sábado, 15 de octubre de 2016

digna coherencia libertadora

la militancia feminista exige, así lo creo, más coherencia que cualquier otra, porque no salimos a clamar derechos para las mujeres, dignidad para lo femenino si no nos respetamos a nosotras mismas y a las demás, si nos vinculamos con los que no nos respetan y no rompemos con ellos antes o después, si no aplicamos en casa y en la vida cotidiana lo que pedimos afuera. esto afecta a nuestra vida afectiva y social, a nuestras relaciones, a lo profesional, nuestra maternidad, nuestra vida familiar, nuestra vida sexual, afecta a todas nuestras parcelas vitales.

exige. agota. sin embargo... 

la militancia feminista acaba regalando más coherencia que cualquier otra, porque su exigencia es también el don que nos libera. es difícil ser coherente porque amamos, porque nos equivocamos, porque no siempre somos fuertes y tropezamos y nos perdonamos a nosotras mismas, y no nos fustigamos y volvemos de nuevo a ajustarnos la mirada violeta, la libertad y la rebelión caiga quien caiga de nuestra vida cotidiana, porque podemos temer a éste o aquel, pero más tememos perdernos a nosotras mismas; podemos querer mucho a éste o a aquel, pero más nos queremos a nosotras mismas. y eso, esa grandiosa libertad y dignidad sólo nos las da el feminismo, solo la construimos con otras feministas. y con la exigencia y el hermoso don de la digna coherencia.



(las fotos son de Silvia Bleu, podéis visitar su trabajo en Wix, aquí: http://silviableu.wixsite.com/silvia-bleu/tematica )

viernes, 24 de junio de 2016

Derechos y deberes

           Solemos dar por hecho que disponer de un derecho no conlleva la obligatoriedad de disfrutarlo, pero cuando se trata de los derechos de los trabajadores, obtenidos con la lucha y la muerte de tantos, me pregunto hasta qué punto tenemos el derecho de no hacer uso de los derechos.

                He soportado muchos trabajos precarios, sin contrato, con contratos de mierda, con sueldos de mierda, horarios de mierda. Los aguanté porque era madre sola y no me quedaba otra si quería poner lentejas en la mesa, pero llegó un momento en el que mi cuerpo y mi mente empezaron a pasar factura, cada vez más gravemente. Desarrollé dos enfermedades crónicas y mi calidad de vida descendió drásticamente después de 8 años de maternidad en solitario y trabajos de mierda, doble jornada y un cuerpo que se quejaba cada vez más a menudo.

               El año pasado toqué fondo trabajando en una organización que demandaba de sus trabajadores un rendimiento por encima de lo estipulado en nuestro contrato, con horarios fuera de la jornada, fines de semana y mucho trabajo en casa, con la consecuente dificultad para separar espacios entre lo laboral y lo personal. Cuando nos exigían dar “un poco más” todo el mundo daba por sentado que era nuestra responsabilidad darlo, ya fuese un martes hasta las 9 de la noche o un sábado o un fin de semana con puente. Cuando le dije a mi coordinador que yo no podía seguir así, que necesitaba atender a mi familia (y solo demandaba no trabajar tantas horas en casa, fuera del horario laboral) me dijo “tú tienes un hijo pero yo tengo un gato” y que había que apechugar. Lo intenté, hasta que reventé. Físicamente estaba mal, emocionalmente peor. Decidí hacer uso de mi derecho a una baja laboral aun sabiendo que eso me supondría la no renovación del contrato.

                Así fue, y aun un año después no estoy repuesta de todo aquello, sufro de ansiedad cada vez que pienso en volver a llevar ese ritmo demencial de horas de trabajo fuera, de trabajo en casa, de crianza, y nada de tiempo para cuidar mi cuerpo, mi vida social, mis aficiones, a mí misma. Sufro de ansiedad, y cuando alguien acepta un turno fuera del suyo  y dice “no me importa”, y lo vuelve a aceptar y vuelve a decir “no me importa”, o hace 12 horas de jornada en lugar de 8 o 10 y dice “no me importa” pienso que a mí sí me importa, y que porque a mis compañeros no les importaba y a mí sí, ellos siguen trabajando, renunciando a sus derechos, y yo estoy en paro, con mis derechos intactos, pero sin usar, porque no tengo trabajo.

