miércoles, 11 de noviembre de 2015

ABDUCCIÓN

Trabajadores precarios y explotados reventando huelgas y defendiendo con sus discursos los intereses de la patronal son un clásico de la alienación cotidiana de los oprimidos sumisos. se me ocurren situaciones análogas y ¿posibles?


  • ¿gays y lesbianas sosteniendo que la ley que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo es discriminatoria para las parejas heterosexuales?
  • ¿cuidadorxs de personas dependientes pidiendo la retirada de la ley de dependencia por discriminatoria con las personas no cuidadoras o no dependientes?
  • ¿personas con diversidad funcional exigiendo la eliminación de medidas de acción positiva por "inconstitucionales"?
  • ¿hombres y mujeres afro sosteniendo que el racismo no existe y que la lucha anti-racista es extremista y discriminatoria para los blancos?
  • ¿personas migrantes defendiendo la ley de extranjería y llamando "ilegales" a las personas sin papeles?
  • ¿migrantes manifestándose a favor de los centros de internamiento de extranjeros?
  • ¿minorías étnicas reclamando la presencia protagonista en las acciones antirracistas de blancos y blancas liderándoles?
  • ¿afroamericanos y sudafricanos negros sosteniendo la necesidad de mantener las leyes de segregación racial y apartheid porque niegan que exista una supremacía blanca y califican esos discursos de radicales?


Demasiado incoherente y demencial, no?

Pues sí, hay mujeres que defienden la retirada de la ley de violencia de género que intenta proteger a las condenadas a muerte;
hay mujeres que se preocupan más por no ofender a los machotes que por defender los derechos de sus hermanas violentadas, incluso después de 8 asesinatos en una samana y casi 90 en un año, solo en España;


Hay mujeres que ven violencia en el feminismo pero no en el machismo cotidiano, hipersensibles al discurso argumentado pero tolerantes con el humor machirulo o las discriminaciones cotidianas; 

hay mujeres que consideran extremista la lucha por los derechos humanos de las mujeres y niegan la violencia estructural, económica, educativa, simbólica, física y sexual cotidiana contra las mujeres, mientras ejercen su derecho al voto, al divorcio, a tener pasaporte propio, a conducir, a tener la guardia y custodia de sus hijos, a trabajar, a estudiar en la universidad y a la vez sostener "Yo no soy feminista", "yo no necesito el feminismo".

Existen y se llaman ESQUIROLAS. Existen y yo demando que renuncien a sus derechos adquiridos con la lucha de las mujeres a las que desprecian con su colaboracionismo machirulo.Porque esa mierda, también es violencia.


                                       sin las gafas violetas, las hay que andan 
                                                      buscando el patriarcado por el suelo, 
                                                             cuando lo llevan al cuello

martes, 10 de noviembre de 2015

Susanita fue a jugar, pero no pudo jugar porque tenía que planchar.


Leo: "Tenemos la pretensión de ser las mejores profesionales, madres y esposas, de estar lindas y mostrarnos felices"¿En serio? ¿tenemos esa "pretensión"?  me puse a jugar con la palabra y me encajaban más otras opciones: PREtenSIÓN, preTENSIÓN.

Yo no tengo esa "pretensión" de ser la gran mujer todopoderosa que paga su súper poder con el cuerpo, la salud y la vida misma, yo estoy hasta el coño desde siempre, yo no quiero eso, yo no lo pretendo porque NO LO ESCOJO, me lo echan encima.

Lo que yo escojo, lo que yo quiero es tener tiempo para estar con mi hijo, quiero tiempo para disfrutar con él, quiero tiempo para estar a mi rollo, quiero tiempo para tocarme el higo, quiero tiempo para pintar cajas y para pintar la mona, quiero tiempo para estudiar y para leer y para tomar cañas y para follar. Y como quiero todo eso lo que hago es tener mi casa manga por hombro porque entre planchar la ropa y leer un libro no hay donde perderse. Pero aún así, aunque escoja tener la casa hecha una mierda, en todo lo demás lo que hay no son elecciones, son renuncias. Y lo son porque el señor que es biológicamente responsable de mi hijo no se responsaliza como debiera en su paternidad ejercida, y lo son porque para vivir en este mundo capitalista hay que estar produciendo económicamente abducido por una maquinaria que está muy bien pensada para robarnos el alma. Soy disidente de muchas cosas, pero de otras muchas soy una jodida víctima, como las otras millones de mujeres del mundo (porque si el marrón nos lo comemos todos, nosotras nos comemos el triple).

