimiendo emociones legítimas? ¿Para ahogar estrategias necesarias? ¿Para satisfacer al tipo que mantiene su bota sobre nuestro cuello?

Hace rato que es hora de que las mujeres nos liberemos del mandato de la “mujer virtuosa”, el ser-para-otros, que antepone el bienestar ajeno (hasta el de propio verdugo) que el propio. Si el bienestar necesita en cierta medida de rabia, odio, o defensa propia para construirse, bienvenidos sean todos. Las que nos antecedieron lo sabían (pero parecen no saberlo las actuales buenrollistas): con mansedumbre no se avanza. lo supieron las obreras anarquistas, lo supieron las burguesas sufragistas, lo supieron Alejandra Kolontai, Angela Davis, Susan B. Anthony y otras muchas. Y ellas supieron luchar con noviolencia, pero siendo fieras y haciendo uso de la legítima defensa propia.




Nietzsche se equivocó cuando dijo: “No se odia mientras se menosprecia. No se odia más que al igual o al superior”. Hay odios legítimos y furibundos de los oprimidos a los opresores; se les odia desde el desprecio, pero también desde la inferioridad de estatus (que no moral). Se les odia porque así nace, se les odia porque así lo merecen, se les odia porque es el único lenguaje que son capaces de escuchar. Los demás lenguajes (la pedagogía, la sororidad, el diálogo) se emplearán con los aliados y aliadas, con los co-constructores de una sociedad distinta, más equitativa, y por ende, menos violenta, y cuando esta sociedad empiece a emerger, la violencia irá cediendo, por innecesaria. 


ÉPICA


Los hombres (y su cultura) saben hacer épica de cada pedo que se tiran, y sin embargo nosotras, que de tantas luchas hemos salido magulladas pero enteras, y cada vez más fuertes, parecemos lamentarnos cuando relatamos las violencias recibidas.


Ha de cambiar la visión que convierte en héroe a cualquier portador de pene haga lo que haga (marcar un gol, ganar dinero, follar mucho, cambiar un jodido pañal) y que de nosotras hace mártires. Nosotras que parimos, criamos, hacemos malabares para conciliar, para llegar a fin de mes, seguir formándonos, seguir siendo personas lo más completas posibles, curando heridas propias y ajenas. Sobreviviendo a violaciones y golpes, lamiendo el odio a la par que las llagas, dignificándonos a cada paso.



Dime, ahora que me lees ¿es mi reflexión un novelón de drama queen o es verdadera épica de género ninguneada desde el falocentrismo de las miradas que valoran el pedo del macho y menosprecial el parto de la hembra?


No tenemos que cambiar nosotras, ni nuestro relato, ni nuestro modo de contar. Tiene que cambiar la mirada, graduar la vista del que observa y juzga desde su sesgo enfermo y enfermante.


martes, 1 de diciembre de 2015

SINDROMIZÁNDONOS LA VIDA

“Las autoridades sanitarias advierten que…”

Autoridades Sanitarias: ¿por qué AUTORIDADES y no, por ejemplo, Expertos? La nomenclatura no es casual, dar rango de autoridad a una institución le confiere incuestionabilidad y se le presupone cierta obediencia por quienes no estamos imbuídos de dicha autoridad. Y así es como las Autoridades Sanitarias desde su dictadura nos arrasan los cuerpos con fármacos y las mentes con trastornos.

Creo que la psiquiatría, en su deriva actual, es uno de los grandes males del siglo XXI, la biblia psiquiátrica, el DSM, es un compendio de trastornos y síndromes que no para de crecer (ya vamos por el “fascículo” 5 de esta serie por entregas) que nos dice qué es la normalidad y qué es lo anormal, y que nos dice, no solo eso, también nos aclara que lo "anormal" es enfermo. Pero ¿quién dicta, y en base a qué criterios, lo que es normal?