                      Cada vez que renunciamos sistemáticamente a un derecho laboral porque "a mi no me importa", estamos vendiéndonos y con nosotras, a todas las demás, porque nuestro "no me importa" supone que a quien sí le importa le dejamos con la única opción de elegir entre renunciar a sus derechos, o perder su empleo, acostumbrados como están los empleadores a que "a nadie le importe", lo excepcional se vuelve la norma, y estar al 100% supone estar por encima del 100%. O a la puta calle.

                El domingo votaréis a la izquierda en espera de que defiendan vuestros derechos, y muchxs os olvidaréis, como olvidáis cada vez que aceptáis condiciones de explotación, que los derechos se defienden ejerciéndolos. No podemos conformarnos con actos políticos el día de las elecciones, lo político es constante, cotidiano, diario, en cada decisión que se toma o no se toma, asumiendo los riesgos que conlleve.

                Un buen amigo suele decir “en mi hambre mando yo”, y lo suscribo totalmente. Hay quienes no pueden permitirse ejercer sus derechos porque tienen personas que dependen de ellos,  pero sí puede quien cobra 1.500 euros y no necesita hacer más horas para ganar más (porque se puede vivir con eso) o quien vive aún con sus padres, o quien no tiene cargas familiares, o una vivienda que pagar cada mes. Podemos vivir con dignidad, con tiempo para nosotrxs, o vivir vendidos por cuatro putos duros. Acordémonos no solo el domingo cuando vayamos a votar a esos que esperamos que nos resuelvan la papeleta para después traicionar cualquier logro que puedan obtener para nosotros. Grabémonoslo a fuego: LOS DERECHOS QUE NO SE EJERCEN, SE PIERDEN.


jueves, 12 de mayo de 2016

Rosa Dictador

“-¿Tú nunca llevas tanguita?
  - No
  - ¿Por qué?
  - Porque no me gusta llevar todo el día un trozo de tela metido por el culo.
  [perplejidad]”


¿Ellos llevan tanga para seducirnos a nosotras? No. ¿Porqué? Porque no están socializados en ataviarse con multitud de instrumentos de tortura leídos como “sólo ropa” para estar “guapos” y “sexis”, están socializados en vestir ropa cómoda con la que jugar al fútbol, subir a los árboles, echar carreras, tirarse al suelo a jugar a las chapas. No llevan tanga, porque no están socializados en ataviarse con multitud de instrumentos de tortura leídos como “solo ropa” para atraer al macho, poniendo en este la validación propia (“si le gusto, me gusto”).

“No es opresión, solo es ropa que una mujer elije ponerse, nadie la obliga”
No existe libertad en una sociedad opresora sin un proceso previo de toma de conciencia acerca de la realidad de que no existe libertad en una sociedad opresora. Es de Perogrullo, pero aun falta entender que NADA vincula naturalmente el hecho de nacer con vagina con el hecho de aplaudir entusiasmada a los tres años ante un vestido de tules y satén rosa. Nada. Nada vincula directamente esta “preferencia “ que casi todas las niñas muestran, salvo una socialización patriarcal desde todos los frentes, no se “escoge” el rosa sin que te impongan el rosa como “opción” preferente y natural. Si fuese una elección libre cualquier niño elegiría el rosa o cualquier niña elegiría el negro, o viceversa, con total normalidad. Todos los niños y niñas repartirían sus preferencias y a Pepe le gustaría el verde, a Lola el naranja, a Manolo el morado y a María el rojo. Si vemos niños asqueados de rosa y niñas con rosa de los calcetines a los lazos del pelo, divididos por colores en virtud a los genitales con los que nacieron, es porque se les asignan los colores del mismo modo que se les asignan los roles (ser suave/ser bruto, ser guapa/ser listo, ser curioso/ser cotilla… así hasta el infinito) ¿qué más hace falta para que TODO EL MUNDO tome conciencia de esta realidad tan obvia que muestra con claridad meridiana que NO HAY LIBERTAD, QUE TODO ES SOCIALIZACIÓN DIFERENCIAL, y que quien no entra en el esquema hegemónico es castigado y sancionado socialmente, estigmatizado a pequeña o gran escala? 