Dice mi amiga que a veces tiene que darse toques para no caer en ese rol. Yo le pregunto, nos pregunto: ¿te das toques de atención a ti misma, o a la voz interiorizada que te dijo que para ser "buena" tenías que petar en el intento? Y ella lo deja claro:"Petar, peté hace 3 años cuando me separé y perdí mi trabajo, pero no estaba dispuesta a seguir tragando y me planté de muchas mas cosas. Peto cada vez que tengo que hacer la casa después de llegar del trabajo, porque lo odio, por eso también esta manga por hombro... porque muchas veces me siento culpable de estar tirada en el sofá o en facebook dejando mi cabeza volar porque si tengo un objetivo debería estar trabajando para lograrlo.."
Debería...


La culpa, la culpa de las mujeres. ¿De dónde viene? ¿Quién podría pensar que está inscrita en los genes, que es algo que viene con el equipamiento de serie, como el útero o la vagina? Solo podría pensarlo alguien muy alejado de la realidad interna, del dolor del despojarnos de partes enteras de nuestra vida y nuestro ser para ocupar ese tiempo y esa energía en limpiar, maquillarnos, ir a la peluquería, depilarnos, barrer, fregar, cocinar, volver a peinarnos, planchar, hacernos la manicura, zurzir, comprarnos ropa, fregar los cacharros... ¿dónde queda todo lo demás? No, amiguitos y amiguitas, no viene de serie, la culpa nos la implantan desde niñas para que no escapemos a la jerarquía de los sexos, a la desigualdad de los géneros. Nos sentimos culpables... ¿por qué? ante quién? ¿Por atender nuestra necesidad y nuestro deseo? ¿Tenemos que estar cumpliendo con los criterios que nos marcan desde afuera y que nos dicen cómo ser buenas? 

La culpa, la vergüenza... ¿Cuántas veces hemos sentido vergüenza por no estar "correctamente" arregladas en una entrevista con la tutora del niño, o en el médico o por no estar depiladas y tener calor y, vaya, remangarnos con toda la pelambrera a la vista? 

¿Cuántas veces hemos evitado que alguna mamá del cole suba a casa porque la tenemos hecha un solar o hemos pedido perdón a las amigas por tenerla manga por hombro cuando vienen de visita? De eso si que me he curado hace tiempo, ayer mismo pasó mi vecina y se acercó a saludar a mi hijo en su habitación esquivando cojines, zapatillas y chanclas en su avanzar, y por fin me dio lo mismito lo que pudiera pensar de cómo tengo la casa un viernes por la tarde de vagueo madre-hijo.

El derecho a la pereza, el derecho a la negligencia, el derecho al descanso, el derecho a la salud. El texto que leía y  que dio pie a esta nota, venía a cuento de la salud de las mujeres, de como en todos los estudios el factor estrés y sobrecarga es determinante, hay un factor de género en la salud de unos y otras y es un factor cultural que ataca a la linea de flotación de la vida en sí, de la vida de nosotras, de las mujeres. Nos sobrecarga el patriarcado, nos sobrecarga el capitalismo, siempre los dos de la mano para jodernos a diestro y siniestro y nos queda un escaso margen para la desobediencia, así que elijo ejercerlo, hasta donde pueda. 

No puedo llegar a todo (estudios, curro, maternidad, activismo, ocio, sexualidad, vida social, obligaciones domésticas…) , ni quiero intentarlo, así que entre mi salud, y una casa presentable, escojo mi salud. Entre mis libros, los comics de mi hijo, y la plancha... pues eso, que "perdona", pero tengo la casa manga por hombro, pero es que no me da la vida y una tiene sus prioridades.  



Pd: Si decides tener la casa impoluta, tampoco te librarás del mal rollito; lo hagas como lo hagas este mundo masculino y des-cuidado lo tiene todo pensado para hacerte sentir como el culo aun cuando hagas lo que se espera de ti. Echan sobre nosotras lo doméstico y toda tarea de cuidado, pero a la vez es un trabajo que desprestigian, así que no creas que te librarás: te llamarán MARUJA. 









domingo, 8 de noviembre de 2015

VIVIR - NO DEJARSE MORIR

DIGO VIVIR


Porque vivir se ha puesto al rojo vivo. 
(Siempre la sangre, oh Dios, fue colorada.) 
Digo vivir, vivir como si nada 
hubiese de quedar de lo que escribo.

Porque escribir es viento fugitivo, 
y publicar, columna arrinconada. 
Digo vivir, vivir a pulso, airada- 
mente morir, citar desde el estribo.

Vuelvo a la vida con mi muerte al hombro, 
abominando cuanto he escrito: escombro 
del hombre aquel que fui cuando callaba.

Ahora vuelvo a mi ser, torno a mi obra 
más inmortal: aquella fiesta brava 
del vivir y el morir. Lo demás sobra.





EN EL PRINCIPIO

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.
Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.



Me llamarán, nos llamarán a todos. 