Estar deprimido no es estar enfermo, a menos que haya desórdenes bioquímicos, en una sociedad cuya tendencia es enfermar a la población, puesto que es el sistema el que está enfermo. Ser desordenado o distraído no es una enfermedad, y sin embargo se sobrediagnostica TDAH (suponiendo que realmente el TDAH exista en absoluto y pueda considerarse efectivamente una enfermedad) a cualquier niño que se mueve, se pierde en clase, no está motivado o se aburre. (Podéis leer mis opiniones y vivencia al respecto como educadora, crítica con el sistema educativo, y madre de un niño diagnosticado con TDA, aquí: http://pensamientopeligroso.blogspot.com.es/2014/12/trastorno-por-deficit-de-atencion-tda.html ). Ser tímido o tener intereses y capacidades peculiares, no convierte a un niño en Asperger, y sin embargo se sobrediagnostica este trastorno entre otros del espectro autista:

“A los niños y adultos con déficits interpersonales significativos se les está metiendo en el mismo saco que a los niños y adultos con problemas de adquisición del lenguaje. Actualmente, con los criterios de diagnóstico de Asperger cada vez más vagos, a los niños y adultos que son tímidos y retraídos, que tienen intereses raros como horarios de tren o estadísticas de béisbol, y que tienen problemas para relacionarse con sus iguales, pero que no tienen problemas de adquisición del lenguaje, se les coloca en el espectro del autismo.”


Esta cita está extraída de un artículo del psiquiatra Paul Steinberg publicado en The New York Times el 31 de enero de 2012, todo él bastante crítico al respecto de los criterios de diagnóstico –cada vez más laxos- utilizados para el Síndrome de Asperger (podéis leer una traducción del artículo aquí: https://dejemoslescrecer.wordpress.com/2015/04/30/el-sindrome-de-asperger-y-su-historia-de-sobrediagnostico-del-sindrome-de-asperger/  )



El sobrediagnóstico de trastornos en la infancia se extienden a otras “enfermedades” que como poco pueden resultar cuestionables, como el TDAH ( http://noticias.lainformacion.com/salud/pediatras-alertan-de-un-posible-sobrediagnostico-del-tdah-en-espana_ggdcTzjsgK9dyDSZK0LQF5/)  y sin embargo los profesionales de la educación siguen derivando a los equipos de orientación al alumnado molesto en busca de explilcaciones científicas para lo que con mucha frecuencia se explica por la simple diversidad de modos de ser de la infancia. Se sigue llevando a los niños al pediatra, y este derivando a psiquiatría infantil, por problemas de falta de atención, timidez, inquietud, agitación motriz, confundiendo en muchos casos una dificultad con un problema, y un problema con un trastorno. No son niños enfermos, son niños.


Tampoco los adultos escapamos a esta tendencia: vivimos un sistema laboral esclavizante y precarizante, un ocio alienante y relaciones interpersonales dirigidas por la lógica del mercado (busque, compare, y si encuentre algo mejor, y más barato, cómprelo) y después cuando vivimos las consecuencias emocionales de la máquina nos medican y nos etiquetan: ansiedad, depresión, baja laboral. Claro que necesitamos medicación y reposo para reponernos del virus social que padecemos, pero no somos enfermos. Somos seres inteligentes, con necesidades, sometidos a una presión infernal y tratando de sobrevivir a ella. La única cura real a esta situación es una revolución social que ataque la perversidad de un sistema económico que atenta contra la vida, pero mientras tanto, nuestro organismo se verá  abocado a tratar de lograr una cierta homeostasis entre sus necesidades fisiológicas y la presión del entorno, y nuestras psiques pagarán las consecuencias, pero no a causa de una incapacidad biológica, sino de un intento de sana adaptación a una sociedad enferma. Ya lo dijo Krishnamurti: "No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma."


Los adultos tratamos de aprender a manejar nuestras dificultades, a encajar los reveses de la vida, a veces podemos mejor, otras peor, pero los niños tienen menos experiencia para manejar situaciones de estrés, frustración, ansiedad, o dolor emocional, y en lugar de construir una sociedad que les ayude en su evolución y su gestión emocional, naufragamos en una sociedad que les convierte en enfermos.

Claro que existe la enfermedad mental, pero cuando los criterios para definir si un niño o adulto tienen un trastrorno se basan en simples baterías de test que evalúan su adaptación al entorno, sin ninguna evidencia médica de lesión física, o fisiológica que demuestre una deficiencia biológica entonces probablemente no estemos ante ningún síndrome: NO ES ENFERMEDAD, ES CONTROL SOCIAL.  Y aquí volvemos a donde empezamos: “Las AUTORIDADES Sanitarias dicen que….”. 


Nos están trastornizando como seres humanos, nos están sindromizando la vida, enferman la sociedad y luego nos medican. Por favor, POR FAVOR: busquemos, informémonos, escuchemos pero siempre que sea posible Desobedezcamos a las Autoridades Sanitarias. Por nuestra salud mental.