No voy a entrar siquiera en la complejidad que supone aceptar que hay niñas con pene y niños con vulva, porque el género es una construcción cultural y por tanto asignada, me voy a quedar en la superficie más visible: hombres cis y mujeres cis reproduciendo roles de género, mandatos impuestos desde la cuna a la tumba. Y me voy a limitar solo a los mandatos estéticos, que son lo más visible por ser eso, estéticos. Y desde ahí, a todo lo demás. 

16 años. Se levanta por la mañana, se ducha, se coloca un poco el pelo, se pone unos bóxer, unos vaqueros, una camiseta, una sudadera y unas deportivas, algo de colonia y sale a la calle. Como mucho media hora y listo para el mundo, listo para correr, caminar, sentarse en un bordillo a fumarse un pitillo, para jugar al balón, para comerse el mundo. Para ser, hasta cierto punto, un ser para sí mismo.




16 años. Se levanta por la mañana, se ducha, se aplica mascarilla en el pelo, exfoliante en la cara. Se seca el pelo, se lo alisa, se hace un peinado (hoy trenzas, mañana coleta, un moño, a veces sencillo, a veces tan elaborado que tiene que venir una amiga a ayudar). Se pone un tanga que le aprieta el ojete durante todo el día, que se ve por fuera de los pantalones como reclamo para ellos (¿a quién coño le interesa llevar un pedazo de tela de ropa interior metido por el culo y visible fuera del resto de la ropa si no es como reclamo sexual?), un vaquero ajustado que aprieta, de talle bajo, que deja fuera los riñones así haga 7 grados ahí afuera. Una camiseta ajustada, escotada y cortita, con un push up debajo (¿es cómodo correr para coger el autobús si tienes las tetas debajo de la barbilla y se te salen por el escote en cuando das dos zanzadas?), zapatitos enanos con el pie comprimido, taconcito con el pie subido en zancos, los gemelos clamando justicia, los juanetes pidiendo clemencia… 
Vamos a por la cara: una cremita hidratante, una base de maquillaje, corrector de ojeras. Maquillaje, polvos, raya en los ojos, sombra de ojos, rimmel, perfilador labial, pintalabios. Tres kilos de mierda obstruyendo tus poros para dar la imagen de un rostro limpio. Tu rostro no está limpio ni bello sin toda esa mierda encima, NECESITAS comprar toda esa mierda, NECESITAS dedicar todo ese tiempo en ponerte encima esa mierda, y luego NECESITAS comparar toda la mierda desmaquilladora y exfoliante para sacarte toda esa mierda de la cara antes de irte a dormir. NECESITAS toda esa parafernalia para sentirte guapa, y además, NECESITAS sentirte guapa, porque ese es el objetivo principal cuando tienes 16 años porque eso es lo que llevas oyendo desde bebé “qué guapa es esta niña!”, y en la tele, y en la calle, y en los videos musicales, y en las revistas de moda para chicas, y en los baños del instituto. tal vez NECESITAS vomitar la comida para estar suficientemente delgada. tal vez NECESITAS hacer cosas que no quieres hacer para ser aceptada, aprobada, validada. Porque tal y como eres y estás, entérate, estás mal.




Elección. ¿quién mierda elige depilarse el cuerpo entero, desde los pies a las cejas, para luego llenarlo de potingues y cubrirlo con mierdas que te aprietan el culo, el ojete, la tripa, que te empujan las tetas hacia arriba, metiendo barriga, tensando los gemelos, embutiendo los pies? Lo elige la que no es consciente de que no está eligiendo en absoluto, porque si se puede elegir, elijo no someterme a toda esa mierda, y si lo hago, sé que lo hago sin poder elegir demasiado. Yo elijo depilarme sabiendo que si elijo no depilarme me señalarán por la calle. A ellos no. Pero todo lo demás elijo no elegirlo, porque quiero caminar con libertad, así que escojo deportivas, y quiero respirar, así que escojo no llevar la tripa apretada y metida hacia adentro, y quiero bajar a la compra sin que me preocupe tres mierdas si las cejas hace mucho que no me las repaso. Elijo llevar bragas porque no se me mete nada por el culo, y elijo llevar escote cuando hace calor y cuello vuelto cuando hace frío, falda corta en verano y pantalones abrigados en invierno.