Tú, y tú, y yo, nos turnaremos,
en tornos de cristal, ante la muerte.
Y te expondrán, nos expondremos todos
a ser trizados ¡zas! por una bala.
Bien lo sabéis. Vendrán
por ti, por ti, por mí, por todos
Y también
por ti.
(Aquí
no se salva ni dios. Lo asesinaron.)
Escrito está. Tu nombre está ya listo,
temblando en un papel. Aquel que dice:
abel, abel, abel ... o yo, tú, él ...
Pero tú, Sancho Pueblo,
pronuncias anchas sílabas,
permanentes palabras que no lleva el viento...

.. porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más ... 
SANCHO. (Quijote, 11, cap. 74.)

Blas de Otero



martes, 27 de enero de 2015

AMOR, MATRIMONIO, UNIÓN LIBRE



"El matrimonio y el amor no tienen nada en común; están tan
lejos entre sí como los dos polos y son, incluso, antagónicos. El
matrimonio es ante todo un acuerdo económico, un seguro que
sólo se diferencia de los seguros de vida corrientes en que es
más vinculante y más riguroso. Los beneficios que se obtienen
de él son insignificantes en comparación con lo que hay que
pagar por ellos. Cuando se suscribe una póliza de seguros, se
paga en dinero y se tiene siempre la libertad de interrumpir los
pagos. En cambio, si la prima de una mujer es un marido, tiene
que pagar por él con su nombre, su vida privada, el respeto
hacia sí misma y su propia vida “hasta que la muerte los separe”.
¿Amor libre? ¿Acaso el amor puede ser otra cosa más que
libre? El hombre ha comprado cerebros, pero todos los millones
del mundo no han logrado comprar el amor. El hombre ha
sometido los cuerpos, pero todo el poder de la tierra no ha sido
capaz de someter al amor.
En realidad, en nuestro actual estado de pigmeos, el amor
es algo desconocido para la mayoría de la gente. No se le comprende,
se lo esquiva y muy raras veces arraiga; y cuando lo
hace, pronto se marchita y muere. Su fibra delicada no puede
soportar la tensión y los esfuerzos del vivir cotidiano. Su alma
es demasiado compleja para ajustarse a la viscosa textura de
nuestra trama social.
Algún día, los hombres y las mujeres se elevarán y alcanzarán
la cumbre de las montañas; se encontrarán grandes, fuertes
y libres. Si en el mundo tiene que existir alguna vez la verdadera
compañía y la unidad, el padre será el amor y no el
matrimonio."

EMMA GOLDMAN


"Para nosotros el amor es una pasión que engendra en sí misma tragedias.
Estas tragedias no se traducirían en actos violentos
y brutales, ciertamente, si el hombre tuviese el sentimiento
de respeto a la libertad ajena, si tuviese bastante imperio sobre
sí mismo para comprender que no se remedia un mal con otro
mayor, y si la opinión pública no fuese, como hoy, tan indulgente
para los crímenes pasionales; pero las tragedias no serían
por ello menos dolorosas."

MALATESTA


DEL LIBRO "EL AMOR LIBRE, EROS Y ANARQUÍA"  



miércoles, 24 de diciembre de 2014

TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN (TDA): CUESTIONANDO LA ETIQUETA

Los diagnósticos de TDAH aumentan cada año ¿estamos ante una epidemia?*
La gravedad del asunto requiere la concisión necesaria para llegar a cuantos más, mejor, pues me consta que existe esa necesidad de hablar y leer sobre el tema desde un punto de vista no exclusivamente médico, por lo que además de breve, trataré de ser útil.
Al abordar este tema, me planteo dos preguntas básicamente: ¿El TDA es un trastorno, o un síntoma? Sea lo uno o lo otro ¿se trataría de un trastorno/síntoma del niño, o de la escuela como institución social?

Escribo como maestra de primaria, como educadora social y como madre de un niño diagnosticado con TDA, y como partir de sí es político, comparto desde aquí nuestra experiencia y mis reflexiones al respecto. 

Hace 3 años se nos habló de una "incapacidad biológica que impedía focalizar la atención y que requería medicación", diagnósitico que me pasé por el himen que algún día perdí montando en bici con cara de bicicleta (  ver
http://blogs.publico.es/strambotic/2014/09/hipercondriacos/).