Elijo no operarme las tetas, ni hacerme una liposucción, elijo que mis tetas sigan donde están después de un embarazo y casi un año de crianza dando pecho a mi hijo, y mi barriga siga donde está después de haber alojado a mi hijo durante nueve meses. Elijo no hacerme un lifting ni una lipoescultura, que mis patas de gallo atestigüen mis cuatro décadas y media de risas y llantos, de esfuerzo y de placeres. 


Elijo teñirme las canas solo cuando me apetezca ponerme a ello, elijo que cuando me miren vean en mi libertad de elección, huellas de vida, no un reclamo sexual, una cosa bonita porque se adecúa al modelo imperante y desfigurado de la mujer sin rostro (operada, maquillada, recién salida de la peluquería, igualada a todas las demás operadas, maquilladas y recién salidas de la peluquería).



Después de saber todo esto, de saber que no elegimos una mierda, entonces elegimos hasta donde transigimos con los mandatos y hasta donde no. Y si sabes que no eliges, entonces acepto que eliges ponerte hoy esos tacones, consciente de que eliges tan poco como yo cuando me depilo las cejas.

Y hermanas, yo no critico a las que entran en el juego inconscientes de hacerlo, ni a las que entramos en este punto o aquel del juego conscientes de hacerlo, critico el puto juego en sí, y a todos los que nos lo meten con calzador, como esos putos tacones de marca.  Critico el puto juego que nos hace sentir inadecuadas si no entramos en el juego, critico que lo llamen libertad cuando no es más que más de lo mismo.



Por favor, hablemos con nuestras niñas, antes de que lo haga la industria "de la belleza".  Démosles, de verdad, la oportunidad de "elegir" si quieren ser o no princesas, si quieren o no sucumbir a la dictadura del rosa, si quieren vivir el rosa como princesas, o como niñas divertidas, dejemos que de verdad puedan elegir cómo ser sus propias princesas y sus propias guerreras.









domingo, 17 de abril de 2016

fsystem


A veces pienso que el asperger y el autismo son mecanismos de la especie para resistir a la demencia de la civilización. Unos cuantos individuos liberados de las toxicidades de lo social, explorando modos distintos de estar en el mundo. La alternativa "socializada" que nos queda al resto se mueve entre la estupidización, la alienación o las drogas (legales o no). Porque sin esas tres alternativas solo queda la enfermedad mental, fisiológica o inducida, y a la naturaleza seguro que lo le gusta que una de sus especies se esté echando a perder de tantas formas.


Buscamos la indolencia, o nos la inoculan, follando cuerpos como cáscaras como si de verdad nos gustase, agarrándonos a la pareja como tabla de salvación, pasando el Día del Niño paseando con nuestros hijos como si fuese una celebración inocua, mientras los niños del mundo extraen coltan, parten piedras, cosen balones. Creamos espejismos de felicidad tomando copas con los amigos, trasnochando, vistiendo ropa de moda, comiendo fast food, follando fast fucks, amando fast love, socializando en las redes, desconectados del ser humano que vive pared con pared. 



Aquel que se organiza con otros para luchar contra la máquina es leído por los bien ajustados como ansioso por salir en la foto; aquella que vive su furia contra la violencia capitalista y patriarcal es leída por los bien engrasados como puta histérica sin sentido; aquel que busca en los libros respuestas a sus quiebres internos es leído por los analfabetos funcionales como un ratón de biblioteca que no sabe divertirse; aquella que llora por siria, por los que cruzan el estrecho, por palestina, por las ajusticiadas del sistema es leída por los hedonistas del sistema como una desequilibrada emocional. Llaman desequilibrio a la negativa a vivir en matrix, al genuino sentimiento ante el dolor creado por la humanidad deshumanizada. El desequilibrio está presente en esta jodida maquinaria trituradora de carne y de almas, y si lo sientes, te llaman "inestable". 

La naturaleza crea sus mecanismos de compensación, ante tanto enfermo del alma, medicado con ansiolíticos y antidepresivos, ante tanto psicótico con la psique quebrada, ante tanto psicópata con la conciencia desmantelada, la Naturaleza va originando seres distintos que puedan seguir poblando la Tierra sin deshacerse a cada paso, sin cooperar con la violencia que todo lo mancha y a ellos los expertos les ponen etiquetas y les cuelgan diagnósticos, ignorantes de su propio cuadro clínico interno: Trastorno del Alma Muerta, Síndrome del Indolente Crónico, Desorden de la Personalidad Autocentrada. 

Quisiera por momentos salir de este estado para educar a mi hijo para este mundo de mierda y que viva su vida de mierda inconsciente de que es una vida de mierda, pero después reculo, porque al final escojo la pastillita roja, con todas sus consecuencias, aunque eso me suponga tomar también las pastillitas legales que me permitan seguir tratando de luchar contra matrix, porque sé que no estoy sola, no lo estamos, aunque pretendan hacernos creer que estamos rotos y solos y que no hay escapatoria. 

FUCK THE SYSTEM 
https://www.facebook.com/Voz.Intuitiva.INTP/videos/vb.1660175907559557/1719301114980369/?type=2&theater

jueves, 7 de abril de 2016

Breve relato del fin de la historia

I. Por la mañana

Niño: Quiero una chuche
Madre: Ahora no, son las 8 de la mañana.
Niño: jo,pero yo quiero una chuche...
Madre: ya, pero es muy temprano para chuches, te puedes poner malito de la tripa si andas comiendo chuches todo el día. Por la tarde te doy un chupa chups.
Niño: ¡pero yo lo quiero ahora!
Madre: pues ahora no puede ser.
(rabieta. escándalo. ahora te quedas sin chuche también por la tarde.)

II. A medio día

Ella: ¿qué haces?
El: estoy en el bar con los colegas
Ella: ok, luego hablamos, cuando no estés ocupado.
El: ok

III. Por la tarde

Él: ¿A qué hora quedamos el sábado?
Ella: El sábado he quedado con Ana, mejor nos vemos el domingo.
Él: Bueno, pues mañana.
Ella: Mañana no puedo, tengo examen el lunes. Seguramente tenga que empollar también el domingo, lo llevo fatal.
Él: Joder tía... ¿todo el finde sin vernos?
Ella: no sé... si acabo hoy lo de física me bajo un rato después de cenar y nos vemos.
Él: venga...
Ella: Tengo que hacer el trabajo de física. si acabo, bajo después, ¿vale?
Él: Pero es que yo quiero verte ahora
Ella: Y yo quiero poder hacer el trabajo de física.
Él: Venga, tía, un ratito. que tengo ganas de estar contigo.
Ella: Y yo tengo ganas de hacer mi trabajo de física sin tener que acabar tarifando contigo.
...
Él: Vaya carácter.
...
Ella: Mira, me desconecto, nos vemos otro día. Ya hablaremos.
Él: Venga, no te enfades.
Él: Vaale. no insisto.
Él: Luego vuelvo a probar, a ver si te convenzo.
...
Él: ¿Qué haces?
Él: Yo estoy escuchando música.
El: Y echándote de menos.
El: Me he quedado con ganas de verte un ratito.
Él: ¿Por qué no me contestas?
Él: Ey, qué pasa?
El: Venga tía, contéstame.
El: ¿Te puedo llamar y hablamos?
...
El: ¿Te bajas?
Ella: No
El: Venga....
Ella: ¿Cuántas veces te he dicho que tengo que hacer el trabajo de física?
(se repite más o menos el mismo loop durante dos horas)

III. Por la noche

Él: Joder, qué día más chungo, me han puesto una multa, he discutido con mi hermana y ahora mi madre me da la charla.
Él: Qué mala suerte.
Ella: Será que hoy has ido cagándola, no?
Él: ¿Por? no sé por qué dices eso.
El: Desde luego tengo claro que contigo no he hecho nada.
Ella: ¿No? ¿en serio?
El: No, no he hecho nada, y te has mosqueado.
Ella: Llevas dos horas dale que dale, te he explicado que no puedo bajar y aun así lleva sonando el whatsap dos horas, y tú ahí que si me bajo y que por qué no te contesto. ¿no es para mosquearse?
El: Joder, solo es que tengo ganas de verte
Ella: ¿Y solo cuenta lo que tú quieras?
El: ¿Qué tiene de malo que quiera verte?
Ella: No es que quieras verme, es que me agobias.
El: Vale, pues yo tengo la conciencia tranquila.
El: Porque solo quería verte.
Ella: Pues yo no quería, y no lo has respetado.
El: Me parece que exageras.
Ella: Y a mi me parece que si no entiendes esto, no tenemos nada que hacer juntos.