Cero medicación en tres años, atención en casa, Presencia, pautas pedagógicas, trabajo en equipo con las tutoras del centro de mi hijo, tiempo tiempo y Tiempo para ayudar a mi hijo a estructurar sus rutinas y para darle vida en su estilo de pensamiento y sentimiento a la par que echándole un cable para adaptarse a un entorno hostil a la infancia pero del que no puede marcharse (mientras los docentes hacemos lo que podemos por cambiar el sistema, los niños y niñas tendrán que encontrar, con ayuda de las familias, estrategias adaptativas al entorno que no siempre quiere o puede atender sus necesidades). Y todo eso sin dejar de ser él mismo.
Tres años después en la revisión de psiquiatría el especialista que quería medicarlo (y tras el cual apoyaron la medicación 3 tutoras del centro de mi hijo y recientemente dos compañeros de mi centro) me dice que "ya no hay trastorno". Vaya, algo que "no se cura" ya no está, y como no está, dicen que lo que tiene es la "condición" inatenta pero no el trastorno. Total, que una enfermedad incurable, como el supuesto TDAH, para el que hay medicar, pero no para curar sino para paliar "síntomas", desaparece sin medicación y se quedan tan panchos.

La explicación del psiquiatra fue la siguiente: ha cedido el trastorno, ahora mi hijo solo tiene la condición inatenta, y no volverá a diagnosticar trastorno a menos que la condición interfiera con dos áreas de su vida (las áreas de diagnóstico son escuela, familia y socialización). Un mes después del cambio de diagnóstico, ante el que nos sentimos felices en su momento, mi hijo empieza a presentar de nuevo síntomas de trastorno, cuando en casa y en la escuela manifiesta tics y conductas ansiosas que había dejado atrás hace meses.

No es casual ni aleatorio que presente los tics ahora y no hace seis meses: hace seis meses trabajaba en equipo con una tutora que comprendía las necesidades de la condición inatenta y que exigía rendimiento sin presionar al niño, que animaba a la toma de responsabilidades sin sobrecargar, que enfatizaba los logros para apoyar las dificultades. Hoy nos encontramos con una tutora que arranca las hojas de los cuadernos de los niños y niñas y las tira hechas una bola a la papelera, que amenaza con dejar sin recreo a mi hijo “para que reflexione”, por olvidarse de apuntar en la agenda uno de los ejercicios del día siguiente. De nuevo comienzan las notas de casa al colegio insistiendo en que no es un olvido intencionado ni un acto de falta de reflexión consciente, que el problema es otro, que la condición no es voluntaria, que una estrategia como castigar sin recreo a un niño que necesita desconectar para volver a conectar es tan ineficaz y contraproducente como castigar a un niño con autismo por no socializar con los compañeros.

La falta de comprensión del asunto es alarmante, y pido tutoría insistentemente, a lo que insistentemente se me insta a realizar la misma durante el horario lectivo (a las doce y media de la mañana). Al ser docente, me resulta incompatible con mi propio horario lectivo y acordamos una cita telefónica. Insisto en la necesidad de pautas específicas, hago llegar el informe psiquiátrico a la escuela, con recomendaciones específicas, continúa el cruce de comunicaciones vía agenda, y los tics aumentan día a día. Mi hijo manifiesta su miedo a ser etiquetado “no quiero llamar la atención, solo me pregunta a mi si he terminado el examen, me siento mal”, y su miedo a no seguir el ritmo de los demás, me resulta casi imposible que renuncie a hacer todos los deberes y le veo hasta las nueve de la noche haciendo tareas de lengua, mates, conocimiento del medio e inglés, fichas de comprensión lectora… todo en el mismo día.

No quiero privarle del tiempo de juego, no quiero privarle del tiempo en familia, no quiero privarle del deporte extraescolar que le sirve para descargar energía y tensión, para jugar, para relacionarse con otros niños, no quiero quitarle eso para que siga sentado tres horas más después de toda una jornada escolar sentado ante un pupitre.
No puedo responsabilizar solo a la maestra, mi trabajo alarga mi jornada entre correcciones, tutorías, cursos de formación y coordinaciones entre docentes hasta las ocho o nueve de la noche y no consigo poder seguir apoyando a mi hijo en casa, me siento entre la espada y la pared y lo único que atinamos a hacer es sentarnos en la cocina los dos, compartiendo mesa y bolígrafos, haciendo deberes él, corrigiendo exámenes yo, en un simulacro de estar juntos en el que solo los cuerpos están realmente presentes.

Llegados a este punto, quedan claras mis conclusiones al respecto: El TDA es un trastorno de la escuela y la sociedad, no de los niños y niñas, que se resolvería fácilmente si:

·         Los profesionales de la educación comprendiesen que la condición inatenta es mejorable con mucho trabajo y esfuerzo, pero no solucionable a base de castigos, porque no es voluntaria ni fruto de la irresponsabilidad.

·         Se asumiese que el déficit de atención no implica una “incapacidad” para la atención, sino más bien un desplazamiento de la atención de modo selectivo, acorde a un estilo de pensamiento concreto (más acorde a una estructura mental imaginativa y que atiende a intereses particulares, lo que no siempre se contempla en la escuela).