(Castigado sin chuches. Maldita manía de creer que cuando ella dice "no", quiere decir tal vez. Maldita manía de creer que lo que él quiere, vale más que lo que ella quiere. Y así todo.)




martes, 5 de abril de 2016

No es lo mismo (la polla y el coño)


Un tipo en internet (un neomacho de manual de los de "no todos los hombres"/"sois unas exageradas"/"veis machismo en todas partes") suelta un "me toca la polla" y una mujer se molesta. Su respuesta: 
 " hay hombres a los que le molesta que una mujer diga coño? Me dejas con el culo torcido. 
no se porque te molesta tanto mi comentario de que a mi me extrañé que a un tío le moleste que digais coño. Yo no estoy acostumbrado a tratar con hombres como los que os debéis topar"
Un clásico: "yo no veo tios así" (siendo un tío). Ejem. Toca graduar la mirada, es obvio.
Te lo voy a explicar cortito, que sé que te cuesta y  me voy a limitar a aclarar el uso asimétrico de la palabra Coño y de la palabra Polla, aunque podríamos referirnos a muchos otros usos del lenguaje y sus implicaciones. Cuando se dice "me toca la polla" se dice desde una posición hegemónica (tanto desde el género como desde la sexualidad) y por tanto alude a tooodo el falocentrismo que ya asquea. Cuando se dice "estoy hasta el coño" se dice desde la posición subordinada (tanto desde el género como de todas las expectativas de la sexualidad subyugada que se le han impuesto a las mujeres) por lo que se hace un uso subversivo del término. Es lógico y normal que haya esa asimetría puesto que la hay en todo, y no es una asimetría que nos guste ni que nos favorezca a nosotras. "Me vas a comer la polla", por ejemplo, es violento porque parte de esa asimetría brutal en las que las mujeres están al servicio de los hombre hasta en la sexualidad, y pone "la polla" en el centro de todo. "Me vas a comer el coño", sin embargo, es una agresividad defensiva y subversiva, ya que a las mujeres no se las presupone ningún tipo de poder adscrito a su coño, ni siquiera el derecho de usar el coño como nos plazca a riesgo de parecer putas, y ya se sabe que llamar puta a una mujer es fácil y de lo peor que se puede hacer para meterla de nuevo en el redil. Cuando un tío dice "me toca la polla" es "normal"; cuando una mujer dice "me toca el coño", es una borde y una ordinaria. No es que lo diga yo, es que es así, el mundo no lo he inventado yo. 

Si cada vez que un tio entra a internet le salieran cuatrocientos pop ups y anuncios mierdosos de mujeres humillando sexualmente a hombres en imágenes a cuatro patas y con el culito en pompa o bien agachaditos comiendo genitales femeninos a lo mejor captaba la idea ("pollitas duritas" "pollas sin compromiso" "follate a un madurito gratis y sin tonterías" "padres solteros desesperados por follar" "los feos necesitan sexo, fóllatelos aquí": precioso), o si en el porno viesen a hombres sufriendo arcadas al hacer un cunilungus a una mujer, hasta las lágrimas, y eso se extendiese como lo más cachondo que le puede hacer un tío a una tía (¿cómo no se ve la violencia de esas gargantas profundas en las que las mujeres tienen arcadas, lloran, se les corre el rimmel? qué jodido asqueroso placer puede ver en semejante sometimiento evidente y culto al falo?) entenderían porqué nos asquea tanto su "me toca la polla" y porqué no es lo mismo (no, no lo es) ni equivalente un "me toca el coño". Para nada.

Si cada vez que abres internet o ves televisión acabas saturada de imágenes de mujeres "satisfaciendo" a hombres reyes del mambo que hasta se echan desodorante desde el cuello a los genitales para "marcar el camino" correcto, es lógico que "la polla" no tenga connotaciones inocentes en el habla cotidiana, resuenan muchas cosas en ese "me suda toda la polla" con la que se le llenan la boca a algunos. Mientras vemos esa basura en los medios, a nosotras nos censuran cualquier imagen en facebook en la que se vea un pecho femenino, incluso amamantando, y ya ni te cuento si se alude, aunque sea con un dibujo artísitico o viñeta, a la masturbación femenina. Dime dónde está el doble rasero, si en que me moleste tu "me toca la polla", o en esta basura hipócrita podrida de doble moral. Qué quieres que te diga: estamos cansadas de tener vuestras pollas hasta en la sopa.

Si cada vez que un tío es libre sexualmente se le insultase hasta que su autoestima quedase destruida, y si cada vez que no folla se le insultase hasta que su autoestima quedase destruida, entendería que las connotaciones de la sexualidad y el contenido simbólico de las palabras a ella asociadas son MUY DISTINTAS según cómo te hayan jodido la psique desde que naces hasta que mueres, en virtud de los genitales que tienes, con el consiguiente trabajo incesante de volver a recolocarla en un lugar digno, como debería haber sido desde el principio.

Dices que vemos machismo en todas partes, y es que lo hay. Dices que ves asimetría, y es que la hay. Dices que no ves tíos como los que describimos: háztelo mirar. Deja de mosquearte con nosotras como un niño con pataletas y remángate para que esas asimetrías desaparezcan, y nunca más "tocarte la polla" agreda a una mujer, y para que cuando yo me toque el coño, no te agreda a ti, ni a esos que tú no ves.


martes, 1 de marzo de 2016

MARINA Y MARIA JOSÉ





Marina y María José tenían veintiún y veintidós años cuando decidieron hacer lo que hacen tantos, mochilear por latinoamérica: Pero ese es privilegio de los hombres. Para ellos no hay ruleta rusa, y si la hay, solo una bala en el cargador decide su suerte. Para nosotras el cargador tiene como poco una bala sí y una no y antes o después nos tocará, tenlo por seguro. Y lo sabemos, pero no queremos resignarnos a que el mundo sea privilegio de otros, confiamos en poder cuidarnos, vivir, hacer del mundo algo que también puede ser nuestro. Y nos cuidamos, pero seguimos siendo violentadas, porque no se trata de nosotras, se trata de ellos.

Yo también tenía 22 años cuando decidí dejar la casa de mis padres y marcharme a otro país, sola, con una mochila, a buscarme la vida, como hacían ellos. Eran los 90 y éramos pocas las que lo hacíamos y sabíamos que había un riesgo, pero queríamos poder hacer lo que hacían ellos, queríamos poder vivir, sentir que éramos libres, capaces, personas.



Tenía 23 años cuando fui agredida sexualmente y aun así no volví a España, quise seguir intentando hacer lo que hacían ellos, quise seguir viviendo, seguir sintiendo que era libre, capaz, persona. Cuando conté mis agresiones me dijeron "eso te pasa por salir al mundo sola, una mujer no puede hacer eso o se arriesga a lo que le pase". Que es lo mismo que decir "te está bien empleado, por creerte más de lo que eres, por creerte hombre cuando eres mujer". A los 30 años vivía en un pueblo costero y salía caminar a diaro por la playa, caminaba una hora y volvía a casa, pero caminaba con miedo porque no había mujeres por la calle en aquel pueblo pequeño a las 6 de la tarde, cuando ya empezaba a oscurecer en invierno. Algunos hombres sentados en el paseo marítimo empezaron a seguirme en mis paseos, dejé de caminar por la playa y me mantenía cerca de los comercios. Las olas estaban ahí a unos metros, pero me estaban vetadas y yo sentía rabia porque ellos me alejaban de ellas. Al final dejé de salir a caminar. Seguir saliendo a caminar hubiera supuesto "buscarme lo que pudiera pasarme". A los 40 me volví a emparejar después de varios años sola, sin ganas de hombres que me dijesen cómo debía ser, vivir, amar. Pero él, pasado un año, empezó a gritarme, a golpear cosas, a amedrentarme con su cuerpo a pocos centímetros del mío y su mirada iracunda pegada a la mía; luego los zarandeos, la amenaza con el puño. Tardé un año y medio en salir de aquella relación porque cada vez que le dejaba me acosaba, se presentaba en mi casa a cualquier hora, me llamaba quince veces en un día, y la policía pensaba que no era suficiente como para denunciarle. La abogada sabía que no había caso. Yo tenía más miedo de él cuando le dejaba que cuando le permitía volver, y cuando volvía, tenía miedo de nuevo. Busqué ayuda y me dijeron "estás con él porque quieres, no quiero volver a saber nada del tema, tú verás lo que haces". Busqué ayuda y me dijeron "no entiendo qué haces con él, eres tonta, tú eres feminista y luego ¿caes en esto?". Busqué ayuda en los servicios sociales, y él me gritó puta delante de la trabajadora social, le increpé, le mandé a la mierda. La trabajadora dijo que yo había sido tan agresiva como él.