·         No se confundiese diversidad de estilos de pensamiento y de estar en el mundo con trastorno de conducta. Asimilar ambos supone trastornizar la diversidad de modos de ser.

·         Se asumiese que diversidad es riqueza, no carencia: Las medidas de atención a la diversidad contemplan estrategias sencillas como las adaptaciones metodológicas, que suponen algo tan sencillo, por ejemplo, como dar un tiempo extra para la realización de los exámenes en el caso de déficit de atención, o rebajar el número de tareas para aquellos niños y niñas que no tienen un ritmo rápido de ejecución. Entender la diversidad de estilos cognitivos como simple diferencia y no como carencia ayudaría mucho, dando la posibilidad a todos los niños y niñas a desarrollar tareas que implican estrategias variadas (con frecuencia, los niños y niñas con TDA suelen ser especialmente buenos en tareas orales, y particularmente lentos en las escritas; destacados en tareas creativas e imaginativas, lentos en las mecánicas y puramente memorísticas).

·         Los profesionales de la educación asumiesen que la vida fuera de la escuela es tan importante como la de dentro de la escuela, y que las horas después de las cinco de la tarde han de ser de libre disposición de los niños y niñas y sus familias (no estaría de más que los docentes confiasen en la responsabilidad y capacidad pensante de las familias con las que trabajan, sin asumir tutelajes no necesarios ni solicitados).

·         Los centros de trabajo facilitasen medidas de conciliación reales que permitiesen la vida fuera del horario laboral.

·         Los especialistas en salud mental trabajasen en mayor coordinación e interdisciplinariedad con los especialistas en educación y desde una óptica más integral, si así fuera no medicarían con tanta ligereza y muchos de los niños y niñas afectados mejorarían su condición sin necesidad de fármacos cuyos efectos secundarios a largo plazo son cuestionables.

Me hallo en un punto complicado, siento que he de empezar de nuevo la casa desde casi los cimientos, con un equipo en el centro de mi hijo que parece haber caído de un guindo, que deshace el trabajo previo de sus compañeras, el mío y el de mi hijo, que contradice el último diagnóstico médico que afirmaba una mejora, provocando de nuevo un empeoramiento. Pero no me rindo, sé que se puede, ser por donde actuar, y lo voy a hacer, y os animo, si os identificais con mi caso, a que lo hagáis, sin perder las ganas. Nos toca seguir luchando contra gigantes aunque digan que son molinos quienes no ven más allá de sus narices, y a nuestros hijos les toca seguir sobreviviendo y avanzando en una sociedad que lo pone todo en contra.
Tendremos que seguir siendo desobedientes y no hacer todos los deberes que nos mandan, ni tomar las pastillas que nos recomiendan, ni obedecer los castigos que quieren imponernos, y desetiquetándonos de las etiquetas que nos cuelgan. Desobedecer puede ser muy bueno. Las autoridades sanitarias pueden ser desautorizadas. La industria médica aún puede ser desmontada. Los profes tal vez no siempre lo saben (sabemos) todo. Y además, qué sano y qué rico es sacar la lengua a "los que saben" y saber, desde las tripas, la experiencia y el alma, lo que de verdad cada cual necesita. ¿Antimedicinas? no. Antimedicalización de la vida. ¿Anti-escuela? No, anti escolarización de la existencia.


Nota: datos sobre prevalencia del TDAH http://www.cdc.gov/ncbddd/spanish/adhd/data.html

sábado, 1 de noviembre de 2014

TERRITORIO MINADO (LUCES Y SOMBRAS)

TERRITORIO MINADO (SOMBRAS)

Muchas veces he hablado y escrito sobre lo que supone ser familia monomarental en una cultura que ha perdido el valor de la comunidad en la crianza de las criaturas, que son el mayor bien social, pero estos días el discurso y la emoción se amplifican al ser tocados por las situaciones de mi entorno, consecuencias directas de un sistema de valores que pone en el centro el trabajo productivo, amenazando, directamente, el reproductivo.

Hubiera querido tener más hijos, pero con dificultad me las arreglo para vivir atendiendo todas mis dimensiones: madre, trabajadora, activista, persona, mujer, ser sexual, ser deseante y con sueños y proyectos, cuerpo con potencialidad y limitaciones. He tenido que hacer renuncias que ellos (con O) no hacen, elecciones y priorizaciones que ellos, en su mayoría, ni contemplan. La vida profesional y la familia en el centro, la vida personal en la lejana periferia, a la que casi no alcanzo, la salud como meta difusa a la que a duras penas puedo atender. El activismo, arrinconado; la sexualidad, pospuesta y adormilada; la vida social, relegada; futuras maternidades, descartadas. No sé dónde quedo yo entre tanta lucha cotidiana.

Hablo con mi amiga X, que desea ser madre y no lo es porque durante cuarenta y dos años no tuvo ni la situación económica ni el compañero ni el apoyo para criar, y hoy ya no puede hacerlo porque el tiempo pasó rápido en su cuerpo; hablo con mi amiga Y que decide abortar porque sabe que elegir criar supone descarrilar profesionalmente y se enfrenta a la elección con relativa convicción y necesario dolor; hablo con mi amiga Z que no inicia el proceso de acogida de menores porque no tiene respaldo de su entorno inmediato para sacar adelante a un hijo y a un niño acogido. Frustración aquí y allá, identidades fragmentadas por todas partes, elecciones que parecen afectarnos solo a nosotras, y que no tomamos en libertad real, sino presionadas por un medio ambiente hostil, una cultura contra la vida, aunque proclame lo contrario.

No es obligatorio ser madre, es una elección personal, al menos así lo formulamos pero la realidad es otra: la realidad impone maternidades frustradas y maternidades impuestas. Madres que quieren serlo y no pueden, mujeres que no quieren serlo y son obligadas a golpe de ley, crucifijo y falo.
Los hombres, en su mayoría, permanecen ajenos a las disyuntivas, ausentes de los debates. Ellos viven sin más y su lucha -si la hay- es de clase, y en ella se centran -si lo hacen- olvidando que nosotras cada día enfrentamos dilemas, renuncias, rendiciones, frustración y culpabilidades que no nos corresponden más que en virtud de un sexo que se decidió secundario. ¿Dónde están nuestros compañeros?

Gobiernos “religiosos” que se proclaman pro-vida imponen nacimientos y maternidades no deseadas mientras mutilan maternidades existentes, vidas que caminan y respiran desatendidas y desamparadas, dicen proteger a los no nacidos mientras desahucian a madres e hijos de sus casas, hipotecan vidas por impago en la hipoteca, el dinero sobre la vida, el discurso sobre los hechos, la hipocresía sobre la honestidad cotidiana de quién solo quiere hacer bien lo que le toca, en soledad y sobrecarga. Gobiernos coercitivos, compañeros ausentes, éticas hipócritas, y entre ellas, nosotras, en medio del fuego cruzado.

Me pregunto cuánto tiempo más podrá soportar la sociedad esta flagrante deserción del cuidado de las cuidadoras, me pregunto cuánto tiempo más se sostendrá una cultura que no sostiene a las sostenedoras. Me pregunto cuánto tiempo más aguantaremos la carga en nuestros cuerpos, la renuncia en nuestras almas, sin rebelarnos de una vez por todas. Me pregunto cómo rebelarme si en mi ausencia, durante mi rebelión, nadie se hará cargo de mi carga, que es la de todos al fin y al cabo. Me pregunto porqué dar vida habría de suponer una carga y no un trabajo, difícil a veces, gozado otras, pero valorado y compartido siempre, si los patrones que nos rigen fuesen otros, más razonables, más justos, más equitativos, más acordes con lo que en el fondo somos unos y otras, humanidades y seres vivos. No podemos seguir organizados en producir cosas, a veces tangibles a veces intangibles, abandonando el centro de lo que somos; si no asumimos, urgentemente, que somos ante todo seres interdependientes y necesitados de otros y otras, si no asumimos que somos ante todo Vida y sostenemos las vidas que ya caminan, antes o después el petardo (porque vivir así es un jodido insostenible petardo) nos acabará explotando en la cara.

Y explotará, tengo esa certeza, aunque ellos ignoren -en su privilegio y mirando a otra parte- que viven, vivimos, en territorio minado.

TERRITORIO MINADO (LUCES)

¿Y si a pesar de todas las sombras elijo las luces?
¿Y si a pesar de todas las deserciones decido buscar las alianzas?
¿Y si a pesar de mi isla decido que no sea desierta y que sea, sí o sí, fértil?

No se trata de glorificar la maternidad como el mandato mistificado y mitificado, se trata de hacer brillo de lo opaco, dignidad de lo humillado, completud de lo mutilado, honra de lo desvalorizado, riqueza de lo saqueado. Por rebeldía, por justicia, por mis humanos benditos ovarios y mi furia hecha motor y mi indignación reciclada en combustible.

Hablamos de legítima libertad, hablamos de estar donde una está, en presencia, sabiendo que en la lucha diaria también hay gozo, desobediente, negándome a que me priven de lo bello y de lo alegre. Cansada pero no vencida, sigo reclamando nuestro espacio, si hace falta echándole codos, pero sin que me quiten la abonada rabia y la legítima sonrisa.