Saltarse el mandato que nos quiere en casa, sumisas, víctimas del miedo, está sancionado por la corporación machista y nos castigará por ello una y mil veces. Ni aún muertas nos dejará en paz, y buscará en nosotras la culpa de las violencias recibidas, perpetradas con connivencia de todos ellos. Y en casa, sumisas y víctimas del miedo, seguimos siendo vistas como culpables de las violencias de los hombres que con nosotras conviven. No hay escapatoria: siempre habrá algo que podríamos haber hecho de otro modo para no merecer lo que nos pase. "Nos pasa" -no nos lo hacen- por lo que nosotras hacemos, o no hacemos. 

Marina y Maria José han sido asesinadas por hombres, eso debería ser más que suficiente para admitir que la violencia está ahí, en ellos, constante, acechando. Pero no lo admiten, porque es más fácil culpar a la víctima que asumir responsabilidad por una cultura que entre todos fomentan y perpetúan. Pretenden descargarse haciendo creer que la culpa fue de ellas, que fueron irresponsables, que pidieron alojamiento a hombres borrachos, como si eso justificase por sí mismo su asesinato, como si les restase culpa a ellos, así no tienen que revisarse, admitir su violencia. Es más fácil decir "te metiste donde no debías" que asumir que este es un mundo en el que los hombres asesinan mujeres porque pueden, porque incluso cuando matan, la culpa es nuestra. Así siempre tendremos miedo: cuando viajemos, cuando salgamos de noche, cuando caminemos por la playa, cuando convivamos con una pareja violenta. Siempre atemorizadas y llenas de culpa. 
Dicen "no todos los hombres", dicen "sois exageradas", dicen "veis enemigos por todas partes", y cuando nos negamos a pensar que el mundo es un lugar oscuro lleno de machos violentos por todas partes, cuando decidimos que no será así, que podemos simplemente vivir y hacer, entonces nos recriminan no habernos cuidado apropiadamente de aquellos de los que deberíamos haber pensado que eran enemigos, debíamos haber pensado que todos los hombres, si, deberíamos haber pensado de modo exagerado, y si no, ahí tienes lo que buscabas. Doble mensaje, siempre ahí para volvernos locas, para culpabilizarnos hagamos lo que hagamos, siempre.



Marina y María José están muertas y con ellas morimos un poco todos los días todas las demás, morimos no solo cuando nos matan, morimos cuando aceptamos que el mundo es un lugar oscuro lleno de hombres violentos y dejamos de vivir lo que quisiéramos, y morimos cuando no aceptamos que el mundo es un lugar oscuro lleno de hombres violentos, y nos toca la bala del cargador de la ruleta rusa que manejamos a diario, sin haberlo escogido. Es imposible nombraros a todas, hermanas violentadas, traficadas, violadas, golpeadas, prostituidas, asesinadas. Es imposible nombraros porque sois demasiadas, quisiera nombraros y honraros pero la lista nunca tendría fin, y vuestros nombres no están en ningún registro, a menos que salgáis en las noticias, y aún así, vuestros nombres se pierden entre los de tantas otras. Por eso hoy os llamo, nos llamo a todas, Marina y María José. Y las abrazo deseando que la tierra les sea leve, y nos abrazo deseando que esta Tierra nos sea leve, y busco en algún lugar el impulso para seguir luchando para que llegue el día en que así sea y esta Tierra sea también nuestra y podamos simplemente vivir sin estar condenadas a muerte.