Hay, pese a todo, espacio para la libertad incluso entre las cuatro paredes del violento patriarcado y me erijo matriarca de mi propia vida, y desde aquí llamo a otras a rebelarnos y revelarnos y tender redes y puentes y lazos y aullidos.
No me resigno, no me rindo, no me someto. Hay, pese a todo, espacios para la alegría y el disfrute, ahí está no nuestro refugio, sino nuestra bandera, el signo que proclama que no nos vencerán y encontraremos el modo de ganar diariamente y cada una un centímetro cúbico de autoridad y poder, poder para ser, y no cederemos. Nos va la Vida en ello.


lunes, 15 de septiembre de 2014

EL SEXO HETEROSEXUAL EMPIEZA A SER UN ASCO


Mis amigas se rieron mucho cuando les conté que después de meses de sequía y algún que otro polvo nada memorable había por fin encontrado a un hombre que me equilibraba los chakras. Claro, era una forma muy simplificada de explicar cosas más complejas, y al leer hace un par de días un texto fundamental de Milagros Rivera, El Cuerpo Indispensable, sentí la necesidad de poner en claro a qué me refería.

El párrafo al que aludo es el siguiente: 

“Toda la vida me ha acompañado una sorpresa: oír decir, atribuirle a una mujer, que solamente se la amaba por su cuerpo. Como si esto fuera insatisfactorio, como si no significara apenas nada”.
Como si el cuerpo fuera poca cosa, cuando es tanto, en sí mismo como sustancia, o como significante para muchos significados, o como vehículo de comunicación, de puesta en relación, de expresión de mensajes. Tiene mucho que decir el cuerpo, y sin embargo el cuerpo de las mujeres ha sido utilizado por el patriarcado para sus fines, y con ello mutilado real o metafóricamente, privado de sentido propio, de placer propio.

En el documental corto “El cuerpo de las mujeres” se alude a este uso que se hace en los medios del cuerpo femenino, un uso patriarcal, falocéntrico y capitalista del cuerpo de la mujer como reproductor de una cultura que marca unos estándares de belleza que nos transforman quirúrgicamente, mutilando nuestro rostro verdadero, el rostro de mujer que expresa su individualidad, convirtiéndolo en máscara sin personalidad. Y los cuerpos, recauchutados tras el bisturí, son cuerpos irreales que solo aluden al supuesto deseo masculino, deseo a su vez mediatizado por la pornografía, una industria al fin y al cabo y que sin embargo, industria y todo, coloniza lo cotidiano a base de moldear el deseo de los hombres alejándolo del sentir interno, en una maniobra aculturizadora basada en claves artificiales, misóginas y violentas.



Y ahí está el cuerpo de las mujeres, usado y abusado, y por tanto interpretamos dualmente -desde la óptica occidental tan dada a lo maniqueo- que o bien hay que (como mandato) atraer a los hombres sexualmente y de acuerdo a una sexualidad masculina importada desde el porno (y por tanto feminidad, belleza y lo sexy según el criterio/mandato dominante van en una unidad indivisible) o bien se interpreta que entrar en la sexualidad desde el cuerpo, y sólo del cuerpo implica ser convertidas en objetos sexuales, y por tanto desde cierta óptica emancipadora, esa clase de sexo no es deseable porque nos enajena, nos separa a las mujeres que somos, del cuerpo en el que vivimos y que es utilizado por otros.


Pero ¿es esa la única alternativa, la dualidad de la que no se puede escapar cuando se alude a la atracción sexual que produce el cuerpo femenino? (¿prestarse a ser objeto o negarse a ser solo cuerpo?)

En las culturas pre-patriarcales las cosas fueron muy distintas, el culto a la Diosa implicaba con frecuencia rituales sexuales y  las sacerdotisas no eran, como a veces se las nombra, prostitutas rituales, sino mujeres que comunicaban con la divinidad y con lo espiritual a través de la sexualidad. Entonces, la sexualidad (tanto la masculina como la femenina) aún no se habían separado de la espiritualidad, y los cuerpos eran sagrado vehículo de la divinidad.


El patriarcado, las religiones judeo-cristianas (y por extensión la musulmana), y la propiedad privada se encargaron de apropiarse de las mujeres y de sus cuerpos, nos desposeyeron de ellos y se encargaron de sustituir a la poderosa Diosa por la virgen María. De una Diosa como Ishtar, que daba vida y la quitaba, que tenía múltiples caras, que tomaba la iniciativa sexual, se pasó a una virgen santa, que no conocía el sexo, que no tenía defectos, que era unilateral, que era esposa del dios y madre del dios, pero nada en sí misma.

De las diosas vírgenes de la antigüedad, que tenían parejas sexuales pero no consorte (es decir, tenían una sexualidad rica pero se mantenían independientes y libres) se pasó a la virgen que nunca había tenido sexo, que permanecía “pura”, limpia, y para que la ausencia de sexualidad fuese blancura, había que convertir la sexualidad en algo sucio, perverso, impuro.

Aquel fue el primer alejamiento de la sexualidad de las mujeres como algo sagrado, después, con la llamada “liberación sexual” se nos devuelven el placer y la iniciativa, pero no necesariamente la dignidad de un deseo propio, conectado con lo que de verdad queremos y necesitamos, porque el capitalismo se encarga de ponernos de vuelta en el redil: al servicio del macho y del capitalismo, entonces, nos convertimos en propiedad, con el matrimonio y las relaciones monógamas, o en objeto de consumo, en las relaciones esporádicas, cada vez más impersonales. 

Y ahí somos objetos, no porque, como se suele decir, solamente nos quieran por nuestro cuerpo, sino porque ni siquiera nos quieren por nuestro cuerpo: usan la cáscara del cuerpo para darse autosatisfacción narcisista y para poner en práctica fantasías del porno, con los cuerpos como soporte y medio, pero nosotras no estamos allí, ni nuestros cuerpos, porque no se atiende a nuestro placer y si se atiende es como medio de demostración de la virilidad del macho. Habrá quien crea que exagero pero ¿quién no se ha encontrado con un tío empeñado en que nos corramos vaginalmente, menospreciando el placer derivado del clítoris, que elude la polla (no es necesaria) y que elude incluso a veces las manos del hombre? La mujer que sabe darse placer es enemiga del macho alfa, porque se satisface con o sin la polla y eso es peligroso.

Despersonalizados, en ese sexo banal, coital, descoporeizado en tanto a cuerpos que son parciales, que son fragmentos de cosas,  cosas disponibles y dispensables, es fácil encontrar hombres que no pueden empalmarse con el preservativo puesto, con la coerción subsiguiente, o que abusan de la mujer con prácticas no consensuadas, sorprendiéndose si la mujer se muestra iracunda o se niega  a continuar. Estrecha, inhibida, exagerada, histérica, son algunos de los apelativos que recibimos cuando nos negamos a realizar sus fantasías, incapaces de reconocernos el derecho a un deseo propio que puede no coincidir con el suyo.



La violencia sexual entonces no se restringe al abuso o la violación, se da también en relaciones iniciadas de mutuo acuerdo y que se vuelven violentas, basadas en una relación dominado-dominada, o sin consenso, con presión, con coerción o ignorando el deseo de la mujer. El porno y la prostitución ofrecen dos modelos de mujer como objeto sexual disponible, como una cosa que se puede obtener pagando, o haciendo click en un enlace de internet, algo que es cosa y no persona y que está al servicio del placer del macho, y por eso hay acoso callejero, manoseos en lugares públicos, agresiones sexuales y en el menos malo de los casos, sexo iniciado libremente por ambas partes y que se torna desagradable, invasivo, violento. No es extraño que muchas mujeres tengan tumores en el útero o endometriosis, algunas patologías pueden tener un componente psicosomático importante, convertimos la violencia de afuera en violencia del cuerpo. Muchas otras renuncian al sexo para ganar en paz mental, y es una elección solo parcialmente libre, porque es una elección que se toma estando casi entre la espada y la pared.


Y aquí finalizo, llegando a donde empecé: mi compañero sexual me abría los chakras no porque hiciese nada en especial, simplemente porque no entraba en el esquema del homo ponograficus y por tanto no me sentí ni agredida, ni necesitada de fijar un límite constantemente, ni usada como receptáculo de fantasías denigrantes, me sentí  cuerpo deseado, cuerpo dador y receptor de placer, cuerpo en conexión con otro cuerpo, cuerpo abierto a otro cuerpo. Y por mi parte, esa apertura me devolvió a mi cuerpo, que había estado cerrado a los cuerpos de aquellos que no lo respetaban, y la energía fluyó y pude sentirme de nuevo dueña de mi deseo y al otro, compañero en mi placer. Y viceversa.



De ahí a una sexualidad espiritual van miles de pasos, pero las relaciones así son un comienzo, y un regreso a la vez a una sexualidad, ahora sí, limpia. No porque el sexo sea sucio, sino porque es tan sucio hacernos sentir que no debemos sentir deseo, como hacernos creer que nuestro deseo es aquel que marcan la industria, el capitalismo, el patriarcado, y el macho lobotomizado por los mandatos falocéntricos.


Vuelvo a sentir dentro a las diosas vírgenes, vuelvo a sentir -sanada tras muchas violencias- la dignidad y la libertad de las diosas sin consorte, pero sexuadas. Y estoy segura de que si ellos recogen el guante y reelaboramos una sexualidad de verdad de a dos, entre dos cuerpos plenos (y el cuerpo incluye todo lo que lo hace cuerpo y no fragmentos de cosa) también se sentirán más elevados al Olimpo.